Hijos de la lluvia
Pese a los temores que despiertan, debido a las especies tóxicas, los hongos siempre han formado parte de la vida cotidiana de los pueblos.

Por Francisco Mauricio Martínez / Fotos: Ricardo Mata
Al finalizar la época de lluvia también desaparecen los hongos, multiformes cuerpos esponjosos de diversos colores y tamaños que dan origen al reino Fungi y que saturan los campos durante este periodo. Con este suceso, dejan de brotar estos organismos que pese a estar ligados a la historia del país aún despiertan desconfianza debido a que algunas especies son tóxicas.
Con el final de la época lluviosa
también
desaparecen los hongos que engalanan los campos.
Se desconoce cuántos géneros y especies (subdivisión de los primeros) de hongos existen en Guatemala debido a los pocos estudios que se han efectuado. No obstante, se sabe que su uso en la alimentación y ceremonias (alucinógenos) es milenario, lo cual se encuentra documentado en vasijas y códices mayas, pero sobre todo en las famosas “piedras hongos”, las cuales fueron labradas por esta civilización.
Por lo general, aparecen en el periodo de junio a septiembre, aunque hay algunos que sobreviven durante la época seca e incluso durante varios años.

Juan Pablo Becerra, productor de hongos, dice que para que estos se desarrollen de manera silvestre deben darse algunas condiciones, por ejemplo, lluvias moderadas, disminución de la intensidad luminosa, alta humedad en el ambiente y baja velocidad del viento.
Los microhongos se pueden ver únicamente con microscopio, mientras que los macrohongos a simple vista y el tamaño del píleo (sombrero) puede medir desde un centímetro hasta 20. El color y la intensidad de estos seres es muy diverso, ya que hay desde oscuros como el negro y el café, hasta intensos como el rojo y naranja en distintas tonalidades.

Aunque cada una de las especies tiene su nombre científico, los habitantes tienen su propia manera de llamarlos. Casi siempre relacionan la forma de los hongos con cuestiones cotidianas y populares. Por ejemplo al Hydnum repandum lo llaman “lengua de venado”, por la forma extendida del sombrero, que tiene la apariencia de una lengua.
Los científicos que se dedican a investigar este reino han descubierto que los habitantes del altiplano y Petén tienen la cultura de comer hongos, mientras que los de oriente no lo han incorporado a su dieta. “Padecen de micofobia (miedo a los hongos), debido a lo que se dice de los venenosos y porque en esa región son escasos”, dice Roberto Cáceres, del Instituto de Investigaciones Químicas y Biológicas (IIQB) de la Universidad de San Carlos (Usac).
Pura proteína
Desde siempre, los hongos han formado parte del arte culinario, pero la manera más común en que se consumen es asados en brazas y unas gotas de limón. En otras ocasiones lo acompañan con alguna salsa o en pulique. La química bióloga Ivón Sommerkamp, graduada en la Usac, dice que es “como si (las personas) comieran pollo”, debido a que 80 por ciento de su peso en seco es pura proteína, “por lo que se puede consumir como sustituto de la carne”.

El artículo científico Contribución al conocimiento de los hongos comestibles de Guatemala elaborado por el IIQB de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia de la Usac, resalta que el valor nutritivo de los hongos se centra en su contenido mineral y vitamínico. Contiene, explica, cantidades utilizables de vitaminas B1, B2 y B12, niacina, ácido pantoténico y vitamina C o ácido ascórbico.
También contiene, agrega, minerales como calcio, hierro, fósforo y potasio. Su alto contenido en agua (80 por ciento del peso en fresco) le confiere un mayor contenido proteínico en peso seco. Contienen fibra y son bajos en calorías, carbohidratos y grasas.
Estudios efectuados en el 2003 habían identificado 62 especies de hongos comestibles. El complejo Amanita caesarea es el más conocido y apreciado, y se considera que de éste hay entre cinco y seis especies. Algunas son A. caesarea, A. hemibapha, A. calyptrata, A. tuza, A. tecomate, y A. tullosii. Todas éstas se conocen con el nombre de hongo de San Juan, el cual se acostumbra colectar el 24 de junio, sobre todo en San Juan Sacatepéquez.
De los que son comunes encontrar en los mercados del país, tres están clasificados dentro del género Ascomycetes. Helvella lacunosa y H. crispa, los cuales son conocidos popularmente como “oreja de ratón” o “monteros” por su semejanza a una silla de montar. También está el Hypomyces lactifluorum llamado “trompa de coche” por su parecido a un hocico de cerdo.

