Semanario de Prensa Libre • No. 165• 2 de septiembre de 2007

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D lectoescritura

El reto de hablar y leer
Dislalia y dislexia parecen un juego de palabras, pero en realidad son dos problemas de lenguaje

Por: Ingrid Roldán Martinez
Fotos: Carlos Sebastián

Cuando el niño tiene dificultad para pronunciar algunas letras como la “r” y la “d” y la “t”, conviene prestarle atención, porque podría padecer dislalia, un desorden que se refiere a la dificultad para emitir ciertos sonidos. Pero si los tropiezos son con la lectura y la escritura, podría tratarse de dislexia. Ambos problemas, si bien no son graves, afectan el desarrollo del niño en el proceso educativo y su relación con los demás.


La dislexia exite en todas las lenguas y culturas.

En los primeros años de vida, cuando el ser humano está aprendiendo a hablar, es normal que no lo haga con facilidad. A medida que avanza, adquiere habilidades de pronunciación y fluidez verbal. A los cuatro o cinco años ya debe haber alcanzado un buen grado de madurez. Sin embargo, quienes padecen dislalia presentan un retraso significativo, respecto de los de su edad.


Algunos psicólogos recomiendan la
práctica de ciertos ejercicios.

El licenciado en psicología y terapista del lenguaje Riquelmi Gasparico, del Centro Especializado en Rehabilitación, define la dislalia como un trastorno en la articulación de los fonemas. Los que representan más dificultad de pronunciación, además de los ya mencionados son la “s”, y las confusiones entre “d” y “r”, “r” y “l”. También se pueden dar omisiones, sustituciones o distorsiones de sonidos dentro de las palabras. La dislalia es más común de lo que se cree, afirma el profesional.

Los padres deben estar atentos a cómo sus hijos dicen las palabras. Desde pequeños deben hablarles con la pronunciación correcta, sin diminutivos e incentivarlos a emitir sonidos tan simples como: “la la la”, que hace que la lengua vibre. A hablar se aprende escuchando y hablando.

Pero hay padres que no se percatan de las dificultades de su pequeño al intentar comunicarse. La situación se torna evidente cuando éste ingresa a la escuela y es el maestro quien nota que su alumno no ha alcanzado el nivel de desarrollo adecuado a su edad. El pequeño se enfrenta con obstáculos al intentar articular su discurso.

Esto hace que tanto el maestro como sus compañeros no comprendan lo que quiere decir. Se expone a que los demás niños no lo entiendan, le hagan repetir las cosas una y otra vez e incluso se burlen de él. Esto termina por desesperarlo y que tome una actitud hostil o se niegue a jugar con otros y se aisle.

El libro Guía para padres, de Cultural de Ediciones, especifica que este tipo de trastorno puede deberse a malformaciones congénitas de los órganos de la cavidad bucal (dislalias orgánicas), entre las que se encuentran frenillo corto, problemas en el velo del paladar, el tamaño de la lengua o lengua bífida y mala ubicación de los dientes que alteran el paso del aire y da lugar a pronunciaciones inadecuadas.

Otros factores que afectan son los hábitos inadecuados del habla a consecuencia de un medio ambiente desfavorable (dislalias funcionales).

“Los trastornos de la articulación pueden ir acompañados de un retraso en el lenguaje y, a menudo, es posible hallar antecedente familiares con dificultades de pronunciación”, detalla el texto.

Otros autores mencionan también la dislalia evolutiva (fallas en la pronunciación o articulación) y audiógena se da como consecuencia de pérdidas o desórdenes de la función auditiva y psicogénica, debido a la lentitud de su aprendizaje.

“El” por “le”

Otra dificultad que afrontan los niños se relaciona con el lenguaje escrito. La dislexia interfiere en el aprendizaje de las palabras y de la lectura, a pesar de que la persona tenga una inteligencia promedio o por encima de la media, las motivaciones adecuadas y una vista y una audición normales.

Según el Manual Merck de Información Médica General, ésta tiende a presentarse en el seno de una misma familia y se da más en niños que en niñas. Se debe principalmente a deficiencias en la función cerebral al procesar los sonidos y el lenguaje hablado.
“Los chicos disléxicos pudieron tener algún tipo de dislalia en etapas más tempranas”, comenta Gasparico.

Es probable que los niños disléxicos comiencen a hablar muy tarde y presenten problemas para articular las palabras, recordar los nombres de las letras, los números y los colores.

Los primeros indicios de este problema son la lentitud o las vacilaciones al elegir las palabras o al sustituir una por otra y en el orden que van las letras en una palabra, por ejemplo “el” por “le”.

El mejor tratamiento, subraya el Manual Merck, es la enseñanza directa y ejercicios para mejorar la pronunciación y la comprensión de la lectura.


   

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