Un hombre ejemplar
Tiene 80 años de vida, 50 de abogado y la vitalidad que muchos jóvenes desearían

Esta es la historia de mi abuelo, conocido como el licenciado Víctor González, Choco, abuelito, Yayo, Pocholo y mucho más. Nació en Guatemala el 5 de marzo de 1927. Vivió por muchos años en La Villa de Guadalupe. Por las mañanas asistía a la Escuela Normal y por las tardes, con pelotas de trapo, ondas y piedras, jugaba por las calles.
Creció rodeado de seis hermanos: tres hombres y tres mujeres. Se graduó de maestro. Estudió en la Universidad de San Carlos de Guatemala en la facultad de Derecho. Recién graduado, abrió su oficina en la zona 1. Se casó y procreó cuatro hijos: dos hombres y dos mujeres: Analís, Marisol, Vladimir e Igor, los cuales crió al lado de su esposa Lissette.
En la actualidad tiene seis nietos: Virginia, Mariana, Daniela, Eduardo José, Marcela y Liza Mayulí, a los que ha dado mucho amor y apoyo. A pesar de los tropiezos que le ha otorgado la vida (una enfermedad grave en 1999 —que nos dio un buen susto a la familia— y problemas cardíacos durante el 2006-2007), ha sido un hombre fuerte que se ha recuperado de forma increíble de cualquier embate, pero lo que nunca olvidaré es su vocación por el trabajo; recuerdo que a pocas horas de entrar a una cirugía, aún hacía algunos trámites para uno de sus clientes.
A sus 80 años sigue al pie del cañón en su oficina; trabaja y sirve a todos. Es un hombre leal, sincero y luchador. No ejerce su profesión por lucro, sino por real vocación. Un triunfador en todo el sentido de la palabra. Esposo ejemplar, excelente padre y magnífico abuelo. No cabe la menor duda que la edad no lo es todo en la vida. Aún tiene la vitalidad y el deseo de trabajar que muchos jóvenes no tienen.
En septiembre recibió un homenaje por cumplir 50 años de haberse graduado, 50 años de ejercer y dar el ejemplo sobre que una carrera se debe escoger con vocación y entregarse totalmente y no sólo esperar ingresos de ella. Este hombre es ejemplar tiene todo lo que alguien puede pedir de la vida: la fuerza que muchos quisiéramos tener, y ante todo una sonrisa para dar a quien encuentre por la calle.
Este hombre es mi abuelo. Q uiero decirte en nombre propio y el de toda la familia que has sido un gran ejemplo. Te admiramos y te amamos mucho.
Virginia González
nieta.
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
Envíela a revistad@prensalibre.com.gt o por correo a 13 calle 9-31 zona 1, 9o. piso. |