Prudencia e insensibilidad
en Pakistán
No habrá más “espectáculo de un solo hombre” en Pakistán, dijo Nawaz Sharif, ex primer ministro y líder de uno de los partidos políticos del Gobierno de coalición paquistaní, a los funcionarios estadounidenses.
Por The New york times
Desde que ganaron las elecciones parlamentarias celebradas en febrero, los líderes del nuevo gobierno de coalición en Pakistán han mostrado buen juicio: dejan a un lado destructivas rivalidades de tipo personal y avanzan con rapidez para revivir la moribunda democracia del país.
Para mala fortuna, lo cual no causa sorpresa, ellos también han dejado en claro que no confían en la administración Bush, misma que apostó todo al destructivo y autoritario mandato del presidente Pervez Musharraf. Además, los nuevos líderes hablan acerca de examinar la participación de Pakistán en el combate al terrorismo que encabeza Washington. Eso resulta en verdad preocupante.
La administración Bush intimidó y compró la lealtad de Musharraf, y él nunca mantuvo ese precio. Es improbable que el presidente Bush ahora pueda superar la visceral desconfianza del pueblo paquistaní. Pero, con la mezcla indicada de ayuda, atención y humildad, la Administración puede contribuir al fortalecimiento del nuevo gobierno. Con más ayuda, así como más humildad, también puede exponer sus argumentos sobre por qué está en el claro interés de Pakistán participar en el combate al terrorismo.
Nawaz Sharif, ex primer ministro y líder de uno de los partidos políticos del Gobierno de coalición, fue al grano hace un par de semanas y les dijo a funcionarios estadounidenses que estuvieron de visita en Islamabad que no habría más “espectáculo de un solo hombre” en Pakistán.
El nuevo gobierno está trabajando duro por marginar a Musharraf y deshacer sus peores abusos, al empezar por la liberación de más de 60 jueces que fueron detenidos el año pasado.
En medio del sangriento aumento de atentados suicidas con bomba, oficiales en Islamabad también hablan acerca de intentar la negociación de un acuerdo con milicianos del Talibán de la localidad.
Al parecer, ellos aún no tienen un plan claro, pero resulta difícil imaginar cómo podrían tener más éxito que Musharraf.
El trato del presidente paquistaní con líderes tribales en la región fronteriza de Afganistán fracasó espectacularmente, conforme las tropas se retiraron a las barracas y los extremistas avanzaron al este, hacia las áreas más pobladas de Pakistán. La situación también ha empeorado mucho más en Afganistán.
Este es un camino plagado de riesgos, y Washington tendrá que esforzarse para ayudar al Gobierno a entender, sin provocar, incluso, mayor resentimiento y desconfianza.
Existen otros peligros por delante. Aun cuando Musharraf ha jurado que trabajará con el nuevo gobierno, Sharif está exigiendo la renuncia del presidente, y algunos temen que si es objeto de presión excesiva, el general pudiera intentar otro golpe de Estado. El nuevo gobierno también va a tener que encontrarle solución a una relación con Estados Unidos. Washington le ha dado a Islamabad más de US$10 mil millones desde los atentados del 11 de septiembre del 2001, y el Gobierno necesitará que la ayuda continúe.
El presidente Bush puede demostrar su compromiso con la democracia y la estabilidad si incrementa la ayuda no-militar para proyectos que fortalecerían a las vapuleadas instituciones democráticas del país y mejorarían la vida de los paquistaníes.
La administración Bush demostró, una vez más, el bajo grado de entendimiento que tiene sobre los aspectos fundamentales de la diplomacia. El mismo día que el nuevo primer ministro, Yusaf Raza Gillani, tomó posesión, los dos diplomáticos estadounidenses que estuvieron de visita optaron por reunirse con Musharraf.
Esa sincronía dio la impresión de que Washington sigue sin escuchar a los paquistaníes.
Pakistán tiene armamento nuclear. Es vecino de Afganistán. ¿Necesita Washington más razones para preocuparse respecto de qué ocurra ahí? ¿O evidencia ulterior de que no puede darse el lujo de seguir cometiendo este tipo de errores?
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