Descanso con color y tradición
Sus bellas calles y edificaciones, pero en especial sus cautivantes habitantes, hacen de este poblado algo especial para el visitante
Por: Julieta Sandoval
Fotos: Carlos Sebastián
Dicen que Santo Domingo Xenacoj, Sacatepéquez, era el símbolo de la resistencia pacífica del pueblo indígena maya kaqchikel frente a la milicia española, fundado por Fray Benito de Villacañas. Un militar español quería tomar las tierras como encomienda, para evitarlo, el fraile llevó a un grupo de indígenas de San Pedro para construir casas e iglesia y así evitar la invasión, lo cual consiguió.

Más de 400 años después, al estar en el lugar se diría que este poblado se sigue resistiendo, ya no ante el conquistador, sino a dejar atrás sus tradiciones y costumbres. Al recorrer sus calles, muy bien trazadas y ordenadas, se aprecia ese estilo particular que los pueblos guatemaltecos han tenido.
El viernes, día de mercado, miles de flores llegan procedentes de San Juan Sacatepéquez, ya que la tradición es adornar iglesia, cofradía y tumbas en el cementerio, dice Lilian Alicia Choc, secretaria de la parroquia.
Los colores de los lirios, crisantemos, margaritas y otras especies se confunden con los vistosos y elegantes trajes de las mujeres, el mayor porcentaje de la población es indígena, por lo que ellas aún preservan esa costumbre, algo que en los hombres ya no es notoria.
Lugares para visitar
Al consultar qué sitios son llamativos para el visitante, José Aquino, de la Municipalidad de Santo Domingo Xenacoj, enumera varios, entre ellos están los siguientes.
El templo, que este 15 de septiembre cumple 403 años de haber sido construido. Una de las edificaciones hechas para la fundación del pueblo. Se empezó a erigir en 1560 y se terminó 24 años después, en 1604, según el libro Crónicas de la comunidad parroquial y del pueblo de Santo Domingo Xenacoj, de Juan Manuel Larios. Tiene un estilo sencillo, pero sin olvidar lo artístico. Aquí están los restos de Villacañas, encontrados a un costado del inmueble. “Creemos que es él, aunque no se tiene la certeza científica”, comenta Choc.
El museo Fray Benito de Villacañas, organizado en homenaje a él, es otro destino para el viajero. En una sala se conserva cerámica, huesos, objetos de madera, ornamentos religiosos, vestimenta y libros utilizados por religiosos a lo largo de estos años. Es abierto cuando alguna persona desea visitarlo, “por lo que debe acercarse a la casa parroquial para requerir el ingreso”, explica Choc. Cuando se dirige hacia la habitación, se puede observar el patio y fuente de la estancia religiosa, un lugar agradable para el recogimiento.
El parque central, rodeado por la iglesia, el mercado y la municipalidad, prevalece la vegetación verde. Al acomodarse en sus bancas se puede respirar el aire fresco y la tranquilidad del lugar, incluso no hay vendedores ambulantes para no interrumpir la quietud.
La Cofradía, en donde se rinde también reverencia a Santo Domingo, se encuentra en una casa vieja exclusiva para ella. En una de las habitaciones que rodean el inmenso patio está la imagen venerada. Las mujeres cofrades de forma laboriosa colocan flores cada semana. Para ingresar a ella, los turistas deben identificarse.
Si se desea salir un poquito del casco urbano, están las quebradas de Chajanel, un terreno de la comuna.
En el municipio no hay hoteles, la cercanía de la capital no los ha hecho necesarios, ya que está a menos de dos horas. Si desea apartarse un poquito de las multitudes y de las actividades agitadas, Santo Domingo Xenacoj es un buen destino para visitar.
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