En el límite
Jóvenes que poseen una capacidad intelectual inferior a la normal, pero superior al retraso mental leve, se capacitan para enfrentar la vida como cualquier otro de su edad.
Por: Francisco Mauricio Martínez / Fotos: Carlos Sebastián
El 30 de octubre, Wilmer Cruz, 19 años, alcanzó su mayor meta hasta ahora: recibió su diploma de sexto año de primaria y, a la vez, salió preparado para ejercer trabajos de panadería, piñatería y carpintería. Su siguiente paso será estudiar el ciclo básico y, más adelante, aprender un oficio “humilde, como la mecánica”, dice.
Para este adolescente no fue fácil concluir la primaria y aprender varios oficios; repitió cinco veces el primer grado de primaria y pasó por cuatro establecimientos educativos. La vivencia que más recuerda es cuando sus maestras lo enviaban a la Dirección, pues no hacía “correctamente” las tareas. “Decían que yo no hacía lo que ellas me indicaban, hasta me amenazaron con expulsarme”, recuerda.
Wilmer es un joven con los mismos intereses de cualquier adolescente de su edad, pero debe esforzarse más que otros debido a una discapacidad intelectual denominada limítrofe. A raíz de esto, durante los últimos cuatro años asistió a la Fundación Faces, ubicada en la zona 11, para concluir la primaria y capacitarse para insertarse a la sociedad sin mayor problema.
Su Coeficiente Intelectual (CI) está entre 70 y 85 puntos, por lo cual se le considera de capacidad límite o fronteriza, que muchas veces pasa desapercibida. La discapacidad intelectual está dividida, según Faces, en cuatro categorías: leve, cuando el CI se encuentra entre 50-69; moderada, se sitúa entre 35-49; severa, entre 20-34 y profunda, cuando se encuentra por debajo de 20. Cruz forma parte del grupo de niños ubicados arriba de la categoría leve.
Ni arriba ni abajo
Imelda de Valdez, directora ejecutiva de Faces, dice que estos chicos tienen una capacidad intelectual inferior a la normal, pero tampoco se les puede ubicar dentro de los que tienen retraso leve. “Al ser capacitados en actividades de la vida diaria, habilidades sociales y en aprendizajes prácticos tipo artesanal, por ejemplo, al ser insertados en la vida social son exitosos”, indica la psicóloga.
Justo Abdías Calderón en su estudio Los niños discapacitados llama a estos adolescentes “fronterizos”, “limítrofes” y “niños de lento aprendizaje”. Así también, considera que “no son normales en su inteligencia, pero tampoco son retardados mentales”. La lentitud no constituye por sí misma una alteración patológica o una enfermedad, explica el investigador.
Aunque resulta difícil enumerar las características que los identifica, hay algunas que resaltan cuando ingresan a la escuela o colegio. Su aprendizaje es lento, lo cual provoca que repitan varias veces el mismo año escolar. Esta razón hace que siempre tengan mayor edad que sus compañeros de grado. Tienen un ritmo pausado de trabajo tanto en frecuencia como en intensidad al estar siempre por debajo de la media del grupo en su rendimiento escolar.
Muy prácticos
Algunas de las características de estos jóvenes es que poseen una memoria muy corta (no retienen por largo tiempo una idea) y la dificultad para efectuar procesos de razonamiento. Sin embargo, desarrollan otras destrezas sobre todo de tipo práctico. Christian Méndez (16) por ejemplo, es excelente para los juegos electrónicos y le encanta navegar por la Internet. “La página que más me gusta es la del equipo de los Rojos”, indica.

La capacidad motora hace que los centros educativos enfoquen sus baterías, más que en lo académico, en su formación para hacer un oficio. Felipe Valenzuela, director de Fundación Michelle (Fundami), ubicada en la zona 13, dice que ahí se les “prepara para la vida de manera integral. Les inculcamos valores para su integración social y desarrollo”, explica.
Algunos ya han logrado introducirse en la vida laboral en restaurantes y supermercados, como Luis Osmín García (30), quien en la actualidad trabaja en el supermercado La Torre.
Osmín, quien se formó en Faces, ha trabajado en varias empresas, entre ellas McDonald’s, a donde ingresó en el 2002. Ahí aprendió a elaborar hamburguesas, papas fritas, café, panqueques. Cuenta que lo más importante es prestarle un buen servicio al cliente, para que sonría y vuelva.
Otros están ansiosos de ingresar al mundo laboral. Este es el caso de José Domingo Ralda (20), quien se capacitó en técnicas gráficas en el instituto Lázaro Chacón e hizo sus prácticas (260 horas) en una imprenta de la zona 1.
En este lugar aprendió a encuadernar libros. Lo que más le encantó fue una portada de El Sombrerón. “Ahora estoy esperando que me llamen para trabajar formalmente”, indica.
José Domingo hizo sus estudios en la escuela Domingo Juarros, San Rafael III, zona 18 y aprobó su educación primaria con mucho esfuerzo. Su padre, Erick, cuenta que sus notas, en promedio, eran arriba de 60 puntos y lo que más le costaba era matemática. “Aquí (en Faces) entró por la terapia del habla y para reforzar su estimulación psicomotriz”, explica Sonia de Valdez.
Una mano de “cuate”
En la actualidad, existen pocas instituciones que se dedican a atender a esta población. Valenzuela calcula que existen unas cinco, entre éstas una que se está formando en Retalhuleu. El psicólogo asegura que subsisten por medio de donaciones, apadrinamientos y actividades, como bazares, que ellos efectúan con el apoyo de estudiantes y padres.
Pero no todo se concreta en apoyo económico, ya que los jóvenes también necesitan del calor humano para insertarse más rápidamente al mundo actual.
Uno de los proyectos que pondrá en marcha el próximo año Fundami es el que tiene como objetivo que grupos de jóvenes visiten a sus estudiantes. “Buscamos que nuestros alumnos tengan “cuates” para conversar de temas que sólo se hablan entre amigos. Que vayan al cine, visiten un centro comercial o un sitio turístico”, remarca Valenzuela.
José Miguel, uno de los chicos de esta fundación, dice que le encantaría tener amigos de afuera y que le gustaría hablar de chicas y escuchar música. “Ellos necesitan cariño y compartir lo que les gusta”, comenta Carolina de León, coordinadora del voluntariado de Fundami.
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