Semanario de Prensa Libre • No. 172 • 21 de octubre de 2007

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D embarcaciones

La mar de cosas
Lanchas, yates y motos surcan las costas del Atlántico y Pacífico de Guatemala.

Por Ingrid Roldán Martínez
Fotos: Archivo

A principios del siglo XX los grandes clubes navales de Nueva York y Chicago incluían en la categoría de yate a todos aquellos que tuvieran más de 12.5 metros de eslora, es decir, de longitud. Hoy los súper yates de 30.5 metros (los hay de más de 170) son los que han tomado esta posición. En el país, líder en Centroamérica en la importación de este tipo de artículos, la clasificación de las embarcaciones está dada por su uso: recreativo-deportivo y comercial, explica Enrique Moll, de Representaciones Marinas, S.A.

Los yates, lanchas, veleros y motos de agua forman parte de las naves recreativo-deportivas, y las comerciales pertenecen los llamados barcos pesqueros, tiburoneros, taxis marinos y los que se utilizan como medio de transporte.

Así, en lugares como Río Dulce, Lago de Izabal y Puerto Barrios, las naves que predominan el paisaje marítimo son las embarcaciones deportivas o recreativas (yates), en la costa del Pacífico sobresalen las de tipo deportivo y comercial.
Una lancha puede costar aproximadamente US$18 mil y un yate más US$90 mil. Claro que también hay barcos con precios que quitan el hipo, como el del Sheik Mohamed bin Rashid Al Maktoum, que mide 160 metros y cuesta US$200 millones; como éste, aún no se venden en nuestro territorio.

Ventas y marcas

En Centroamérica Guatemala es el consentido de los proveedores estadounidenses y canadienses que se dedican a la venta de embarcaciones, dice Moll. Las razones tienen números. A nivel general, se venden dentro de nuestras fronteras unos 10 yates y unas 30 lanchas al año. Con estas naves sucede el mismo fenómeno que con los autos; muchas negociaciones se hacen en Estados Unidos y los traen al país.
En cuanto a las marcas, en el mercado nacional se habla de Grady White, Sea Ray, Regal o Boston Whaler, por mencionar algunas. Son las más vendidas por su calidad, explica Enrique Moll.

No todos los barcos pueden surcar los mares al estilo Julio Verne, de este aspecto también depende su tamaño, las de 25 pies en adelante se pueden emplear en alta mar, explica Melanie Moll.

Locos por el agua

La inmensidad del mar, sus secretos y enigmas han seducido a más de algún mortal. Habrá quienes prefieran contemplarlo desde tierra firme, pero otros no se conforman con ello y deciden investigarlo, ya sea buscando en sus profundidades o sobre sus aguas. Éste es el caso de los pescadores deportivos. Jorge Eduardo Sinibaldi, presidente electo de la Asociación Nacional de Pesca Deportiva, cuenta que Guatemala es la mejor cancha para este tipo de disciplina, pues en las costas del Pacífico se encuentra la mayor cantidad de pez vela del mundo, el más codiciado por esta disciplina.

La exposición que por medio de este deporte ha tenido el país ha contribuido también a que en el mercado nacional cada vez más se vendan embarcaciones. Pero también a que se generen fuentes de trabajo, así como captación de divisas. El club organiza cada año por lo menos 10 torneos, uno de éstos internacional, que atrae a miles de aficionados de otros países los cuales gastan un promedio, por persona, de US$800 diarios, explica Sinibaldi.

Hace unos tres años, el movimiento era bueno, pero, en la actualidad, si usted quiere participar de esta aventura, por lo menos en la Marina Pez Vela, no encontrará ni un lugar disponible para embarcar, dice.

Para Sinibaldi, el mercado del Pacífico está compuesto por 70 por ciento de lanchas y 30 por ciento de yates, contrario a lo que sucede en el Atlántico, porque en esta costa los usuarios prefieren otro tipo de actividades como el Surf, kite-surf, buceo, bodyboard o el hydrospeed, y las aguas de este lugar se prestan para ello.
La pesca, más que un deporte, es un estilo de vida. Uno puede compartir con toda la familia y disfrutar tiempo de calidad, admite Sinibaldi. Quizá por ello es que cada vez tiene más adeptos.


   

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