El viaje del cauca
Montañas, ciudades, deportes de aventura y la amabilidad de la gente en el suroccidente de Colombia
Texto y Fotos por: Ingrid Roldán Martínez
Desde la carretera que conduce de Guadalajara de Buga a Darién se ven las cumbres de la ramificación central de la Cordillera de los Andes. Cuando ésta entra en territorio colombiano se divide en tres; sus brazos se abren y le dan una topografía variada, quebrada, que se extiende más allá del horizonte.
 Conforme se asciende por la carretera, se pasa, en pocos minutos, del clima cálido de Buga, hogar del Cristo de los Milagros, al frío, a los alrededores del lago Calima, embalse del municipio de Darién. Fue construido en la década de 1960 como parte de un proyecto hidroeléctrico para la región. Es el más extenso de los lagos artificiales de Colombia y un importante punto de atracción turística. A sus orillas se han edificado hermosas casas, restaurantes, una desarrollada infraestructura hotelera y los balnearios de Comfandi, una entidad de servicio social.

Sus aguas se han convertido en un excelente escenario para la práctica de deportes acuáticos y sus laderas son el lugar ideal para acampar. El frío de media tarde invita simplemente a sentarse a contemplar el paisaje y comer unas deliciosas empanadas aderezadas con un ají verde.
La ruta de regreso también se torna interesante. La cabecera de Darién es el típico poblado rural, con un pequeño parque, que corona el templo del Perpetuo Socorro en el que una solitaria señora ora por los suyos un viernes por la tarde.
En una esquina, varios vehículos agrícolas estacionados aguardan a que llegue la clientela que los contrata como taxis. Otros se transportan en una colorida “chiva” (bus decorado con motivos propios del lugar).
Visita a El Paraíso
Otro de los secretos que guarda el suroccidente colombiano es el denominado Territorio Paraíso, un proyecto de desarrollo turístico impulsado por los habitantes de la región y del que forman parte los municipios de Palmira, Cerrito, Ginebra, Guacari y Santa Elena.
Uno de los lugares que más atrae visitantes es la casa museo Hacienda El Paraíso, donde vivió el escritor Jorge Isaacs (1837-1895), autor de la novela María (“La María”, para los colombianos). La historia, afirma uno de los guías, es autobiográfica. El romance se desarrollo aquí.
Todos los muebles están en su sitio. En el jardín abundan la rosas, esas hermosas flores que la joven dedicaba a su enamorado. Da la sensación de que en cualquier momento la pareja o alguien de la familia pasarán por los corredores rumbo a la cocina. La piedra frente a la casa, en la que ambos conversaban, es hoy visitada porque, afirman, favorece al romance. En la casa se respira ese aire de hogar de otro tiempo. El inmueble fue convertido en museo hace 40 años y es considerado el principal monumento cultural de la Calle del Cauca. Se ubica en el municipio El Cerrito, camino a la montaña. Anualmente es visitado por unas 100 mil personas. Este año la cifra ha aumentado porque, desde febrero, la admisión es gratuita los domingos.
La carretera pavimentada que pasa justo al frente lleva a otros aires. Varios metros arriba espera la aventura. El parque La Maloca de los Vientos ofrece, no sólo una vista espectacular del Valle del Cauca, sino varias opciones de actividades, desde canopy de 700 metros, rappel, ascenso por cuerdas, péndulo, vuelos en parapente, caminatas a campo traviesa, ascenso y descenso por cascadas y paseos a caballo.
Se ubica en un terreno de cinco hectáreas, a sólo 45 minutos de Santiago de Cali, la capital del departamento.
Cae la tarde y las luces de las ciudades del valle comienzan a encenderse. No hay prisa de regresar. En el área hay varias opciones para hospedarse. La Maloca de los Vientos dispone de cómodas cabañas de madera construidas en la ladera.
Cerca de allí, arriba en la montaña, se puede convivir en familia en la finca La Bohemia, donde además de disfrutar del paisaje disponen de piscina y amplias habitaciones.
Si el hambre aprieta, bien se puede disfrutar de la gastronomía vallecaucana y probar el sancocho de gallina, el chontaduro, tomar vino casero y probar el tradicional manjar blanco en el restaurante El Edén. Razones para volver hay muchas, una de las principales es la amabilidad de su gente.
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