Trampolines a la fama
El objetivo de las empresas televisivas es captar audiencia. De estos shows han surgido ídolos musicales.

Por Julieta Sandoval
Fotos: Archivo
La fórmula de los últimos años de las empresas televisivas ha sido la creación de programas que formen fenómenos musicales. Pero antes de llegar a ser estrellas deben convencer a un público, que semana a semana, enciende la pequeña pantalla para convertirse en jurado y votar por su favorito.
Estos espectáculos tuvieron sus orígenes en el Viejo Continente con el Festival de la Canción Eurovisión (que este año presentó su 52 edición). Éste a su vez se derivó del Festival de San Remo. Su objetivo es coronar al rey de la región. Creado por la unión de televisoras miembros de la Unión Europea de Radiodifusión, se transmite en radio y tv, con una audiencia calculada, en los últimos años, de 400 millones de espectadores, según la página portalmix.
En 1973, se dio un caso que cambió el formato del concurso en Suecia. La canción Ring Ring, del grupo ABBA no ganó para participar en Eurovisión, al quedar en el tercer lugar provocó indignación en la audiencia, esto hizo que al año siguiente el público fuera quien decidiera, esa vez triunfó Waterloo también de ABBA, que se convirtió en un éxito de su país natal, del evento europeo y del mundo.
En este evento muchos países son representados por cantantes de otras nacionalidades, como Celine Dion, nacida en Canadá, quien representó a Suiza en 1988 y ganó.
El Festival OTI, conocido también como de la Canción, de la OTI o el Gran Premio de la Canción Iberoamericana (su nombre original), apareció en 1972. Los países pertenecientes a la Organización de Televisión Iberoamericana (OTI) participaban con una canción (formato similar a Eurovisión). Empezó con votaciones vía telefónica de los jurados en sus respectivos países, pero 10 años después quienes calificaban eran personas relacionadas con el mundo de la música que estaban en el teatro. Dejó de celebrarse en el 2000.
La OTI fue el trampolín a la fama para muchos cantantes como José Luis Rodríguez El Puma, o Ednita Nazario, otras figuras, por ejemplo Lucero, Christian Castro y Pandora, no lograron superar la etapa nacional para asistir al Festival Internacional.
En la actualidad
En el siglo XXI surge Operación Triunfo, un concurso que crea cantantes de música comercial. Los participantes deben demostrar, cada semana, sus avances al interpretar melodías ante las cámaras, en cada presentación uno es expulsado y a la final llegan seis, de quienes tres obtendrán una carrera discográfica, indica su página en Internet. Este reality surgió del vacío que dejó en la audiencia Hermano Mayor, en donde varias personas vivían reunidas en un lugar y eran grabadas para presentarlas al público. En el 2002, Operación Triunfo eligió a un ganador para que fuese quien representara a España en Eurovisión.
En América, se ha dado un fenómeno mediático: Idol, convertido en el mayor concurso musical de esta década. Su creador es el productor británico Simon Fuller, quien es un empresario multimedia y representante de las Spice Girls. La franquicia tiene los programas American Idol, la versión estadounidense empezó en el 2002, Canadian Idol, Australian Idol y Latin American Idol, la latinoamericana que en su segunda temporada catapultó a la fama al guatemalteco Carlos Peña, por lo que cautivó a miles de chapines a seguir este programa, que antes era desconocido para muchos.
De estos espectáculos han surgido figuras que han alcanzado la fama internacional. Para sus detractores, se trata de cantantes efímeros del momento, pero para las cadenas televisvas se trata de tener altos ingresos que como cualquier otro producto publicitario finalizará cuando otra idea pase a ocupar el primer lugar en el ranquin de audiencia.
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