Semanario de Prensa Libre • No. 175 • 11 de noviembre de 2007

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Punto final

Irán, la bomba y la III Guerra Mundial

Bush y Sarkozy ven la III Guerra Mundial como una catástrofe que debe evitarse. La dirigencia de Irán la ve como una consecuencia aceptable de un imperativo teológico.

Por: JONATHAN GURWITZ

Cuando el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, insinuó que la adquisición de tecnología para armas nucleares por parte de Irán pudiera ser un catalizador de la III Guerra Mundial, la gente lo tomó como una indicación de que Chimpy W. McHitlerburton se había parado de su mecedora neoconservadora.

Bush debe estar espoleando en busca de una nueva forma en que los estadounidenses pierdan la cabeza para su diversión, en las propias palabras del representante demócrata de California, Pete Stark.

A continuación, la ofensiva cita que puso a la Guardia Revolucionaria de Irán, Mahmoud Ahmadinejad (el presidente de Irán) y (el cineasta) Michael Moore en Def Con 2: “Si estás interesado en evitar la III Guerra Mundial, todo parece indicar que deberías estar interesado en impedirles adquirir el conocimiento necesario para producir un arma nuclear”.

¿Acaso fue ese un mensaje tan jingoísta? ¿Y, exactamente, a qué se refería el presidente respecto de la III Guerra Mundial?

En cuanto a lo primero, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, expuso el mismo punto ante Naciones Unidas. “Si permitimos que Irán adquiera armamento nuclear, incurriríamos en un riesgo inaceptable para la estabilidad en la región y el mundo”, declaró.
Quizá Sarkozy sea un vaquero de corazón. O quizás él y Bush están tramando algo.
Revisemos unos cuantos hechos. Irán es el estado con mayor participación mundial en el patrocinio del terrorismo, por medio de grupos como Hizbulá. Sus dirigentes se guían por una ideología de extremismo religioso que exalta el martirio.

Irán ocultó su programa de investigación nuclear a la comunidad internacional a lo largo de dos décadas, en violación a las obligaciones del Tratado de No-Proliferación Nuclear. La existencia del programa solamente se volvió conocida luego que un grupo de la oposición lo expusiera, en el 2002. Desde entonces, Irán ha mentido en repetidas ocasiones respecto de la naturaleza y propósitos del programa.

La gente razonable —personas interesadas en evitar la guerra y mantener la paz— puede llegar a la conclusión, por tanto, que no se debería confiar en un régimen con este grado de peligrosidad, opacidad y deshonestidad en lo concerniente a la tecnología más letal del ser humano.

Además, hay dos formas de impedirles que la adquieran. La primera es por la vía pacífica, tendiendo disuasivos económicos por mala conducta y estímulos económicos por buen comportamiento.

Ni pensar en sanciones internacionales por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Rusia y China hablan en nombre de los mulás. Incluso entre aliados de la OTAN, Alemania e Italia al parecer están decididas a demostrar la máxima de Lenin respecto de los capitalistas, en el sentido que ellos venden la cuerda de la cual sus enemigos los colgarán.

Si las sanciones no son efectivas entonces la opción militar es la desagradable alternativa de último recurso.

El mensaje tanto de Bush como de Sarkozy no fue dirigido a la dirigencia de Irán sino a los líderes de los países que están en la posición de hacer que funcionen las sanciones, pero cuyas irresponsables acciones están volviendo inevitable la opción militar.

¿Y qué hay de la III Guerra Mundial? Noten que Bush no dijo, “Si les interesa evitar un ataque estadounidense, deben parar a Irán”. Las ambiciones nucleares de Irán han acicateado una nueva carrera armamentista en Oriente Medio y aterrado a vecinos árabes, impulsándolos a buscar sus propios programas nucleares con fines “pacíficos”.

Cada vez que las máquinas centrifugadoras de Irán procesan uranio enriquecido, los cimientos del Tratado de No-Proliferación Nuclear se desmoronan un poco más. Si Irán adquiere la capacidad tecnológica para fabricar un arma, dicho tratado colapsará por completo.

En el 2002, el ex presidente iraní Akbar Hashemi Rafsanjani —a quien se consideraba moderado— pronunció un revelador sermón, en el cual dijo que la solución al problema sionista está en la bomba nuclear, una de las cuales podría borrar a Israel, en tanto cualquier respuesta israelí infligiría daño limitado al mundo islámico.

   

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