Semanario de Prensa Libre • No. 177 • 25 de noviembre de 2007

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D fondo

Estimulados para triunfar
Las recetas para mantener alta la motivación nos abordan desde libros, conferencias y cursos impulsados por las empresas.

Por: Gemma Gil

“Pongan su mano derecha sobre su hombro izquierdo y ahora su mano izquierda sobre su hombro derecho. Abrácense, quiéranse, se lo merecen”, exhorta la capacitadora por medio del micrófono frente a un auditorio formado por los trabajadores de una empresa.

El autoabrazo colectivo ha sido el colofón de un taller de motivación, cuyo objetivo es estimular el buen talante de los empleados hacia sus actividades profesionales. Se trata de uno de los muchos seminarios que cada día tienen lugar en un mundo que parece sediento de razones para seguir despertándose cada mañana (si se introduce las palabras “curso motivacional” en el buscador de Google se obtienen más de dos millones de entradas), una necesidad a la que Guatemala no está ajena.

Los libros de motivación pueblan los anaqueles de las librerías casi tanto como los de autoayuda (de acuerdo con las librerías Artemis & Edinter, Paulo Coelho ha sido el autor más vendido en lengua hispana en los últimos cinco años); las visitas internacionales de ex presidentes, magnates o líderes espirituales, llamados a compartir algunos consejos para alcanzar el éxito, copan la agenda de actividades semanales y los cursos de “entrenamiento para la vida” o trabajo en equipo se han hecho cada vez más frecuentes en el entorno laboral.

¿Necesidad o moda?

Panamerican Consulting Group es una de las principales empresas de entrenamiento y capacitación de Centroamérica con una oferta de más de 300 programas y una cartera de clientes que en Guatemala incluye a Cementos Progreso, el Ingenio Pantaleón o el Banco Industrial. No es casual que entre sus cursos más solicitados destaquen los de liderazgo y motivación.

“Nos buscan mucho para formar al personal de ventas o para mejorar la atención al cliente, porque son áreas en las que la actitud de la persona incide mucho a la hora de lograr mejores resultados”, explica Giovanni Morán, gerente de proyectos para Centroamérica, “en la última década se ha notado que el país está teniendo más en cuenta la formación del recurso humano”.

La pregunta es ¿nos encontramos ante una moda?

“La motivación es algo inherente a la naturaleza humana, nos movemos por intereses, por un motor interno que nos impulsa. No diría que se trata de una moda, pero indudablemente en Guatemala es un campo en expansión, y eso está relacionado con la llegada de estilos de organización más participativos y con los medios de comunicación”, responde Octavio Benfatto, coordinador de la especialidad de psicología empresarial en la Universidad Francisco Marroquín.

Muy cerca de su despacho se encuentra el Centro de Excelencia de la entidad, dirigido por Carla de Hess, quien opina que hace 15 años las empresas buscaban profesionales que trabajaran el cien por ciento de su tiempo, pero “ahora quieren gente más equilibrada, que tengan vida familiar y social”. La razón parece evidente: un buen estado anímico influye en la disposición con que enfrentamos los quehaceres cotidianos. Si las actividades laborales, además, resultan estimulantes y responden a los anhelos internos del individuo, entonces el trabajador estará más motivado y comprometido con los objetivos de la empresa.

Hess es una mujer con una sonrisa y un optimismo contagioso, capaz de transmitir pasión por lo que hace, especialmente, cuando se encuentra en el campo de cuerdas —instalación de cables y maromas tendidos entre los árboles para realizar dinámicas de grupo— construido en la exuberante vegetación que rodea el campus. Por aquí han pasado cinco mil personas (tanto estudiantes como clientes de empresas), dispuestas a asumir riesgos de manera segura.

“No lo buscan tanto para motivarse como para trabajar temas como la planificación, integración, innovación o el trabajo en equipo, pero la motivación acaba siendo un resultado indirecto”, explica Hess, para quien las cuerdas son una herramienta con la qué abordar cuestiones como el liderazgo o la resolución de conflictos, pero ¿hasta qué punto son efectivas estas dinámicas? “Todo depende de si sabes utilizar bien las técnicas y de la receptividad de cada persona. Para mucha gente la experiencia se queda en pasarlo bien, pero muchos otros extraen una enseñanza vivencial que luego trasladan a otros aspectos de su vida”.