Bajo estudio
El uso de hongos en la preparación de pócimas para curar algunas dolencias siempre ha estado presente en la cultura de varios países durante milenios. Sommerkamp anota que algunas especies las hierven para hacer un té contra los parásitos. Otras, las convierten en polvo o pasta y la aplican en heridas para cicatrizarlas, detener una hemorragia o como antiinflamatorio.
Cáceres cuenta que el año pasado en el IIQB se estudiaron las propiedades cicatrizantes de cinco especies que son utilizadas contra la pañalitis. En la actualidad se analizan otras cinco a las que se les atribuyen facultades inmunomoduladoras. “Esperamos determinar si aparte de su valor nutritivo tienen cualidades medicinales”, comenta.
Sommerkamp, en su informe Los hongos macromicetos de Guatemala (publicado en Piedras Hongos. Museo de Tabaco y Sal. Tokio, Japón, 1994) dice que en Guatemala se utiliza el Calvatia lilacina para la detención de hemorragias y prevención de infecciones. Esto se ha observado, agrega, en la costa sur, principalmente en los departamentos de Escuintla y Santa Rosa. También se hacen preparados a base de lentinán con hongos del género Lentinus para el tratamiento de enfermedades artríticas y reumáticas.
Los pajaritos
Se dice que los sacerdotes mayas utilizaban los alucinógenos durante las ceremonias, lo cual se puede observar en algunos códices y vasijas que se encuentran en distintos museos. La historia también narra el uso de estos hongos en los rituales de los xamanes de varios países. Ciertos hongos, entonces, han desempeñado un papel importante en la vida ritual y sagrada de la cultura maya.
El investigador del IIQB dice que este tipo de hongos los pusieron de moda los hippies. En el país, el lugar donde se han encontrado estas especies es Santa Elena Barillas, Guatemala y los más famosos son los que popularmente se conocen como “pajarito” y “San Isidro”.
Los alucinógenos contienen sustancias psicoactivas que provocan tres tipos de efectos sobre la mente: a) psicotónico: causa excitación mental; b) psicoléptico: disminuye la tensión mental e induce al sueño; c) psicodisléptico: provoca efectos iluminatorios, percibiendo sensaciones como alucinaciones visuales, pérdida de la percepción tiempo/ espacio, éxtasis, paz interior, introspección, memoria pasada y sentimiento de ser parte del Cosmos.
El informe Los hongos macromicetos de Guatemala cita que en el país se han registrado especies que provocan efectos psicotónicos como el Amanita muscaria var. flavivolvata y var. muscaria proveniente de los departamentos de Chimaltenango, Huehuetenango, Sololá y Totonicapán, donde abundan los bosques de coníferas. Los hongos son ingeridos secos, debido a que en el proceso de secado el ácido iboténico se transforma químicamente en el alcaloide muscimol, que es el constituyente psicoactivo más potente.
En cuanto al efecto psicodisléptico, en el país se han registrado el Psilocybe mexicana o “pajarito” y P. cubensis o “San Isidro”. Estas especies, además de Santa Elena Barillas, se desarrollan en Taxisco, Santa Rosa; San Cristóbal, Alta Verapaz, así como en las zonas 7, 12, 15, 16 y 17 de la ciudad capital donde aún hay pastizales, agrega la investigación.
Los temidos
Los tóxicos, a los cuales muchas personas les tienen miedo debido a que los considera venenosos “son pocos”, indica Cáceres. Los pobladores los conocen popularmente como “hongos de sapo o de caballo”.
Las especies tóxicas pertenecen, principalmente, a los géneros Amanita, Inocybe, Russula y Scleroderma y la mayoría contienen sustancias que producen irritación gastrointestinal, náuseas, mareos y vómitos. En forma más escasa están los hongos que contienen alcaloides altamente tóxicos que puede provocar la muerte como A. magnivelaris y A. verna. Estos son los que despiertan el pavor que existe hacia el reino fungi.
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