Destinos religiosos
Miles de personas se movilizan cada año en busca de los principales santuarios

Por Ingrid Roldán Martínez
Fotos: Carlos Sebastián
y archivo
En la mente y corazón del peregrino quedan grabados aquellos momentos que pasó al pie del altar, en íntima comunicación con Dios, por medio de una imagen o reliquia de un santo que se venera en un templo. Lo envuelve el calor de las veladoras y candelas, el olor a incienso, la profundidad de su petición y la firmeza de su fe. Ha recorrido cientos o miles de kilómetros para llegar allí.
Lugares como Esquipulas en Guatemala, el Santuario de Guadalupe en México, Lourdes en Francia, Fátima en Portugal y el Vaticano, en el corazón del territorio italiano son centro de atracción para miles de peregrinos a lo largo del año. Tal afluencia ha hecho que se piense en el turismo religioso como una categoría aparte, con características distintas al de sol y playa. Mientras el primero va de la mano de la oferta cultural de museos, salas de conciertos y galerías, el segundo se mueve al ritmo de las discotecas.
La iglesia católica posee una enorme riqueza en patrimonio arquitectónico y de obras de arte en distintas regiones del mundo. Quienes viajan a esos lugares van movidos por el deseo de vivir experiencias que los transformen interiormente. Otros, con propósitos menos espirituales, buscan la pintura, la escultura o el edificio que representa una época histórica o es la creación de un conocido autor. No hay una edad específica, se movilizan grupos de jóvenes, de adultos, de personas mayores o familias completas.

A deferencia de otros tipos de turismo, el de destinos religiosos no siempre lleva detrás una campaña publicitaria, su fama corre muchas veces de boca en boca y el visitante es recurrente, vuelve más de una vez al mismo lugar.
Motor espiritual
En el Congreso Iberoamericano de Destinos Religiosos celebrado en Guadalajara de Buga, Colombia, el experto de la Organización Mundial de Turismo (OMT), Horacio Burbridge, dijo que si bien la curiosidad impulsó al hombre a incursionar más allá de su ámbito geográfico, fue la fe religiosa el “motor espiritual” que alentó a los hombres a iniciar la marcha hacia los lugares sagrados. Las peregrinaciones nacieron con las religiones y éstas son tan antiguas como la humanidad. “Los sacrificios y las extenuantes jornadas imponían a estos caminantes acrecentaban los méritos del viaje”, comentó.
Un informe de la OMT publicado en enero del 2005 se refiere al Congreso de Turismo Religioso desarrollado en Silleda, Pontevedra, España, en el que se destacó la importancia de esta actividad: “El turismo religioso, redescubierto como religión y cultura o viceversa, podría alcanzar cuotas de aceptación similares a las del turismo de sol y playa”, especifica.

El Cuarto Congreso Europeo de Peregrinaciones y Santuarios, en el Santuario de Kevelaer, Alemania, en septiembre del 2004, trató sobre el tema y se reflexionó acerca de que, a pesar de una tendencia hacia la pérdida de la espiritualidad, se ha observado en los últimos 20 años un significativo aumento de las peregrinaciones. “Entre los cristianos, este crecimiento fue, sin lugar a dudas, influenciado por los numerosos viajes apostólicos de Juan Pablo II”, explica Burbridge. “Estimó el Congreso que 300 millones de peregrinos al año viajan fuera de la región donde habitan; de ellos, 200 millones son cristianos, sobre todo católicos”.
En el artículo Turismo religioso. alternativa de apoyo a la preservación del patrimonio y desarrollo, Javier Robles Salgado, de la Universidad de Chihuahua, México, cita el Documento de la Santa Sede sobre el Peregrinaje del 2000, que especifica que entre esos millones de peregrinos, si bien la mayoría son católicos, también lo hacen los fieles ortodoxos, los del judaísmo y el islam, entre otra religiones. Tal movimiento de personas implica una amplia gama de servicios que la población debe estar preparada para ofrecer, desde hospedaje y alimentación hasta recuerdos y artesanías —con los beneficios económicos que esto representa. Constituye una oportunidad para generar empleos y activar la economía.
En Guatemala, dos lugares reciben la mayor cantidad de visitantes por motivos religiosos: Esquipulas y Antigua Guatemala.
Según el Instituto Guatemalteco de Turismo, el 15 de enero llegan al templo del Cristo Negro unas 75 mil personas, mientras que Antigua Guatemala recibe a cien mil personas durante la Semana Mayor. Un turista gasta en promedio US$102.
Corazón de tres países
Esquipulas es el principal sitio de peregrinación no sólo a católicos de este país, sino de los vecinos Honduras, El Salvador y sur de México. Esta población de 30 mil habitantes recibe cada año a por lo menos un millón 300 mil personas que hacen fila para orar a los pies del Señor, según datos de la Basílica. Pero la cifra puede ser mayor, cercana a los seis millones, porque no todos se acercan al camarín donde se conserva la escultura, tal como lo afirman el representan de la Cámara de Turismo de Esquipulas, Nicolás Rodríguez y Pepe Guzmán, director de la Unidad de Desarrollo Turístico de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Integral San José Obrero (Coosajo RL).
Hace 40 años, Esquipulas era un pequeño poblado con un templo muy grande, recuerda el abad Héctor Sosa. La comunidad que dirige está formada por 18 personas, entre sacerdotes y religiosos, pero en el resto de proyectos que se genera alrededor del templo como el colegio, dos radios locales, una canal de televisión, la tienda de artículos religiosos, el noviciado, el seminario, trabajan unas 250 personas. Las ofrendas que los fieles dan cuando les bendicen el automóvil se utiliza para el mantenimiento del coro de niños.
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El 80 por ciento de la población vive de la actividad turística: comerciantes, artesanos, hoteleros, meseros, etc.
La cantidad de comercios alrededor del templo ha crecido. Hoy prestan servicio unos 70 hoteles y 30 restaurantes, además de las pensiones y comedores pequeños. Funciona 350 mototaxis, aunque sólo 150 forman parte de una asociación. Hay 20 cafés Internet y 400 conexiones domiciliares. Funcionan cinco centros de recreación con piscinas y áreas para practicar deportes. El sindicato de comerciantes y artesanos está formado por 320 socios.
No obstante, Esquipulas recibe decenas de peregrinaciones al año, hasta hace pocos años instituciones locales han empezado a tomar conciencia de la importancia de esta ciudad como proyecto turístico. Al preguntarles a Rodríguez y Guzmán sobre el apoyo de Inguat comentan que durante años la institución estuvo ausente y recién los han tomado en cuenta. De hecho, ni siquiera tienen agentes de la Policía de Turismo.
Pero el impulso local no cesa. En el 2005, varias instituciones y asociaciones formaron el Comité de Autogestión Turística. Están conscientes de que les visitan familias completas y por eso desarrollarán una ruta que incluya naturaleza y aventura como una alternativa para los niños y jóvenes, una opción es el área protegida de Montecristo, que forma parte del Trifinio, integrado por los poblados fronterizos de Guatemala: El Salvador y Honduras. Además, ya trabajan en capacitar a la población sobre varios temas relacionados con el turismo, uno de ellos Anfitriones del peregrino, un tipo de guía que recibirá y orientará a quienes llegan a la Basílica.
“Queremos hacer de Esquipulas un destino turístico de categoría mundial”, afirma Rodríguez, quien también es presidente del Comité de Autogestión Turística. |