¿Qué nos motiva?

“Recuerdo que una vez un señor se me acercó y me dijo que siempre había querido correr una maratón y que tras escucharme lo iba a hacer. Sus sueños no tenían nada que ver con su función en la empresa, que era la que me había contratado para dar esa conferencia, pero salió con una ilusión renovada que al final le iba a llevar a trabajar mejor”, cuenta Juan Carlos Sagastume, deportista dedicado a las actividades de aventura y que tiene entre sus logros el haber cruzado el océano Atlántico a remo. Convertido en capacitador motivacional por accidente —“la primera vez me invitaron a contar mis experiencias y a partir de ahí empezaron a solicitarme cada vez más”—, Sagastume es consciente de que sus palabras no tienen el mismo efecto en todas las personas, pues “influye mucho el estado anímico del que escucha”.

Como explica Octavio Benfatto: “Cada uno tiene una escala de valores diferentes. No todos respondemos a los mismos estímulos, aunque veo un peligro en los motivadores religiosos y empresariales que apelan mucho a los emociones, porque si no hay una reflexión y una conexión con la escala de valores interior, entonces todo se queda en nada”.

En resumidas cuentas, no existen fórmulas infalibles. Lo que funciona para motivar a una persona puede dejar indiferente a otra, pero en lo que el académico no tiene ninguna duda es en que los incrementos salariales son solo motivaciones momentáneas, “mientras que hay otros factores de mayor duración, como un aumento de responsabilidad, el reconocimiento de los superiores o disponer de libertad para tomar decisiones”, explica Benfatto, cuyo planteamiento funciona siempre y cuando la gerencia tenga un comportamiento ético y mantenga una coherencia entre las ideas que transmiten sus eventos motivacionales y las políticas que se aplican dentro de la compañía.

La percepción de las bondades de la gerencia, sin embargo, no siempre son compartidas. “Hay sindicalistas que piensan que los cursos motivacionales son un lavado de cerebro para que los trabajadores rindan más, pero esa dicotomía en que los trabajadores piensan que el empresario es un explotador y éste considera que el obrero es un haragán se está rompiendo”, afirma Carlos Córdova, presidente de la gremial de consultores y capacitadores. Pese a todo, las críticas realizadas desde la lógica sindical no están aisladas y tampoco faltan voces dentro del sector intelectual que cuestionen por qué palabras como liderazgo, motivación o compromiso con la empresa se escuchan con más frecuencia que expresiones como derechos laborales.

¿No es oro todo lo que reluce?

“Creo que hay tener un sano escepticismo ante estas corrientes motivacionales. Como herramientas pueden ser muy útiles, porque están muy vinculados con la formación del personal. Por ejemplo no cabe duda de que para alguien que se dedique a las ventas recibir un estímulo y una formación para aprender ciertas técnicas de trato al cliente no solo va a redundar en mayores ganancias sino en un servicio más agradable. El problema es que este tipo de cursos tienden a soslayar otras contradicciones laborales: como la seguridad en el trabajo, los incrementos salariales o el derecho a la educación, que son temas tabúes en nuestra sociedad”, expone el psicólogo Raúl de la Horra.

“Es evidente que una de las motivaciones más fuertes y 'objetivas' para todo trabajador tiene que ver con el sueldo. Un sueldo bajo motiva a dejar un trabajo y buscar otro (ésta es una de las reglas del liberalismo económico y de la libertad individual).

En este sentido creo que los cursos motivacionales intentan, en cierto sentido, 'engañar' al trabajador para que se sienta bien a pesar de que su situación económica no sea propicia para él”, opina otro académico que prefiere que su nombre permanezca en el anonimato.

“Además, hay una estrategia de infantilización. Se trata al trabajador como a un boy scout al que hay que mantener alegre y motivado”, continúa; aunque, al margen de si las intenciones de los gerentes que deciden impulsar cursos de motivación entre sus empleados sean más o menos honestas, en este campo hay dos realidades innegables que vienen determinadas por el funcionamiento del mercado: éste es un negocio en expansión (por ejemplo, Panamerican Consulting Group cobra Q7 mil por un seminario de cuatro horas para 30 personas, poco si se compara con los mil Q500 que puede cobrar un conferencista por una hora de charla) y si las empresas lo siguen contratando es porque su efectividad está, al menos parcialmente, probada.


   

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