Semanario de Prensa Libre • No. 167• 16 de septiembre de 2007

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D frente

Humberto Ak’abal
¿No es la muerte el último poema?
El poeta guatemalteco más difundido hasta el momento, comparte algo de su vida literaria

Por: Juan Carlos Lemus
Fotos: Carlos Sebastián

En el diario italiano Corriere della Sera (8 de mayo de 2000) aparece un artículo titulado: “Las dos Américas al espejo”. Un subtitular, en medio de la foto de Álvaro Mutis y Humberto Ak’abal, dice: “El viejo blanco y refinado y el joven indio del área rural de Guatemala”. ¿Qué tiene ese poeta momosteco que ha despertado interés en círculos de más de 20 países y cuyos libros —para disgusto de algunos intelectuales de su propio país— han sido traducidos al alemán, italiano, sueco, francés, noruego, inglés, vietnamita y otras lenguas?

En octubre de este año será publicado, en árabe, su libro Guardián de la caída de agua (por Walid AlSwairki, editorial Grande Maire d'Amman). Ak’abal traduce su propia obra del k'iche' al castellano, o viceversa, tarea compleja que lo ha hecho reestructurar sus textos como si fuera, él mismo, dos poetas en uno. Su declinación en el 2003 al Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias le trajo severas críticas.

Su argumento: “Asturias fue racista en su tesis El problema social del indio (1922)”. Aun cuando se trata del poeta guatemalteco actual más traducido en el mundo, paisanos suyos antropólogos, sociólogos y escritores, sobre todo estos últimos, han querido minimizar sus logros y sólo ven en él a un buen promotor de su obra, a la que, por cierto, tildan de “simple”.

Acaso son tan sólo extraños “celos profesionales”, mas lo cierto es que este autor de decenas de libros se ha sentado a la mesa de lectura junto a poetas como Eduardo Galeano, en Austria; Ernesto Cardenal, en Venezuela; Mario Luzi, en Italia; Juan Luis Panero, en Perú; Gonzalo Rojas, en Italia, y sería ocioso continuar la lista.

Según usted, ¿para qué puede servir la poesía en esta sociedad guatemalteca, y en estos tiempos?

Guatemala vive un espejismo, porque, si bien es cierto que hay computadoras y celulares por todos lados, eso no significa que seamos un país altamente tecnificado, y, por otro lado, la contradicción: aún tenemos un alto índice de analfabetismo. Entre estos dos polos,

¿tiene un lugar la poesía, o puede servir de algo? Yo creo que sí, porque la poesía no es un producto de consumo de masas, ella es sutil y se aloja en el corazón de la persona más sencilla, así como en el corazón del encumbrado, porque, lo admitamos o no, la poesía es el aliento de la sensibilidad, la poesía la necesitan todos, incluso aquellos que reniegan de ella, se nace y se muere con ella: ¿no es la muerte el último poema de la vida? Hay una poesía que se disfruta leyéndola y hay otra que se lleva dentro del alma y no necesita palabras.


¿Estaría de acuerdo en que al poeta actual le hace falta grandes ambiciones poéticas y lo que más le interesa es publicar?

En cierto modo, tenés razón, porque por ahora no tenemos grandes nombres con propuestas que nos sacudan, y no se debe a que no se estén fermentando cosas, sino quizá se deba más bien a que hay que rebasar las emociones inmediatas, hace falta esa práctica del ejercicio de escribir. Pero, también, creo que contribuye ese desencanto mundial que provocan las llamadas potencias que han venido a mecanizar a la gente, la quieren meter a puro huevo en una camisa de fuerza, la quieren uniformar, hay muchas imposiciones que están ahogando la voz del espíritu. Sin embargo, creo que la poesía ambiciosa no ha muerto y de un momento a otro alzará su voz.

¿Cuál es su opinión sobre torneos literarios, festivales de poesía, congresos y otras variantes?

