Semanario de Prensa Libre • No. 166• 9 de septiembre de 2007

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Editorial

A propósito
Práctica de Antaño

Por Viviana Ruiz
Editora Revista D

Para Servando Z. Hinojosa, doctor en Antropología de la Fundación para el Avance de los Estudios Mesoamericanos (Famsi), lo que en Guatemala se conoce como hueseros (personas que “mueven” huesos como una forma de tratamiento médico), es un arte que tuvo sus orígenes en las antiguas civilizaciones egipcias y griegas y practicada en todo el mundo. Aunque en muchos lugares ya no es un hábito, en el país el fenómeno pervive.

El periodista Francisco Mauricio Martínez viajó a San Pedro La Laguna (Sololá), lugar donde se encuentran algunos de los más reconocidos “recolocadores de huesos”. Además, extendió su investigación por Huehuetenango y Villa Nueva (Guatemala). Para desarrollar su trabajo, también contó con el aporte del historiador e investigador Horacio Cabezas, quien asegura que esta técnica, que no cuenta con un aval científico, se transmite en la cultura maya por tradición oral, es decir, el huesero elige a uno de sus hijos para comunicarle toda su experiencia.

Aunque, según Hinojosa, la práctica es empírica y poco tiene que ver con lo divino, Sunu Bixcul, de San Pedro La Laguna, relata que curar huesos es un don que Dios le reveló por medio de un sueño, hace 20 años. Sobrehumano o no, lo cierto es que estos curadores guatemaltecos aún continúan prestando sus servicios a quienes lo requieren: personas aquejadas por lastimaduras en rodillas, tobillos, codos, cuello, espalda o cadera, por ejemplo.


   

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