Semanario de Prensa Libre • No. 165• 2 de septiembre de 2007

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Punto final

Chávez toma el poder

Por: The New York Times

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El lenguaje orwelliano, deliberadamente ambiguo y contradictorio, está vivito y coleando en Venezuela. El presidente Hugo Chávez presentó planes para enmiendas constitucionales que le permitirían ser reelegido de manera indefinida, diciendo que eran un paso hacia la “democracia participativa”.

El plan de Chávez es tan sólo otro paso en la marcha hacia el aumento del control de su gobierno sobre la política y economía del país que gobierna. Detrás de las tácticas de retórica orwelliana, sus esfuerzos por amasar poder y aferrarse a él durante el tiempo que pueda están socavando la democracia del país sudamericano.
Chávez sigue siendo, al menos técnicamente, un demócrata. En elecciones consideradas justas por observadores internacionales, él ha

vapuleado en repetidas ocasiones a la disfuncional oposición. Obtuvo una victoria contundente en diciembre pasado, extendiendo su mandato hasta el año 2012. Las reformas a la Constitución que él propuso deben ser sometidas a una votación en la Asamblea Nacional, así como a un referendo.

Sin embargo, la vena respetabilidad democrática de su gobierno se está desgarrando. Cada integrante de la Asamblea Nacional es un aliado de Chávez. Éstos también encabezan la Suprema Corte, todos los estados con la excepción de dos, aunado a Petróleos de Venezuela, la paraestatal dedicada a la extracción del hidrocarburo.
Además, su gobierno no ha sido tímido para usar el aparato del Estado con el fin de impulsar la vasta popularidad de Chávez entre los pobres del país. Luego que el gobierno revocara la licencia de RCTV, agresiva red de televisión de la oposición, el gobierno la usó para crear otro órgano vocal del gobierno. Apuntalado por el enorme gasto público que financia los elevados precios del petróleo, Chávez ha usado su enorme popularidad para extender el poder de su gobierno sobre grandes áreas de la economía, incluidas las empresas telefónicas y de electricidad.

Las propuestas de su reforma reforzarían su control, nacionalizando el carbón y el gas, despojando al banco central de su independencia y permitiendo que el gobierno lleve a cabo expropiaciones de propiedad privada sin obtener antes una orden judicial.

El alegato de Chávez en cuanto a que él está incrementando la “democracia participativa” al darle voz a los pobres y desposeídos, se apoya en gestos como la propuesta con miras a crear consejos gobernantes de las bases populares, los cuales tendrían autoridad ejecutiva sobre una amplia diversidad de temas. De hecho, ellos erosionarían incluso más los controles y contrapesos democráticos, pues despojarían a gobiernos estatales y locales de poder, donde los partidos opositores conservan cierto vestigio de poder, y se lo darían a las entidades dependientes del gobierno central.

De hecho, el plan de Chávez con miras a permitirse las postulaciones para la reelección tantas veces como lo desee —con miras a alcanzar su objetivo declarado de gobernar hasta el 200 aniversario de la independencia venezolana en 2021—, podría dejar a Venezuela en el puño de un caudillo todopoderoso a lo largo de muchos años más. Su democracia es participativa en cuanto a que solamente Chávez y sus amigos son capaces de participar.


   

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