Semanario de Prensa Libre • No. 150 • 20 de Mayo de 2007

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D frente

Enrique Segarra
Rayos, cámaras y centellas
Maestro de luces y sombras, el mexicano Enrique Segarra trae una muestra del trabajo que efectuó en los años 40 y 50

Por Gemma Gil Flores
Foto Carlos Sebastián

“Me preguntan qué tan fácil es hacer fotos. Es tan fácil como agarrar la cámara y salir a hacer fotos durante 60 años, ¡así de fácil!”, dice. Su energía es desbordante para un hombre que ha alcanzado los 84 años. A primera vista, Enrique Segarra, cámara digital en mano, llama la atención por su estatura —al menos 1.90 metros—. Después todo el protagonismo lo acaparan las historias que él adereza con su sentido del humor.

Invitado a traer sus fotos por el Club Fotográfico de Guatemala, que este año celebra sus Bodas de Oro, el maestro revisita Hijo de sombra y luz, una muestra de su trabajo que permanecerá abierta al público hasta el 31 de mayo en el Instituto Guatemalteco Americano (IGA).

Recorremos las salas, tratando de esquivar el paso del tiempo. Su agenda está muy ocupada y, en apenas un rato, debe marcharse a su siguiente cita. La mañana vuela mientras se detiene delante de sus fotos a desgranar anécdotas. Se nota que disfruta y que con cada mirada se asoma al marco de una ventana abierta al pasado.

"Me dijeron que era la mejor
foto que se había hecho
de Diego Rivera".

Enrique Segarra

Estas son fotos tomadas con el Club Fotográfico, asociación de la que es fundador

Sí, el club lo fundaron en 1945 unos primos que eran rotarios y leones. Eran unos ricachones que tenían como hobby la fotografía. Ellos me llevaban unos 15 años. Yo era el más chamaco y ahora tengo 84 años, así que soy el único que queda medio vivo (risas).

Sus fotos parecen fotogramas de una película

Sí, pero son escenas de la vida. Es el estilo de Gabriel Figueroa, porque yo me recibí de camarógrafo con él. Fíjese en La Serenata, con ese hombre vestido de charro. Eran los 40 y estaban muy de moda Jorge Negrete y Pedro Infante. La escena me la encontré en una callecita en Querétaro... Es curioso, cuando llegué a Europa las películas mexicanas eran muy populares y recuerdo que en España se creían que andábamos con el caballo blanco y la 45. Llegué un día a San Sebastián, eran las cuatro de la tarde, hacía como 40 grados y había un letrero de prohibido el paso de frente. No había un alma en la calle y yo iba a un lugar que estaba al lado, así que continué y me salió un guardia civil que me dijo: “Oiga ¿qué no vio usted a la entrada de la calle una rueda con una raya roja? Eso significa no estacionar caballos”. Y yo le dije: “Coño, ¿de veras?”. Estaba muerto de risa.

¿Cómo fue tener como maestro a Gabriel Figueroa, uno de los grandes directores de fotografía en el cine?

En esa época, él ganaba todos los premios internacionales. Manejaba los filtros y los contraluces como nadie. En la escuela de cine también estaba dando clases Manuel Álvarez Bravo, pero todavía no se había hecho famoso.

Usted mismo, después fue profesor de fotografía

Como yo había estudiado con Gabriel, en el Club me pusieron a dar clase a las personas que entraban como nuevos socios. José Lorenzo Zacany, Manuel Carrillo y Enrique Bostelmann fueron mis alumnos. Estuve enseñando durante más de 20 años.

¿Qué trataba de transmitir a sus alumnos?

Lo que me enseñó Figueroa, que para que una foto sea buena tiene que tener tres elementos: originalidad, impacto y calidad. Recuerdo que un alumno le preguntó: “¿Y a qué le llama originalidad?” Y nos dijo: “El 90 por ciento de la gente usa la cámara en horizontal, a nivel de la vista, y con distancias medias. Si la pones en vertical, cambias de ángulo, te acercas y quitas todo lo que molesta para dejar sólo lo que te interesa, ya eres tres veces más original”. También nos decía: “Kodak dice que pongan el Sol a las espaldas, pues no le hagan caso a Kodak, porque todos hacen eso. Pongan el Sol enfrente. Esos son los contraluces”.

¿Cómo se sabe cuál es el momento?

El camino se hace andando. En 60 años se aprenden mañas. Es importante no tener elementos que te distraigan de la imagen, lo que cada vez es más difícil. Ahora vas a tomar fotos a un pueblo y te encuentras con cachuchas de los Dodgers, chamarras (chumpas) de equipos de béisbol estadounidenses, anuncios, alambres, cables. Estas fotos son históricas, porque son de una época en que la gente y los paisajes eran muy típicamente mexicanos, cuando no había postes, ni Coca Cola.

¿Recuerda la historia qué hay detrás de cada una de estas fotos?

Sí, mira la de Tormenta en el puerto. Fuimos de excursión a Veracruz. Una noche había tormenta eléctrica, y yo estaba en el balcón del hotel. Pensé en hacer una foto de los rayos. La noche estaba muy oscura, y sabía que había un barco anclado a medio kilómetro, en el muelle, pero no lo veía. Puse la cámara en la barandilla, abrí el campo al infinito y dejé el lente abierto. Detrás de mí había una hamaca, saqué un puro, empecé a fumar y no recordé que había dejado la cámara abierta hasta que terminé. Al revelar el negativo se veía el barco anclado perfectamente, alumbrado por los rayos arriba. ¡Nunca vi el barco! La foto ganó el concurso mensual del Club Fotográfico. Un amigo me preguntó cuánta exposición le había dado y yo le contesté: “Un puro” a lo que él respondió: “No seas payaso” (risas) ¡Pues todavía me preguntó cuánto tiempo tardaba en fumar un puro!

