Semanario de Prensa Libre • No. 176 • 18 de noviembre de 2007

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D frente
   > D fondo
   > D todo un poco
   > D historia
   > D mayas
   > D mundo
   > D farándula
   > D portafolio
   > D viaje
   > Punto final

 


D mayas

Libros de los antiguos mayas
La excepcional copia de uno de los escasos códices mayas que sobrevivieron hasta hoy, se encuentra ahora en Guatemala


Por Sébastien Perrot-Minnot

El barón alemán Alexander von Humboldt (1769-1859) fue sin duda uno de los grandes exploradores y naturalistas de los tiempos modernos. Recorrió, en medio de numerosos peligros, varias comarcas de la América Central y del Sur, y ayudó al redescubrimiento de las prodigiosas civilizaciones precolombinas.

En 1810, publicó, en su libro Vues des cordillères et monuments des peuples indigènes de l’Amérique (Vistas de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América), varias láminas a color de un curioso manuscrito lleno de esotéricos dibujos y signos: el Códice de Dresden.

Éste había sido adquirido por el director de la Biblioteca Real de esta ciudad de Alemania oriental en 1739, tras un largo y oscuro viaje por el espacio y el tiempo, desde el Yucatán prehispánico.

A lo largo del siglo XIX, más manuscritos de este tipo aparecerían en Europa, como botellas lanzadas al mar, con mensajes de los antiguos mayas. En 1832, la Biblioteca Imperial de París compró otro códice que sería divulgado tres años más tarde por Lord Kingsborough, un aristócrata irlandés que dedicaría toda su fortuna a su monumental obra titulada Antiquities of Mexico y moriría en la miseria en 1837. Tras zozobrar prácticamente en el olvido, el manuscrito fue redescubierto, en 1859, por Léon de Rosny… en un bote de basura de la Biblioteca Nacional de Francia.

En los siguientes años, se intensificó el interés por los intrigantes documentos. En 1866, un incansable buscador de documentos históricos, el sacerdote francés Charles-Etienne Brasseur de Bourbourg reconoció, en la colección de un prominente miembro de la Real Academia de Historia de Madrid, parte de otro códice. Más tarde, Léon de Rosny se fijaría que este fragmento y otro pertenecen en realidad a un mismo códice llamado Tro-Cortesiano o de Madrid.

Pero un cuarto códice salió a luz hasta en 1965, en México: el Códice Grolier (del nombre del Club Grolier de Nueva York, donde fue exhibido en 1971), cuya autenticidad ha sido muy debatida. Habría sido hallado en una cueva del sur de México, para luego integrar la colección de José Sáenz, quien donó el frágil documento al Gobierno del país azteca.

La suerte viajera de los libros mayas la está experimentando también una excepcional copia del Códice de Dresden, que fue recientemente donada a Guatemala por la Biblioteca del Estado alemán de Sajonia.

El 22 de octubre tuvo lugar la entrega oficial del facsímil en el solemne escenario del Museo Nacional de Arqueología y Etnología, en presencia del vicepresidente de la República de Guatemala, Eduardo Stein y el príncipe Alexander de Sajonia. La copia, ejecutada en 1975 en Graz (Austria) merece plenamente todas estas atenciones: permanece y es, sencillamente, la única réplica estrictamente fiel del Códice de Dresden.

Éste, fechado para el siglo XIII, se considera generalmente como el más importante y elaborado de los manuscritos mayas. Desde el siglo XIX, ha sido objeto de numerosos estudios por destacados científicos empeñados en el desciframiento de la escritura maya, la más compleja de América. Conservado en la Biblioteca de Dresden bajo rigurosas medidas de seguridad, es el único códice maya que se exhibe al público en general. Tiene una longitud total de 3.56 metros y sus 39 láminas de 20.5 cm de alto muestran dibujos y escritos relacionados con los dioses, el calendario ritual, eventos astronómicos y profecías.

¿Por qué resultan tan escasos los códices mayas? ¿Por qué no se conservaron bibliotecas enteras? Y sobre todo, por qué manuscritos escritos en las cálidas tierras tropicales del sur de Mesoamérica terminaron en colecciones de Europa?

El monje franciscano Diego de Landa, consagrado obispo de Yucatán en 1571, tuvo un dramático impacto en la suerte de los libros mayas. El complejo personaje redactó una Relación de las cosas de Yucatán en la cual manifiesta a la vez su curiosidad por la civilización maya y un irreprimible celo inquisitorio.

En 1562, ordenó la quema de numerosos códices, los cuales consideraba como obras impías. Su acto de fe constituyó una tragedia cultural que recuerda un poco la destrucción, en 47 a. C., de la biblioteca de Alejandría, a causa del incendio provocado por las tropas de Julio César…

Pero el fanatismo de Landa no es el único responsable de la desaparición de los manuscritos mayas. Los fragmentos muy deteriorados e ilegibles de códices hallados en vasijas y tumbas de dignatarios dan testimonio de la acción más paciente y despiadada del clima tropical húmedo.

Algunos manuscritos escaparon de las destrucciones de la Inquisición y el medio ambiente y viajaron hasta Europa en fechas desconocidas. Esto no debe extrañarnos: durante la época colonial, varios objetos precolombinos fueron enviados a los reyes de España como regalos, recuerdos o curiosidades.

Los vínculos de los reyes católicos con varias regiones de Europa (el rey español Carlos V era de la familia austriaca de los Habsburgo y llevaba la corona imperial alemana) favorecieron la dispersión de las antigüedades en varios países. Otro caso famoso es el del penacho del emperador azteca Moctezuma, que llegó a Viena en el siglo XVI.

Fascinantes manuscritos

El escritor franco-americano Julien Greene decía: “Un libro es una ventana por la cual uno se evade”. Los hallazgos de estos códices mayas generaron una verdadera fascinación en el siglo antepasado. La centuria de las primeras grandes exploraciones de las ruinas mayas y de los inicios de una ciencia llamada arqueología…

Los códices son manuscritos hechos con la corteza interna del árbol de higo y una capa de cal y doblados “en acordeón”. Fueron pacientemente elaborados por los escribientes reales, los aj t’zib. Los reducidos dibujos y glifos muestran varios colores: negro, rojo, verde, amarillo y un profundo azul. Dieron lugar, durante décadas, a las interpretaciones más extravagantes, relacionadas con las tribus perdidas de Israel, la Atlántida, el continente sumergido de Mu…

Hoy, se sabe que el contenido de los códices es esencialmente ritual, adivinatorio, calendárico y astronómico. Alumbra aspectos de la vida de los mayas durante el último período de su desarrollo precolombino, el Posclásico Tardío (1200-1521 d. C.), que vio el abandono de Chichén Itzá y el auge de ciudades como Mayapán y Tulum.

Para los visitantes que admirarán la copia del Códice de Dresden en el Museo de Arqueología y Etnología, las 39 láminas serán tantas ventanas abiertas al fascinante universo mítico e intelectual de los antiguos mayas.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com