Semanario de Prensa Libre • No. 175 • 11 de noviembre de 2007

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D farándula

Forajidos natos
Le invitamos a recordar a algunas de las más singulares parejas de asesinos.

Por: Gemma Gil

Son el último dúo de villanos en exhibir sus perversiones en la gran pantalla. La nueva versión de los asesinos de corazones solitarios, a cargo de Salma Hayek y Jared Leto, vuelve a jugar con la seducción del crimen y una huida sobre ruedas. Lonely Hearts (2006) es un thriller dirigido por Todd Robinson que narra la historia real de Martha Beck y Raymond Fernández, una pareja que durante los años 40 cruzó Estados Unidos dejando tras de sí una estela de cadáveres.

Se habían encontrado fortuitamente, pero estaban hechos el uno para el otro. Él encontraba a las futuras víctimas por medio de los anuncios de prensa, desesperados mensajes de mujeres que engarzaban en los clasificados sus anhelos de amor. Ella se presentaba como la adorable hermana del don Juan. Juntos tejían una sutil tela de araña que inevitablemente terminaba en desfalco y muerte. Se les atribuyeron 12 asesinatos, cuenta que probablemente habría aumentado si el detective Elmer C. Robinson, interpretado por John Travolta y abuelo del director de la película, no hubiera hecho algo para remediarlo.

La historia fue llevada a la pantalla en 1970 en The Honeymoon Killers, dirigida por Leonard Kastle e interpretada por Shirley Stoler y Tony Lo Bianco. En 1996, Arturo Ripstein dirigió una versión ambientada en el norte de México en Profundo Carmesí, lo que delata suficiente interés para una sanguinaria pareja que, en realidad, estaba conformada por un galán de medio pelo y una mujer dominante demasiado entrada en carnes.

Ni qué decir tiene que el largometraje de Robinson optó por envolverlos en una atmósfera sugestiva, con una Salma Hayek al más puro estilo de mujer fatal, quizás en un intento por emular la fascinación despertada por otros inolvidables forajidos: Bonnie y Clyde.

Adorables fugitivos

Llegaron a ser catalogados como enemigos públicos por la prensa estadounidense, pero su final —fueron acribillados a balazos en una emboscada policial— los rodeó de una aureola de héroes populares. Bonnie Parker y Clyde Barrow formaron una banda de asaltantes en la América de la Gran Depresión. Pese a que se convirtieron en el terror de bancos y comercios a lo largo y ancho de cinco estados, la opinión pública tendió a convertirlos en una pareja de personajes románticos, capaces de poner en jaque a un sistema con el que la población estadounidense, agobiada por las penurias económicas, se sentía defraudada.

Eran jóvenes, atractivos y ladrones y ni siquiera el reguero de sangre que provocaban sus precipitadas huidas consiguió que el público dejara de identificar en ellos a ese rebelde que todos llevamos dentro.

Las aventuras de la pareja fueron inmortalizadas por primera vez en 1937, cuando Fritz Lang dirigió You only live once. La versión más famosa, no obstante, fue la protagonizada por Faye Dunaway y Warren Beaty, quienes se pusieron a las órdenes de Arthur Penn para realizar Bonnie & Clyde (1967). La película está catalogada como una de las Cien mejores de la historia del Séptimo Arte por el Instituto de Cine Americano (Afi), clasificación en la que también está incluida Butch Cassidy and the Sundance Kid (George Roy Hill, 1969).

Una del Oeste

Los pistoleros encarnados por Paul Newman (Cassidy) y Robert Redford (Sundance) forman una de las parejas de forajidos más carismáticas del cine de todos los tiempos. Al igual que en los casos anteriores, la historia está basada en la vida real de dos vaqueros del “salvaje” oeste que lideraban una banda de asaltadores. Los bancos y el correo ferroviario de la Unión Pacific solían ser los objetivos de las fechorías de este dúo que en 1901 viajó de Nueva York hasta Buenos Aires. Allí se instalaron como ciudadanos respetables junto a la maestra Etta Place.

Cuatro años más tarde, las autoridades argentinas descubrieron su verdadera identidad y tuvieron que huir a Chile y luego a Bolivia, donde la Policía puso fin a sus vidas. Esta última persecución es recreada en la película, que dejó huella no solo por la química lograda entre los actores (Hill los volvió a reunir en 1973 para dar vida a los pícaros estafadores de El Golpe), sino por la canción Raindrops keep fallin' on my head (que sonaba de fondo mientras Paul Newman paseaba a la novia de su compañero en el manillar de su bicicleta).

Violencia ejemplar

La imagen de los dos leales amigos acosados por la ley era pura inocencia comparada con los sádicos Mickey y Mallory de Natural Born Killers (1994).
Este inusual largometraje, realizado por Oliver Stone sobre un guión de Quentin Tarantino, no está basado en un hecho real, pero el espectáculo de crueldad que protagonizan Woody Harrelson y Juliette Lewis trataba de reflexionar sobre la violencia y su tratamiento en televisión: Micky y Mallory son dos jóvenes amantes que sienten que han nacido para matar. Sus fascinantes personalidades son empleadas por un presentador de un programa sensacionalista para convertirlos en íconos mediáticos.

Aunque la sanguinaria pareja carecía del rebelde encanto de Bonnie y Clyde, el carisma la envolvía demostrando una vez más que la combinación de crimen y pasión sigue funcionando en la gran pantalla.


   

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