Semanario de Prensa Libre • No. 171• 14 de octubre de 2007

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D frente

Luis Eduardo Aute
Aute: onírico y surrealista
Creador heterogéneo, desde sus comienzos ha mezclado música, pintura, cine y poesía. Amante de las obras sostenidas con ideas.

Por: Viviana Ruiz

Fiel a sus ideas, Luis Eduardo Aute asegura que dos de sus pilares creativos son el mundo onírico y el surrealismo; considera que son elementos clave para cualquier creador a la hora de expresar y transmitir.
Músico, pintor, poeta, cantautor... Un artista que trabaja una amplia gama de facetas, pese a que muchas veces no tenga tiempo para dedicarse a todas: “Tengo algunos guiones escritos pero no tengo tiempo para ponerme a hacer una peli, ya que para eso se necesita mucho trabajo”, nos cuenta en una entrevista vía telefónica que nos concedió desde España. La conversación duró 40 minutos.

“Ahora estoy liado con una gira de conciertos y estoy deseando terminarla para poder ponerme a pintar. Me apetece mucho”, añade, no sin antes comunicar que está listo para conocer al público guatemalteco, pues el catalán, nacido en Filipinas hace 64 años, ofrecerá un recital el próximo sábado 10 de noviembre en el Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, en el que cantará, también por primera vez, las canciones de su reciente disco, A día de hoy. Además, intercalará algunos de sus temas más conocidos “para hacerlos más llevadero al público”, según su amable confesión.

Del arte

¿Qué es para usted el arte?

Pues, algo que no conozco demasiado bien, pero sin cuya existencia no entendería mi vida, yo no pongo fronteras entre mi vida y el trabajo; para mí, vivir es escribir, componer canciones, pintar, el cine —me gusta mucho, me gusta experimentar en videos—; todas esas actividades son mi vida.

¿Se siente más pintor que cantautor?

Bueno, pintor, en el sentido que es la actividad que por más tiempo he experimentado. Monté mi primera exposición individual a los 16 años y en mi casa tengo un estudio. Siempre que puedo me encierro a pintar y cuando veo que tengo algo con algún tipo de coherencia, pues hago una exposición. Y luego, por otro lado, es la actividad que más me relaja, no hay un límite. Después de un día de pasar pintando, duermo muy tranquilo, muy relajado. Lamentablemente, no invierto mucho tiempo en ella; los conciertos me consumen. Pero siempre que puedo me escapo a mi refugio y me relajo. Vosotros decís así, relajado, porque una vida de relajo es otra cosa, ¿verdad? –risas.

Me gustaría saber de algunos escritores que sean importantes para usted en narrativa como en poesía, así como alguno de los libros que más le hayan gustado últimamente.

Poetas que me gusten son muchos, pero por darte algunos nombres, serían Vicente Aleixandre, Carlos Edmundo De Ory, García Lorca, siempre, Pere Gimferrer; etc. De fuera de España, Paul Eluard, Irving Layton, Lautreamont, Rimbaud y Shakespeare, siempre... Y John Lennon, Groucho Marx y Woody Allen.

La política

¿Se considera apolítico?

A mí la política no me gusta nada. Lo que pasa es que incide en la vida de todo el mundo, ¿no?, y entonces es imposible no estar sensibilizado por ella. Me encantaría vivir sin inquietudes políticas, pero ésta acosa y no hay más remedio que, bueno, tener algunas ideas al respecto.

Decía Albert Camus que el artista no debe estar con aquellos que hacen la historia, sino con aquellos que la padecen. Y, bueno, suscribo esa definición. Siempre con aquellos desfavorecidos por los avatares de la historia y del poder, con los que están más solos, los que sufren, los que no tienen voz y con los que intentan sobrevivir como pueden. Ahí es donde me encuentro. Es ahí donde tengo mis ideas políticas.

En Latinoamérica está sucediendo un fenómeno: algunos gobiernos se están inclinando a la izquierda.

Es algo que me llena de esperanza. Desde aquí, en mi país, se observa ese fenómeno con gran esperanza. Creo que pueden hacer el cambio, de hecho, lo están haciendo. Es una ocasión magnífica, un paso adelante para que colectivamente se cambien de raíz las cosas. No será fácil, evidentemente, pero ahí hay que estar. Claro, este es mi punto de vista. Es un coñazo insoportable no hacer nada para que cambien las cosas. Es injusto.

La oferta y la demanda

El consumismo nos sigue absorbiendo… ¿Cuál es su postura ante esta situación?