He participado en varios festivales gigantescos en distintos países del mundo; en muchos hay derroche de emociones. No todos los que participan son poetas propiamente dichos. En algunos de esos festivales, uno no es más que un espectáculo, participa una gran cantidad de poetas, tanta que se pierde la comunión, sólo es masa y, después (lo hemos comentado con otros poetas), queda la pregunta de la efectividad de la misma. Es muy difícil encontrar comunicación en esos ambientes. En muy contadas ocasiones he tenido contacto con personas que luego han dado frutos: algunos editores, algunos traductores o críticos serios. En otros países se celebran encuentros pequeños, con temas definidos, con público reducido, con diálogo abierto y directo, en donde ponen a prueba tus razones de presunto poeta. En estos encuentros es en donde he salido más beneficiado y enriquecido, he aprendido mucho.

Respecto de la comercialización de la poesía, ¿cuál es su actitud como poeta?

Hombre, yo me esfuerzo a mi modo; no soy poeta de altos vuelos. Soy una especie de vendedor ambulante a crédito, me explico: dejo mi palabra y el resultado, el fruto, lo busco después. Voy cargando mi propia palabra, mis libros no se distribuyen en grandes cantidades, las editoriales que me editan son pequeñas. Lo que me asombra es la magia que tiene la poesía, porque ella sola forma su cadena de lectores, incluso, en otros idiomas. Ya ves: yo no soy difundido por editoriales trasatlánticas, sin embargo, mi trabajo ha llegado lejos.

¿Le interesaría ser editado por una de esas editoriales trasatlánticas?

Para mí, las editoriales pequeñas han sido más efectivas, porque ellas apuestan, no para el presente, sino para el futuro; muchas de ellas son las que tienen en su archivo los grandes nombres que seguimos leyendo hoy. Afortunadamente, los poetas contamos con ellas, si no, ¿qué sería de nosotros? Las editoriales grandes muchas veces sólo sirven para sepultarte.

Han difundido bien sus libros, en varios idiomas. ¿Cuál es la diferencia entre eso y lo que normalmente se llama “poeta de altos vuelos”?

Creo que ha sido una suerte que esas editoriales me hayan tenido confianza o, mejor dicho, que hayan confiado en mi obra. Es importante dejar claro que mis lectores no son multitudes, pero los pocos que se han quedado con mi poemas los han hecho suyos. En realidad, la poesía camina sola. Tocando de puerta en puerta ha llegado a varios países del mundo, y es algo que agradezco a mis traductores, porque si ellos no hubieran hecho un gran esfuerzo por hacer suya mi palabra, quizá el efecto no fuera el mismo, pero eso no quiere decir ser alguien de altos vuelos.

¿Alguna vez ha sentido ese “miedo ante las palabras”?

Siempre he tenido miedo a la hora de escribir, en el sentido de no traicionarme, de no escribir forzado, y aprender a esperar el llamado de esa voz apenas audible de la poesía. Ese miedo es a que las palabras que voy a usar en un poema, aunque sean las más rudimentarias, debo usarlas con respeto para que no suenen vacías y que quede mi corazón en ellas. Una vez hilvanado el poema, siento cierta tranquilidad, que es lo que me ayuda a superar el temor inicial. Pero cada vez que comienzo a escribir me tiembla el corazón, me sudan las manos y vuelvo a sentir el temor de la primera vez.

Los escritores se quejan de que “es muy difícil publicar”, que “nadie lee”, que la poesía “no da…” ¿Cuál es su opinión sobre esto?

Me parece un error comenzar al revés. No todos tienen la suerte de ser publicados a las primeras de cambio; muchos hemos tenido que esperar, y lo que tiene que llegar, llega, si no, no. Publicar para ser leído suena presuntuoso, no debe ser uno quien busque lectores, es el libro el que los busca. Publicar para ganar dinero, qué absurdo. Recuerdo haber leído en alguna parte algo que dice: “La poesía no se vende, porque no se vende y punto”.

¿Vive usted de la poesía?

Yo no vivo de la poesía, pero la poesía sí me mantiene vivo.

¿Cuál es la verdadera razón de la poesía en un mundo asediado por el consumo y el mercado?

