Semanario de Prensa Libre • No. 170• 07 de octubre de 2007

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D abuelas

Secretos de antaño
A lo largo de los años han permanecido fórmulas prácticas para el cuidado de la salud y los alimentos.

Por: Ingrid Roldán Martínez

Desde los tiempos en que llegar de Guatemala a Quetzaltenango tomaba varios días, la mayoría de caminos entre pueblos y ciudades eran de terracería y se cenaba a la luz de las velas, no por romanticismo, sino porque no había otra fuente de energía, las mujeres de la casa practicaban fórmulas sencillas para solucionar los problemas cotidianos.

Era la época en la que los manuales de urbanidad y buenas maneras constituían una lectura frecuente en la clase media del interior del país. En párrafos cortos, indicaban cómo debían comportarse hombres y mujeres en sociedad y dentro de casa. Además, se editaban textos específicos sobre los cuidados que niñas y adultas debían tener en el hogar.

En ese entonces ni siquiera se hablaba de los estudios de género en el país ni de los derechos de las mujeres. Los roles sociales eran muy marcados.

La sociedad ha cambiado. Hoy se habla más de la igualdad de géneros. Si bien se han alcanzado algunos logros, todavía hay buen trecho por recorrer en este sentido. “A través de la historia se han creado diferentes mitos que en la actualidad se siguen y refuerzan por los grupos familiares y sociales”, escribió la antropóloga Adelaida Herrera en el ensayo La mujer y su identidad en las áreas precarias de la ciudad de Guatemala (Usac, 1999).

Algunas de aquellas recomendaciones se han trasladado de madres a hijas. Otros permanecen en las amarillentas hojas de ejemplares publicados en el siglo XIX y así han sobrevivido hasta nuestros días.

Consejos de casa

Lucrecia de Orive, directora de programas del Instituto Femenino de Estudios Superiores, IFES, recuerda algunos consejos heredados de su familia. Para blanquear la ropa, por ejemplo, se enjabona y expone al sol durante varias horas. Después se desagua y seca normalmente.

Para quitar manchas se utilizaba limón, vinagre o sal. Esta última particularmente útil para eliminar las producidas por vino tinto. Inmediatamente después del derrame, se les aplica sal y se cubren con una servilleta hasta que haya absorbido el líquido.
Para conservar los vegetales y frutas, De Orive recomienda colocar trozos de carbón dentro del recipiente o canasto. Esto evita los malos olores (el mismo principio es usado en la actualidad en los refrigeradores).

El dolor de muela se mitiga al colocar un clavo de olor en el área afectada, esto la adormece.

De finales del siglo XIX

El folleto Nociones de higiene doméstica y gobierno de la casa, de Pedro Felipe Monlau, publicado en 1895, conserva muchas de las antiguas recomendaciones.
Una de éstas se refiere a la forma de tratar las manchas de chocolate y café. “Se remueven al lavarlas con agua y jabón o con una yema de huevo disuelta en agua caliente”.

Si alguien se pincha con un alfiler, una espina u otro objeto puntiagudo, y si hay calor o hinchazón, se debe aplicar una cataplasma de miga de pan con leche tibia.
Contra las picaduras de insectos, Monlau recomienda lavar el área y aplicar agua y sal o agua y vinagre. Si el dolor es muy “vivo” lo mejor es la miel.

Para aromatizar el cabello, se combinan una cucharada grande de aceite de oliva y una cucharadita de ron. “El uso diario de unas cuantas gotas de esta mezcla fortifica el cabello y le da mucha suavidad”, afirma el texto.

Para suavizar las manos no hay nada mejor que utilizar unas cuantas gotas de miel blanca; se friccionan bien las manos al lavarlas.

Las vajillas de loza, porcelana o cristal también merecen especial cuidado. Una receta para que no se rompan con facilidad es ponerlas en una caldera y cada pieza separada con reglillas de madera, para que no topen unas con otras. Se cubren con agua y se agrega “ceniza de leña nueva”. La caldera se pone al fuego y se deja hervir durante una hora. Transcurrido este tiempo se retira para que se enfríe. Después de unos minutos, las piezas se extraen con mucho cuidado.

Pero si la vajilla no resistió el trajín, también hay soluciones. Para pegar porcelana rota se debe preparar una solución bastante concentrada de cola de pescado (uno de los ingredientes principales en la elaboración de gelatinas) con agua, a la cual se añade un poco de “espíritu de vino” (alcohol del vino rectificado) y goma de amoniaco (jugo desecado que se compone de resina y goma) hasta formar una pasta no demasiado espesa. Con una espátula o mango de cuchara se aplica sobre las superficies que se quieren pegar, se aprietan bien y se dejan secar.

Las carnes se conservan al salarlas o guardarlas en salmuera o agua cargada de mucha sal. También se prepara como cecina (carne salada y secada al aire libre, sol o humo).

Los escabeches son otra forma de guardar los alimentos. Se utilizan vinagre, vino, hojas de laurel y otros ingredientes.

Los huevos frescos se conservan por más tiempo al cubrirlos de sal, arena, ceniza o serrín.

A la hora de ingerir alimentos, la prudencia es lo recomendable. “En las comidas bebed a menudo, pero poco de una vez”, dice.

Monlau menciona cosas que los constructores actuales parecen haber olvidado: las habitaciones altas son más saludables que los cuartos bajos, porque aquellas “permanecen mejor bañadas de aire, sol y luz, y son más secas y más alegres”.


   

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