La dictadura del consumismo le ha impuesto reglas a la cultura y a mí me produce una tremenda pena, porque cada vez más los artistas (escritores, pintores, la gente que hace cine) están sometidos a las imposiciones del mercado. Entonces, es muy difícil que un escritor haga sus obras como al él le dé la gana, sin pensar que el editor desea que ese libro sea un bestseller. Esas penas, de que hay que hacer un bestseller, están ahí y eso obliga a deformar la espontaneidad y la libertad de lo que uno quiera. Eso ocurre en todos los terrenos, en todos. Creo que si James Joyce o Cortázar fueran hoy a una editorial, no les publicarían nada, porque ellos no responden a esas supuestas reglas del mercado. Y, bueno, ahí andamos y lo peor es que va a más.

¿Cómo libra usted esa batalla?

Intento evitarla. Evito acercarme a esa imposición del mercado que demanda lo que se supone que provoca una oferta. Intento desligarme y escribir y componer lo que me da la gana dentro de las mínimas confesiones que hay que hacer, las mínimas imposibles; pero intento no ser consciente en absoluto de esa ecuación: oferta y demanda. Si resulta que un trabajo que hago tiene éxito, bienvenido sea y si no, pues igual. Pero eso no va a cambiar mi manera de pensar.

En países como el nuestro, la cultura es un artículo de lujo, ¿qué opinión le merece?

Pues evidentemente negativa, porque la cultura no debe ser un lujo sino una urgencia. La educación y la cultura son la base de toda convivencia, de cualquier forma de entendernos los unos a los otros.

Es difícil transgredir las reglas

Bueno, no es fácil. Pero yo tampoco intento ser un transgresor, simplemente intento emitir mi opinión, mis sentimientos y mis ideas. Sin ningún ánimo de transgredir. Lo que pasa es que, por lo general, aquello que opino y lo que siento —risas— parece transgresor. Los transgresores son ellos, los que no permiten la racionalidad y el sentir del ser humano. Los transgresores son ellos, yo no.

La música

¿Qué opina de concursos como Operación triunfo en España y Latin American Idol en nuestro continente?

Una cosa es la música y otra esos programas que nada tienen que ver con la música. Son simplemente operaciones financieras, comerciales. Evidentemente, no me gustan. Y es una lástima, porque el medio que utilizan es fantástico para encontrar valores nuevos… para encontrar a gente que realmente tenga algo qué contar, algo que valga la pena y apoyarlo. Pero ocurre todo lo contrario, ocurre que toda la música que se hace ahí es poco creativa; todos hacen la misma música y anulan por completo la personalidad de quien se apunta en esos concursos.

¿Qué clase de música escucha?

De todo tipo. Cada vez menos, por falta de tiempo. Cuando viajo en coche, escucho clásica. Pero escucho todo tipo de música: estadounidense —lamentablemente la que más se escucha— , pero de todo hay; mala, muy mala, regular, e incluso, muy buena. Me gusta mucho el jazz, creo que es un invento interesantísimo.

¿A qué músicos admira?

Muchos, pero mis preferidos son Los Beatles, Bob Dylan, Bob Mc Cline y también Prince, porque es un hombre que experimenta, que hace lo que le da la gana, no se somete a las leyes del mercado. Sus locuras son cosas muy, muy interesantes. Creo que en los últimos tiempos han sido las mujeres las que han propuesto música popular de calidad, por ejemplo, Lauy Anderson o Bebe, en España.

Filósofo

¿Qué noticia reciente lo ha llenado de felicidad en los últimos días?

Más bien, lo contrario. Porque como te decía al principio, sólo hay lugar para las malas noticias, no para las buenas. Desde las catástrofes naturales o artificiales. Y si hay buenas noticias, como un científico que haya inventado algo contra el cáncer o contra la estupidez humana, no se comunican. Sólo hay lugar para el morbo y lo horrible.

¿Hay alguna forma de salirnos de eso?

Cada uno tiene que arriesgarse a vivir como debe de vivir, de informarse con lo que debe, de aquello que lo reconcilie con su ser, eso es una aventura personal.

Mirando a hacia atrás en el tiempo, ¿qué le parece que falta y qué le sobra a este principio de siglo?

Le falta imaginación y talento y sobre todo buenas intenciones. Y sobra estupidez y malas intenciones.

¿Le queda algo por hacer?

Hacer bien lo que hago.

Del concierto

Es su primera visita a Guatemala

Pues sí, es la primera, pero espero que no sea la última. Haré todo lo posible porque así no sea.

¿Qué sabe de Guatemala?

Que es un país pequeño, bueno no tan pequeño, y de verdad, la información que llega de allí, es, más bien, poca. Y cuando llega suele ser mala. Las buenas noticias nunca circulan, sólo las malas.

¿Cuáles son sus expectativas con su cita con los chapines?

Bueno no sé. Me resultan un misterio, porque como no he estado nunca, y como creo que mis canciones habrán llegado algo tarde, aunque también habrá quienes sí las conocen. Pues mis expectativas son presentarnos, yo traigo mis credenciales que son mis canciones, que espero que gusten y deseo que seamos cómplices, tanto en la música como en las letras.

   

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