¿Cuál es su favorita?

Me gusta mucho Amarga espera. Estaba haciendo erupción el volcán Paricutín y la lava venía caminando. Un señor estaba sentado junto a un caballo blanco perfectamente preparado para partir. Estaba calmado, despidiéndose de su casa, la lava estaba a 20 metros. Fue en el año 43. Es una foto muy dramática, pero el señor se veía muy refinado.

La de Diego Rivera también es muy especial, ¿no?

Un periodista amigo, Héctor Manuel Romero, que luego fue muy popular como cronista de la Ciudad de México me dijo: “Oye grandote acompáñame que voy a entrevistar a Diego”. A Rivera no le gustaba que le tomaran fotos, pero a mí me habían traído una cámara alemana con motor. Así que cuando nos invitó a tomar un café yo enfoqué la silla donde se iba a sentar y, a distancia, con un cable con un disparador estuve tomando fotos. De un rollo sólo salieron tres bien. Luego en el Bazar de San Ángel donde nos poníamos todos los artistas el sábado, llevé la de Diego y llegaron a verme gente del Gobierno, de Bellas Artes, Dolores Olmedo, que tiene una de las grandes colecciones del muralista, y me dijeron que era la mejor foto que se había hecho de Diego Rivera (Meditación de artista). Es curioso, porque en Nueva York vi que vendían una de esas fotos en US$6 mil. En México la gente no aprecia la fotografía. Me acaban de hacer una exposición en Los Ángeles y las vendimos a US$500. En México pides US$70 y te dicen que qué barbaridad. Creen que una foto vale 20 pesos, no saben que sólo el papel de bromuro de plata cuesta 500 pesos.

Trayectoria
> Nació en México en 1923. Comenzó a hacer fotografías a los 17 años. Estudió en la Academia Cinematográfica con Manuel Álvarez Bravo y Gabriel Figueroa.

> En 1945 fundó el Club Fotográfico de México, donde fue profesor de técnica fotográfica durante 22 años.

> Comenzó con imágenes paisajista y de interés humano. Más tarde evolucionó a técnicas impresionistas en las que “las luces lo expresan todo”.

> Su trabajo se ha presentado en más de 200 exposiciones en México, Estados Unidos y Europa. Su foto más laureada, Luz en las tinieblas, recibió 31 reconocimientos internacionales.

¿Qué le dijo Diego Rivera cuando se enteró?

Hice dos ampliaciones, pedí una entrevista, le expliqué cómo las había hecho y se las regalé. Le gustaron. Le pedí que me dedicara una y me puso: “Para el gran artista Enrique Segarra”. Después hice una exposición en Bellas Artes y pensé que la había perdido. Es una foto histórica, del año 45, firmada por Diego Rivera, tomada en su estudio, que ahora es el de Frida Kalho… porque ahora se dice Diego Rivera de Frida Kahlo, para que veas que las mujeres son bien importantes. Afortunadamente, hace poco la encontré metida en una caja.

¿Qué otras imágenes fueron difíciles de tomar?

¡Muchas! … quizá la de Luz en las tinieblas. Estaba lloviendo. El cielo estaba negro y al rebasar la comitiva con el coche (automóvil) me di cuenta que era el entierro de un niño. El cielo estaba negro y el sarcófago era blanco. La cruz que traían al frente entraba en un claro del cielo. Si me bajaba del coche no me iba a dar tiempo, así que puse los parabrisas y la tomé. Esa foto tiene 31 premios internacionales.

¿Es cierto que ha alcanzado más de mil reconocimientos?

En el Club Fotográfico, estuve tomando fotos durante 20 años. Poníamos un tema y hacíamos una excursión mensual. Te iban dando puntos por las fotos y, cada mes el que más sumaba, recibía una copa. Llegó un momento en que tenía mil copas y la señora me dijo: “Traes una copa más y me voy de la casa”. ¡Lo pensé mucho, pero ya no la recibí! (risas)

Es decir, que usted ganaba siempre

No, aunque tuve la suerte de ganar muchos concursos. ¡En casa del ciego el tuerto es el rey!

¿Sigue activo?

Mi hijo tiene el estudio de fotografía publicitaria más grande de México y con su ayuda estoy trabajando en el rescate de los más de cien mil negativos que tengo. Los estoy digitalizando. Ya he escaneado ocho mil y no voy a continuar porque siento que se me está acabando el calendario. Hace dos semanas me estaba muriendo de una falta de plaquetas y ya he tenido dos ataques cardiacos, así que para qué seguir escaneando. Prefiero trabajar lo que ya tengo porque sólo yo sé cómo quiero que los corten, qué detalles o qué contrastes quiero que saquen, qué buscaba cuando tomé la foto.

Así que se ha pasado al terreno de lo digital

Sí, es una maravilla. Lo malo es que ahora agarras una cámara, la pones en automático y ¡ya eres fotógrafo! Nosotros estudiábamos técnicas, velocidades, profundidades de campo, ahora cualquiera puede ser fotógrafo, pero no toda la gente está acostumbrada a ver.

¿Le sigue sorprendiendo lo que ve?

El mundo está lleno de fotografías, aprender a verlas es cuestión de experiencia. Una foto es estar en el lugar apropiado en el momento apropiado. Siempre hay que llevar la cámara encima.

Hijo de sombra y luz está en exhibición hasta el 31 de mayo en el IGA
9a. avenida 0-51. Cuatro Grados Norte. Zona 4.
Horarios: L a V de 9 a 18 y S de 9 a 13 horas.


   

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