De estudiante a director
Desde los cuatro años de edad, el Loyola ha sido mi segundo hogar

Nací el año en que Pablo Neruda ganó el Nobel de Literatura, Stanley Kubrick estrenó la Naranja Mecánica, y en que se fundó el movimiento pacifista Greenpeace, era el año de 1971.
Mi nacimiento sucedió a pocas cuadras de la iglesia La Merced y del colegio Loyola. Desde niño crecí viendo un antiguo cuadro de Ignacio de Loyola, cuando escribe los Ejercicios Espirituales (camino psicopedagógico espiritual de encuentro con Dios), y mi nombre es Ignacio. Mi madre daba clases en el colegio Loyola, así que muy pronto sus patios y corredores se me hicieron familiares. Aquí me solté a caminar y a correr y, desde los 4 años, este colegio ha sido mi segundo hogar.
Cuando entré a kinder extrañaba los días en que no iba a clases y en los meses de vacaciones era paso obligado caminar frente a la 4a. calle, de la 12 avenida, para decirle adiós al sitio en el que aprendí a leer y a escribir. Ahí me nació la vocación a la docencia y a la Compañía de Jesús.
Muy pronto mi hermana menor se convirtió en mi primera alumna, a los tres años empezó a conocer las vocales y a los cinco a escribir y leer con fluidez, porque todo lo que me enseñaban en el “cole”, con paciencia y atención, ella lo aprendía por la tarde.
Cuando sucedió el terremoto de 1976 (tenía cinco años) y vi a los sacerdotes Navascues y Alvarenga, mi primera pregunta fue: ¿Cómo está el colegio?…
Y así fui creciendo entre risa y juegos, con el piano de mi maestro de música Jorge Mario Arana, la pandereta del profesor Félix en Educación Física, la disciplina y talante de la señorita Clara Luz y los cuidos y mimos de alguien que era algo más que el portero: el guardián de todos los que hemos pasado por el Loyola, Juanito.
Bajo la mirada de un hombre que inspiraba ternura, seguridad y transmitía a Dios: el padre Nicolás Alvarenga SJ. Cuando fui creciendo entre las aulas y patios del colegio, nunca pensé que un día volvería como director general, a tratar de retornar tanto bien recibido. Pero antes debía pasar un largo camino de formación que empezó con mis estudios de magisterio y siguió con mi ingreso al noviciado de los jesuitas en Panamá. Luego estudié una licenciatura y especialidad en Filosofía en la Universidad Centroamericana de San Salvador y otra en Teología.
También saqué un posgrado en espiritualidad en la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid; maestrías en Psicopedagogía y Dirección Educativa en la Universidad Complutense de Madrid y otro posgrado en Dirección y Desarrollo de personas en Eseade Bussines School.
Después de este recorrido de 20 años, volví al sitio donde me nació la vida y la vocación.
P. W. Ignacio Lange Cruz, SJ.
director general colegio Loyola
desde Canadá.
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