La poesía no debe su razón al consumo ni al mercado, según yo. Su razón viene desde la creación del tiempo, es inherente al ser humano. De allí que nunca ha sido producto de consumo de masas ni mucho menos publicitario. La poesía, más bien, ha sido susurrante, incluso aquellos que han coqueteado con ella y que luego se refieren a la poesía en tono despectivo, han sentido el despertar de la vida en un verso.

La poesía es un acto íntimo y sincero. A mí me ha dado las llaves de la libertad. Desde el fondo de mí mismo he sentido la necesidad de aferrarme a algo, y ese algo ha sido la poesía. No en vano se ha cultivado en todas las culturas, en todas las épocas y en todas las lenguas. La poesía nació antes que las religiones, es un credo individual y no hace proselitismo. No hay nada más espiritual que la poesía: sólo con ella puedo llegar a mis propias profundidades.

Esas profundidades del ser son oscuras. En su caso, ¿cómo las hace lenguaje claro?
Toda profundidad produce vértigos y es oscura. En mi caso, mi propia vida y mis raíces son esas profundidades, y no ha sido fácil para mí encontrar la manera de darle forma escrita a mis emociones. Me he hecho un lenguaje, he hecho acopio del habla de mi gente, la manera de cómo se expresa mi pueblo me ha servido de base. Soy un poeta tardío porque mi formación ha sido lenta. La sencillez de mi poesía se debe a que he tenido la necesidad de ser claro conmigo mismo para salir de las oscuridades de mis propios tormentos. Si me refugiara en un lenguaje hermético no podría encontrar esa libertad a la que me he referido.

¿Cuál es su opinión sobre la poesía del mundo actual?

No puedo convertir mi opinión en algo tan grande como sería abarcar el mundo. Mi opinión, en todo caso, se reduce a lo poco que conozco de cerca. Me parece que en la actualidad hay cierta confusión entre la mayoría de los jóvenes, por la cantidad de información que hay; muchos no saben qué hacer con esa avalancha, esto ha provocado que veamos cosas o leamos textos en los que no hay una definición de su sentido, al grado de que muchos han llegado a creer que todo lo que se hace y se escriba es poesía. Pienso que eso es abusar de la libertad del lenguaje; la poesía no es decir algo, sino tener algo que decir. Sin embargo, en medio de todo el barullo, también he encontrado propuestas interesantes, lo que, según mi parecer, le da salud a la poesía. También quiero referirme aquí a la irrupción que ha hecho en la poesía la participación de las lenguas minoritarias, las lenguas indígenas, no sólo de América sino de otros continentes. En nuestro caso es más lento, el peso de la colonia aún deja sentir su lastre. Nuestros ancestros tenían en alta estima la estética de la palabra, pero las nuevas generaciones mayas han descuidado la lectura de grandes libros como el Popol Wuj, Los cantares de Dzitbalche'… y esto los está convirtiendo en ignorantes de su legado.

A pesar de que su obra es bien difundida en el mundo, escritores guatemaltecos han dicho que sus poemas son demasiado fáciles. ¿Qué opinión le merece?

¿Qué quieren decir con eso de que “son demasiado fáciles”? Sé que mi poesía es sencilla y clara, y no creo que la sencillez y la claridad sean sinónimos de facilidad, ni que lo complicado o difícil sea sinónimo de calidad o de intraducible. Pero, además, son los traductores los que deberían responder a esa pregunta, ¿no creés? Lo único que puedo decirte es que, a mí mismo, cuando estoy tratando de trasladar del k'iche' al castellano o viceversa, a pesar de ser el autor no me ha sido fácil, he tenido que reelaborar en algunos casos mis textos en alguna de estas lenguas. Creer que hacer un poema sencillo es fácil, sólo puede decirlo alguien que no lo ha hecho, o como diría Brendan Behan: “Los críticos son como los eunucos del harén: saben cómo se hace y ven cómo lo hacen otros a diario, pero son incapaces de hacerlo”.

 

   

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