A propósito
Un reino aparte
Por; Viviana Ruiz
Editora
Cuando se habla de hongos, a la mente de muchos llega de inmediato la imagen de una forma de vida con forma de paraguas de colores llamativos que habitan en los bosques.
Para otros, la palabra es sinónimo de champiñones; los consentidos de la cocina francesa, y habrá quienes al escuchar el nombre de este organismo —muchas veces confundido con plantas— piensen en el moho negro que se forma en los alimentos en descomposición, como en el pan cuando no se consume, o el que aparece en las cortinas plásticas del baño e incluso los que ocasionan los pies de atleta.
Pero seguro que muy pocos pensarán que los hongos también sirven para fermentar el vino o para la fabricación de la penicilina (Penicillium notatum fue el hongo que utilizó de base el bacteriólogo británico Alexander Flemming cuando la descubrió, en 1928, de manera realmente curiosa), y muchos otros antibióticos.
Todos estos, también los llamados alucinógenos (droga) corresponden al reino Fungi, un grupo variado y grande con más de cien mil especies conocidas en el planeta, la mayor parte de ellas terrestres. Y es precisamente de este fascinante mundo y su consumo en Guatemala que trata el reportaje D fondo de esta edición, el cual fue investigado por el periodista Francisco Mauricio Martínez. |