Semanario de Prensa Libre • No. 170• 07 de octubre de 2007

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Punto final

El arrepentido

Por: Sergio Muñoz Bata

M ientras recorre el extenuante víacrucis de la campaña para las elecciones primarias por estados archiconservadores como Iowa, Carolina del Sur o Wyoming, el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani ha decidido expurgar su pasado en un patético intento por ganar a toda costa la nominación del Partido Republicano a la Presidencia en el 2008.

Son tantas las conversiones de quien hasta hace poco era considerado el candidato republicano con opiniones más moderadas en asuntos clave como el control de armas, la inmigración o el aborto, que cuesta trabajo reconocerlo.

Hace un par de semanas, por ejemplo, durante la conferencia en la que la NRA (Asociación Nacional del Rifle celebra los Valores Americanos por sus siglas en inglés), Giuliani hizo un impresionante acto de contrición.

Atrás quedaron sus recriminaciones al poderoso grupo de cabilderos de la industria de las armas. De pronto, como en un milagro, su auditorio dejó de ser la organización extremista e intolerante que tanto había criticado en un pasado todavía no muy distante y se convertía en un posible aliado cargado de votos y de contribuciones para la campaña.

Apenado, se disculpó por su apoyo a una prohibición federal de venta de armas de asalto mientras gobernaba la ciudad y, sonrojado, admitió que, visto de manera retrospectiva, fue un error de su parte haber demandado a los fabricantes de armas en el 2000. Agotadas las sorpresas, terminó, suplicando el apoyo de los conferencistas para ganar la nominación.

Más lamentable aún ha sido su cambio de chaqueta en materia de inmigración. Ante el acoso de su más cercano perseguidor, el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney, Giuliani pasó de ser un defensor a ultranza de los trabajadores indocumentados a promotor de su deportación, y de la construcción de muros físicos y barreras tecnológicas en la frontera sur.

Rudy Giuliani cambia de discurso
una vez más para conseguir votos.

Qué contraste con aquel Giuliani que en 1996, cuando el Congreso estadounidense recién aprobó la ley para reducir los programas federales de beneficio social o welfare, demandó legalmente al gobierno federal por una provisión que a su juicio derivaría en un trato “inhumano” a los inmigrantes ilegales.

La provisión en cuestión nulificaba la política de la ciudad creada por Edgard Koch, el anterior alcalde y refrendada por Giuliani, que prohibía a los empleados de la ciudad reportar a las autoridades federales la situación migratoria de las personas que utilizaban servicios públicos.
Sin este tipo de garantías, razonaba Giuliani, los indocumentados no mandarían a sus hijos a la escuela (dejándolos en las calles), no solicitarían atención médica (posibilitando epidemias) ni colaborarían con las investigaciones de la Policía (por temor a ser deportados).

Para el alcalde de una ciudad que en esa época utilizaba los servicios de unos 400 mil trabajadores indocumentados, esforzarse por mantener la salud y la seguridad de los habitantes de Nueva York era una prioridad absoluta. Y para refutar a sus críticos el alcalde que pensaba que “una amenaza a la inmigración es una amenaza al futuro de este país”, contaba con un argumento irrefutable. “Los protejo para proteger al resto de la sociedad”.

Otro vaivén no menos lamentable de Giuliani ha sido su postura respecto del aborto. En 1989, como candidato a la alcaldía de Nueva York, una ciudad que históricamente ha defendido el derecho al aborto, Giuliani hizo tales malabarismos verbales que acabó confundiendo a todo el mundo. Opuesto moralmente al aborto, sostenía el derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Hoy, en la víspera de las primarias, promete que de ser electo presidente nombrará a jueces dispuestos a derogar o limitar la ley de 1973 que declaró que el aborto era un derecho protegido por la Constitución.

El arrepentimiento es una sensación que una persona experimenta al percatarse que ha cometido un error. Y según una de sus acepciones, el elemento esencial de la palabra arrepentimiento es la pena entendida en un doble sentido. La pena que aflige y la pena impuesta al arrepentido para que la sienta como dolor. Y si bien en el cristianismo nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación, porque es a través del arrepentimiento como los pecadores aspiran a la salvación, para el filósofo holandés del siglo XVII, Baruch Spinoza, “el que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable”.

Para los votantes estadounidenses, el principal problema que presentan los candidatos camaleónicos es que es imposible predecir qué defenderán o qué atacarán si es que logran ganar la Presidencia.

En el caso de Giuliani, como bien señalaba Marshall Fitz, el director de la Asociación de Abogados de Inmigración: “El peligro con alguien que constantemente cambia de posiciones es que, seguramente, ya perdió la brújula”

New York Times

   

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