Semanario de Prensa Libre • No. 166• 9 de septiembre de 2007

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D frente

Tarzán López
“A veces me sorprendo a mí mismo”
El amor entre una gitana de Budapest y un cirquero huehueteco dio origen a un personaje de leyenda

Por: Franciso Mauricio Martínez
Fotos: Carlos Sebastián

Tarzán de los monos es uno de los personajes literarios más conocidos del mundo. Durante varias décadas, a partir de 1930, apareció en películas, historietas y programas de televisión, acompañado del chimpancé Chita. Su creador, Edgar Rice Burroughs, lo proyecta como el hijo de una pareja inglesa que, después de su muerte, es adoptado y educado por una banda de monos en África.

En el país, desde finales de la década de 1940, este personaje ha sido imitado en el mundo circense por la familia López. Durante este lapso, tres personas lo han encarnado desde la plataforma del circo Rex, hoy Rey Gitano. La historia nació con la unión de la húngara María Elena Mackornik y el guatemalteco Manuel López Ochoa. Alfonso y Francisco (hermanos) y actualmente Christian (hijo del segundo) han tomado este papel y su vástago, Gino Tarzán, ya se prepara. A continuación, extractos de una entrevista con Christian.

¿Cómo se inició en el circo?

Nací y aprendí a trabajar aquí, este lugar es mi casa. Recibí el nombre de Tarzán López cuando tenía 15 años y mi actuación consistía en darle vueltas alrededor de la pista a una jirafa, la cual montaba, cosa que ellas no permiten. También tomaba entre mis manos un coralillo.

¿Cómo se inició la figura de Tarzán en el circo?

A mi tío Alfonso López le gustaba el personaje creado por Edgar Rice Burroughs y cuando se retiró del circo, mi papá (Hugo Francisco) lo tomó y se convirtió en el segundo Tarzán. Yo soy el tercero desde una vez que estábamos aquí en el Campo de Marte y mi papá llamó a unos reporteros y les dijo que yo era el heredero de ese nombre. La fecha no la recuerdo, pero tenía 15 años y ahora tengo 32.

Su tío, el primer personaje, ¿qué hacía en el circo?

Mi papá ya se había independizado de él cuando lo conocí. Lo único que recuerdo es que, debido a su vejez, y porque había perdido sus piernas y una mano, por la gangrena, yo lo acompañaba a hacer su súper… yo era su bastón.

Y su padre ¿en qué momento toma ese papel?

No recuerdo, porque él fue polifacético: sabía hacer de todo, desde entrenar un animal, hasta actuar como alambrista o trapecista y era experto en todo lo del circo, desde armarlo hasta administrarlo.

¿Tuvo su padre accidentes a raíz del trabajo?

Una vez, cuando yo era adolescente, se le tiró una pantera y en otras ocasiones fue mordido por las fieras, por lo cual andaba con los brazos llenos de cicatrices. Esos riesgos los corremos todos. A mí, un tigre, cuando jugaba, me apretó una pierna con sus colmillos, y a raíz de esto anduve dos meses con bastón y así actuaba.

¿Por qué lo eligen a usted para continuar con esta leyenda?

Porque siempre me han gustado los animales y ahora le estoy enseñando lo mismo a mi hijo, incluso, su nombre propio es Gino Tarzán López, porque va a ser el cuarto heredero.

Las personas sienten temor por las fieras, ¿y usted?

Como han crecido conmigo, no siento miedo; son como mi familia, no les tengo miedo sino respeto y ellas por mí. Si el animal está agresivo no hay que acercársele, sino darle su espacio.

¿Cómo percibe usted este estado de ánimo?

En la mirada, la nariz se les arruga, las orejas se les para y el pelo se les levanta. Los dejo y cuando miro que ya se tranquilizaron, seguimos actuando. En los circos de los hermanos López los animales son los actores primarios, después están los trapecistas, contorsionistas y alambristas; con esto quiero decir que los animales son los más importantes.

¿Cómo ejerce control sobre ellos?

Es porque yo los alimento. Les llevo bananos, pollo a los tigres y cuando los entreno también les doy alimentos, lo cual no significa que los deje sin comida para que hagan alguna gracia. Muchas personas dicen que se les hace pasar hambre o se les quema para que hagan esto; pero en mi caso es con puro cariño y premios.

¿Cómo transcurre un día en su vida?

Me levanto a las seis de la mañana, junto a mi hermano Francisco (42), a limpiar “las gracias” que hacen los animales en las jaulas y los residuos de comida. Les damos agua y comida, mientras llegan las 7 de la mañana y luego llevamos a nuestros niños a la escuela. Regresamos, seguimos lavando las jaulas hasta que llega el mediodía.

Durante la tarde damos mantenimiento, por ejemplo, vemos si una carpa está sucia o un camión descompuesto.

¿Cómo logran darle educación a sus hijos?

Nosotros vamos de pueblo en pueblo y el decreto 38-70 dice que deben brindarnos colaboración, y una de esas es que reciban a nuestros hijos en las escuelas; así estudié yo y mis padres. Tienen obligación de recibir a nuestros hijos, pero a veces tenemos el problema de que la escuela está enfrente del circo y no los quieren recibir. Muchos maestros nos discriminan, porque somos de circo y nos dicen que no hay espacio.

Por lo general, ¿hasta qué grado estudian?

Yo, junto a mis hermanos, estudiamos la primaria y lo mismo hicieron mis papás. Hay primos que han estudiados más, pero ya no viven en el circo. Tengo unos sobrinos que son bachilleres en ciencias y letras y viven aquí en el circo. Es más complicado estudiar el ciclo básico.

¿Qué tan seguido los familiares abandonan el circo?

Cuando sucede es muy triste porque está desapareciendo un artista que lleva un modo de vida poco usual en el mundo. En Guatemala, gracias a Dios, todavía habemos como mil personas de distintas familias que vivimos de esta profesión. En el caso de los López, sólo quedamos seis hermanos que hacemos circo; cinco hombres que aún estamos aquí y una mi hermana que formó su propio circo. Uno de mis hermanos está por independizarse nuevamente, ya que durante el invierno pasado le fue mal y regresó.

¿Qué tan complicado es formar un circo?

Es muy duro, porque aquí todo lo hacemos en conjunto, funcionamos como los dedos de una mano. Independientemente es muy difícil porque tiene que hacerse todo, desde los animales hasta el predio donde se instalan.

¿Qué es lo más difícil para ustedes?

La falta de terrenos. A veces hay algunos, pero el dueño no lo alquila aunque lo tenga abandonado. Una vez, en la zona 6, ya nos habían autorizado un terreno, que no era privado, y cuando llegamos con nuestros camiones un grupo de personas no lo permitió, inclusive, pusieron en el sitio a un anciano en silla de ruedas para que no nos instaláramos. Nos fuimos, porque nos dijeron que éramos ladrones y pegamenteros y hasta amenazaron con quemar los camiones.

Cuando se habla de los payasos, se piensa en la diversión de los niños. ¿Está desapareciendo esto?

Se está acabando, pero no por culpa de los niños, ni los padres, sino porque las personas no ven un circo cerca de su barrio o colonia para asistir, entonces, se olvidan; porque sólo ven la televisión.

¿Cuál es el futuro?

No lo sabemos. Nuestra profesión es ser cirqueros y vamos a morir haciendo circo, aunque lleguemos al nivel más pequeño o grande.

 

   

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