Una noche con la Marimba de Bellas Artes
En Toronto, el grupo nos hizo
recordar lo mejor de nuestra Guatemala

El que vive lejos de la patria sabe que los sentimientos hunden sus raíces en los registros sensoriales escritos en el pasado. El hijo ausente sabe que la vida esconde una multitud de celadas: el olor que recuerda la casa de la infancia, aquel rostro cuya semejanza transporta a otros tiempos y lugares; la comida y el color del día. Hay un antes, que es la vida en la patria, y un después, que es un acostumbrarse a vivir en otro lugar, mientras se añora el propio.
Este proceso es aún más complejo para los guatemaltecos ausentes, que se angustian con la situación de una sociedad que no conoce la paz y la justicia. La tristeza y la frustración se alimentan con las muertes sin sentido, con la intolerancia, con la corrupción. La patria no deja de doler.
Gracias a la Asociación Guatemalteco-Canadiense, un grupo de chapines que vive en Toronto se reúne para gozar del instrumento nacional. Muchos de ellos no tuvieron más remedio que dejar el país debido a esos malos ciudadanos que siguen ofendiendo a la patria. Se presenta la Marimba de Concierto de Bellas Artes, del Ministerio de Cultura y Deportes. Desde la primeras notas, el corazón brinca de júbilo; las manos empiezan a inflamarse; la garganta se irrita. Una multitud de recuerdos convocada por la magia del sonido.
Los miembros de este grupo artístico recuerdan lo mejor de nuestro terruño. En el escaparate de nuestros orgullos está este conjunto artístico compuesto por hombres y mujeres con un talento pulido por la más estricta disciplina profesional. Estos artistas se encargan de evocar las texturas sensoriales y espirituales que sólo pueden ser ofrecidas por un país como el de la eterna primavera.
Es hermoso que aquellas personas que tienen una vaga idea de chapinlandia (generalmente, mala), se vayan fascinados por este hermoso sonido.
Es todo un detalle que nuestra patria nos deje un sabor dulcísimo en la boca. Pasar días y días emocionado con las cadencias vegetales de nuestro instrumento. El presentador nos pedía que viajáramos en la imaginación a Atitlán o a la Antigua. Y no faltó el chistoso del publico —chapín al fin— que agregó el Puerto de San José.
Los olores, los sabores, los colores nos construyen como seres humanos. No podía pensar en más que en el alma de un guatemalteco de buen corazón siempre hay contiendas de pájaros y flores —para recordar el verso de Asturias—. Gracias a los maestros de la Marimba de Bellas Artes por hacer renacer en nosotros el orgullo de ser guatemaltecos.
Jorge M. Rodríguez-Martínez,
desde Canadá.
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