La Expo '58 y Edgard Varèse
El Poème Electronique, uno de los sucesos creadores del arte contemporáneo

Por Paulo Alvarado
Hará justamente 50 años, un 17 de abril, en la capital de Bélgica se inauguró la Primera Gran Feria Internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, la Expo '58. Aun cuando entre las atracciones se contaba una “aldea congoleña” (un “zoológico humano” cuyo montaje resultaría asaz cuestionable en la actualidad y nos remite a la era cuando un inmenso territorio en el corazón de África aún era colonia belga), la muestra se centró en la incipiente carrera espacial y la energía atómica.
La preparación involucró a miles de trabajadores durante tres años y su bien conocido símbolo perdura hasta la fecha, el Atomium, estructura de 110 metros de altura que representa un cristal de hierro.
Otra estructura no menos notable fue el pabellón de la corporación Philips, una de las firmas participantes. Encargado al arquitecto Charles Jeanneret —el famoso Le Corbusier— y diseñado por uno de sus asociados en aquel momento, Iannis Xenakis, el pabellón era expresión arquitectónica de funciones y relaciones matemáticas (principios que este último aplicaría más adelante como compositor). El edificio era una especie de toldo de concreto, a partir de paraboloides hiperbólicos, tecnicismo con el que se designa una superficie curva generada por líneas rectas (y por lo tanto, capaz de formas irregulares, pero que se construye con piezas rectas de material prefabricado).
Nadie tuvo el alcance de preservar el pabellón para la posteridad y fue demolido al año siguiente, como cualquier cobertizo temporal de feria. No obstante, durante los meses que duró la Expo '58, en su interior tuvo lugar uno de los sucesos fundantes del arte contemporáneo y, más específicamente, un acontecimiento que marcó la música de nuestro tiempo: la presentación, a intervalos regulares cada día, del Poème Electronique de Edgard Varèse.
Nacido en 1883 en un pueblo del sur de Francia, Varèse fue uno de los compositores más visionarios de la historia. Aunque no se distinguió como estudiante (pese a maestros como Roussel, Widor, Debussy y Busoni), fue director de orquesta, fundó y dirigió coros dedicados a la música del período Medieval y renacentista, organizó asociaciones para presentar música moderna, y compuso obras emblemáticas del siglo XX, como Ionisation, la primera composición académica importante que emplea únicamente instrumentos de percusión, ya en la década de 1930. Entre sus amistades figuraban Romain Rolland, Alejo Carpentier, Artaud, Henry Miller, Lenin, Trotsky, Duchamp y Picasso.
Sin embargo, la contribución más célebre de este extraordinario imaginador de las sonoridades del futuro son los ocho minutos de música que concibió y grabó para el pabellón de aquella exposición en Bruselas. Con el irrestricto respaldo de Le Corbusier, y a pesar de las continuas objeciones del patrocinador, Varèse creó el Poema electrónico, una pieza electroacústica en la que se combinan voces, máquinas, sirenas, percusiones y otros sonidos con efectos de cinta magnética, filtrajes y sonidos sintetizados. Sobre eso, la grabación se escuchaba por nada menos que 425 bocinas instaladas al interior del pabellón y programadas para sonar independientemente a intervalos específicos, de manera que causaban la sensación de una música en movimiento a través del espacio arquitectónico.
Mientras tanto, las curvilíneas paredes servían de pantalla para un cambiante juego de luces de colores y la proyección de imágenes fotográficas, en una excepcional integración de música, artes visuales, arquitectura y tecnología electrónica que visitaron dos millones de personas. Y todo esto, ¡hace 50 años...! cuando no existían las computadoras ni los proyectores ni los sintetizadores ni los tocadiscos que ahora venden en oferta los supermercados.
Como si fuera poco, Edgard Varèse, este lúcido profeta de quien poco sabe la chiquillada que hoy en día se alborota con “música electrónica” en una discoteca, ya había cumplido 73 años cuando comenzó el proyecto.
Increíblemente, un cuarto de siglo antes, tanto un influyente laboratorio de comunicaciones e investigación acústica, como una fundación cultural, estadounidenses, a los que había pedido apoyo para desarrollar un estudio de música electrónica, le negaron toda ayuda, con el pretexto de que... no tenían dinero.
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