Semanario de Prensa Libre • No. 169• 30 de septiembre de 2007

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D cultura

Decenios de música coral
Ars Nova celebra su 40 aniversario

Por: Ingrid Roldán Martínez
Fotos: Cecilia Cobar

De las paredes del estudio del músico Jorge Pellecer Badillo penden fotografías de distintas épocas de Ars Nova y unos antiguos instrumentos de viento. Coronan el salón un clavicémbalo y muchas partituras dispuestas sobre los muebles.

Las imágenes publicadas en libros, programas de festivales y páginas de prensa hablan de la trayectoria del grupo. Han pasado por altibajos, por periodos de abundancia y de sequía, pero hoy tienen un motivo para celebrar, cuatro décadas no son poca cosa.

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En 1967, Pellecer dirigía el coro Friedrich Händel y participaba en el de la Universidad de San Carlos. Motivados por él, unos 20 integrantes de estas dos agrupaciones se sumaron a la idea de formar un conjunto de cámara que interpretara principalmente madrigales y villancicos del Renacimiento.

Comenzaron a estudiar lo poco que en ese momento se conocía del repertorio de los siglos XV y XVI. Era música vocal francesa, italiana y española (de ésta se conocía menos). En América, el fenómeno de la música antigua aún no había despegado. Sólo disponían de algunos discos que habían comprado en Musical, la tienda especializada música académica.

Ars Nova ofreció su primer concierto en 1968. Un año después viajó a Costa Rica.
En 1974, principió una etapa que definió el rumbo que seguiría. Entró en contacto con el Círculo Musical Antigua, un grupo formado por el estadounidense Gordon Smith. Él vivía en Antigua Guatemala y organizaba conciertos en su casa. Los acercó al conocimiento de los instrumentos adecuados para interpretar este tipo de obras, incluido el clavecín, la flauta traversa barroca y toda la familia de flautas de pico.
La relación se estrechó y durante varios años ofreció temporadas de conciertos en la Casa de la Música, en la ciudad colonial.

Pero los efectos del conflicto armado tocaron también al grupo. Smith se desesperó de la situación y regresó a Estados Unidos.

Él ya no estaba presente, pero su influencia germinó. Además de la interpretación vocal, Ars Nova comenzó a incluir instrumentos. Rolando García Ricci, uno de los integrantes fundadores, aprendió de forma autodidacta a interpretar el orlo y la flauta dulce del siglo XVI.

Había pasado una década de trabajo continuo y la música antigua había comenzado a tener auge a nivel internacional. El coro se concentró en obras iberamericanas. Para este momento ya había más publicaciones y grabaciones de discos en este campo.
En 1981, Pellecer viajó a Portugal para asistir a un seminario sobre el tema. Después fue a España. En ambos países hizo contactos y consiguió documentos y partituras que le ayudaron a profundizar en su trabajo.

Regresó de Europa con una visión más amplia acerca de la música antigua y centró su interés en piezas coloniales. Tenía referencia de la música del compositor español Mateo Flecha El Viejo, autor de la Ensalada de Bomba (género musical polifónico).
Comenzó a investigar en el archivo de la Catedral de Guatemala y encontró, en los libros de coro, la Missa de Bomba a 4, de Pedro Bermúdez, basado en las ensaladas de Flecha. Hasta entonces se tenía poco conocimiento de las obras que se encuentran en el Archivo Arquidiocesano. De la música antigua de Guatemala se sabía poco, salvo las investigaciones que hizo Robert Stevenson al final de la década de 1960, quien recorrió toda América con el fin de investigar en los archivos de las catedrales.

Pellecer copió a mano la Missa y la transcribió. Ars Nova la interpretó e incluso la grabó en un proyecto apoyado por el Ministerio de Educación, pero este material no llegó a manos del público.

El resto de la década de 1980 tuvo poco acceso a los archivos de Catedral, pero siguió cultivando el género. “A finales de los años 1970 y durante la década de 1980 comenzó a despegar el movimiento de la música antigua en México, Argentina y Venezuela”, comenta Pellecer.

En 1992, el coro asistió al primer encuentro de música antigua, en Ciudad de México, que convocó a grupos de otros países de América y Europa.

Tres años después, participaron en un taller impartido por Charles Brett. A raíz de esto, el maestro inglés vino en dos ocasiones a Guatemala para ofrecer sendos conciertos con su grupo.

Nuevos integrantes se sumaron mientras que otros se retiraron. Unos se radicaron fuera de Guatemala. Otros eran extranjeros y regresaron a sus países.
Rozaban ya las tres décadas y Ars Nova se había concentrado en ofrecer conciertos, pero no tenían producción discográfica. Casi a finales de la década de 1990 grabó la Missa de Bomba a 4 y otras obras de Pedro Bermúdez, música sacra a capella, transcripción de Pellecer y revisada por el musicólogo Omar Morales.

A éste se sumó el disco El repertorio de Catedral, villancicos de Tomás de Torrejón y Velasco, con transcripción de Morales.

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Después participó en el disco El Repertorio de San Sebastián Lemoa, en colaboración con la Cantoría de Tomás Pascual, transcripción de Paulo Alvarado y Arturo Duarte.

Por último, colaboró también en el disco El Repertorio Nacional de Música, de Igor de Gandarias.

En los años recientes, la actividad del grupo disminuyó, pero el aniversario le ha hecho retomar el entusiasmo. Lleva semanas de ensayar el programa para el concierto que ofrecerá el jueves 25 de octubre en Catedral.

De los aportes del grupo en su trayectoria hablan García y Pellecer. Entre éstos se cuentan el haber despertado el interés en la música antigua, pero el director hace énfasis en que por medio de ésta han contribuido a la formación de la identidad de los guatemaltecos.

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