El fiambre y mi hermano
El Día de los Santos dio a luz mi madre, y yo me hice cargo del negocio familiar. Tenía 12 años

Era 1 de noviembre de 1951 cuando nació uno de mis hermanos. Este acontecimiento hizo que, a mis 12 años de edad, me hiciera cargo de cumplir una tradición y negocio familiar. En ese entonces, estábamos establecidos en la 18 calle, entre 2a. y 3a. avenidas de la zona 1.
Como era costumbre, mi mamá, con muchos días de anticipación, y con la ayuda de familiares y empleadas, había preparado todo para vender el famoso fiambre, sin contar que a mi hermano se le había ocurrido venir a este mundo precisamente la madrugada de ese día.
Había compromisos con los clientes, que con antelación, encargaban sus platillos, había invertido mucho en ellos; los ingredientes que se requieren para la elaboración... ¿Qué hacer?
Afortunadamente, teníamos una muy querida empleada y excelente cocinera —Regina es su nombre—, quien me dijo: “No se preocupe Mima, de ésta salimos adelante; yo la ayudo, vendámoslo”. Así fue, creo que ese año vendimos más que en otras ocasiones, y fue así como logramos salir del compromiso y al mismo tiempo ayudar a mi papá, quien, por cierto, pasó el día acompañando a mi mamá en el hospital.
Desde ese día (haga usted la cuenta), llevo preparando y vendiendo el buen fiambre, ahora en mi local (cafetería Corazón de Jesús, ubicada en la 19 calle 1-26, zona 1) que como una tradición me quedó el encargo y espero seguir hasta que la salud me lo permita.
Irma Figueroa de Galindo
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