A propósito
Historia de un suicidio
Por Viviana Ruiz
Editora Revista D
Libertad, moralización y progreso, estas fueron las ideas que sintetizaron y motivaron a un grupo de jóvenes guatemaltecos a fraguar el fallido magnicidio contra Manuel Estrada Cabrera.
No acabaron con la muerte del dictador, pero sí con su propia vida los jóvenes que decidieron suicidarse antes que caer en las manos del tirano, hecho que sucedió el 20 de mayo de 1907. Los héroes —para algunos o villanos para otros— de este relato son los hermanos Enrique y Jorge Ávila Echeverría, Jorge Valdés y Baltazar Rodil.
Además de ellos hubo varios estrategas que persiguieron los mismos fines, entre ellos, Mariano Zeceña, Baltasar Rodil, Rafael y Felipe Prado Román, Eduardo y Pedro Rubio Piloña, Francisco Fajardo, José Pomés y Gustavo Ramírez, quienes son ahora protagonistas de un capítulo más de nuestra Historia. Lapso poco conocido debido a las características del suceso y a los escasos comentarios que ha habido al respecto.
El periodista Clemente Marroquín Rojas, Mariano Zeceña (uno de los conspiradores que dejó sus memorias) y Nancy Arroyave, la autora del reportaje D fondo de esta edición, se han dado a la tarea de documentarlo. Sin lugar a dudas quien lo dio a conocer a la luz pública fue el otrora vicepresidente de la República. En su libro La bomba Marroquín describe, además del despótico Gobierno de Cabrera, cómo los treintañeros hijos de familia acomodadas fraguaron el golpe. Con lujo de detalles, dignos de un guión cinematográfico, lleva al lector a esa época.
Pero la labor de la periodista Arroyave es igual de importante que el ejemplar de Marroquín, pues fue ésta quien descubrió, en 2005, cuando el Centro de Estudios Folclóricos de Guatemala hacía un inventario del patrimonio monumental del Cementerio General, la tumba donde fueron enterrados los restos de los hermanos Ávila Echeverría, dato que el escritor no pudo establecer en su obra. |