Semanario de Prensa Libre • No. 172 • 21 de octubre de 2007

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Punto final

Pagan justos por pecadores

Por: Sergio Muñoz Bata

Cuenta Miguel de Cervantes que una noche, cansado del escrutinio del centenar de libros en la biblioteca de don Quijote, y sobresaltado por un nuevo delirio del viejo hidalgo, el cura finalmente renuncia a seguir salvando libros de la hoguera y apresura la quema indiscriminada del resto.

El incidente le sirve a Cervantes para insinuar que entre los libros condenados hubo algunos que no merecían esa suerte y repetirnos que, una vez más, los justos terminaron pagando por los pecadores.

El recuento viene al caso porque, como alguna vez observara Jorge Luis Borges, “al destino le agradan las repeticiones, las variantes, las simetrías”.

Hace un par de semanas, cuatro siglos después de la publicación de El Quijote, el obispo de la Diócesis de San Diego California, Robert Brown, le dio nueva vida al refrán al pedirles a feligreses y sacerdotes de su congregación que le ayuden a pagar los casi US$200 millones que se les adeuda a quienes fueron victimados sexualmente por curas de esa jurisdicción.

La petición se da después de que, en febrero, la Diócesis intentó declararse en bancarrota, pero fracasó porque el juez que llevaba el caso juzgó que era poco probable que una institución que sirve a un millón de personas estuviera desamparada y falló que había 42 casos de abuso que podían llevarse a juicio.

Los hechos parecen darles la razón al juez y a los demandantes. Además del considerable número de propiedades que la Diócesis posee, se calcula que anualmente recibe unos US$165 millones entre limosnas dominicales y otras donaciones. Además, entre el seguro y otras órdenes e instituciones religiosas afiliadas a la Diócesis ya han quedado cubiertos más de US$100 millones en indemnizaciones.

Enfrentada a la contundente evidencia, la Diócesis cambió de estrategia y optó por emprender una campaña de recaudación de fondos que ha generado una enorme controversia entre los fieles. Según los reportes en diversos medios de comunicación, en principio los sacerdotes de la Diócesis estarían dispuestos a donar un mes de su salario para contribuir al pago. Para la Iglesia Católica es importante que los sacerdotes pongan el ejemplo y que los fieles contribuyan para que se inicie el proceso de reconciliación interna.

Dentro de la congregación hay feligreses que no cuestionan ni el pedido de limosna especial ni a su iglesia y que, por el contrario, están dispuestos a cooperar para que la Diócesis salga del atoro. Pero no todas las respuestas de los feligreses han sido tan positivas. Hay quienes piensan que, en vez de haber negociado un arreglo monetario con las víctimas, la Iglesia debió permitir que los sacerdotes pederastas comparecieran ante la justicia y que quienes resultaran culpables fueran a dar a la cárcel.

Otros han dicho que, antes de pedirles dinero a los creyentes, la iglesia debería vender algunas de sus propiedades. En otros, evidentemente más radicales, el viejo malestar con la enorme riqueza de la Iglesia ha resurgido con fuerza y hay quienes opinan que el asunto debería resolverlo el Vaticano. “Con el importe de una sola pintura (de La colección del Vaticano) se podría pagar toda la compensación”, declaró al LA Times una devota.

En buena medida, el caso de la Arquidiócesis de San Diego es, si acaso, una muestra del enorme problema nacional de la Iglesia Católica con los sacerdotes pederastas. El Informe John Jay, publicado por la Conferencia de Obispos Católicos en el 2004, reveló la existencia de acusaciones de abuso sexual contra cuatro mil 392 curas en EE. UU., es decir aproximadamente cuatro por ciento del total de sacerdotes en funciones. Pero no dejó claro cuántos de éstos fueron protegidos por la jerarquía eclesiástica a pesar que su historial depredador era bien conocido.

Se calcula que hasta mediados de este año en toda la nación la Iglesia Católica habría pagado indemnizaciones por unos dos mil millones de dólares.

Lo sorprendente, en todo caso, es que sólo se sabe de acusaciones contra curas abusivos en menos de 20 países.

En América Latina, por ejemplo, las acusaciones de pederastia contra el clero son escasas y esporádicas en países como Argentina, Brasil, Chile o Colombia. En México, el único caso ampliamente conocido de abuso sexual fue el del poderoso sacerdote Marcial Maciel, fundador de la orden de legionarios de Cristo, a quien el 19 de mayo del 2006, el propio Papa Benedicto XVI le ordenó dejar su ministerio y retirarse “a una vida de oración y arrepentimiento”, y aclarar que sólo su avanzada edad y su frágil salud le salvaban del juicio en una corte eclesiástica.

¿Será que Estados Unidos y un puñado de países europeos son los más perversos del mundo o será que en las sociedades abiertas no sólo los justos terminan pagando por los pecadores?

   

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