Semanario de Prensa Libre • No. 196 • 06 de abril de 2008

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Hoteles boutique
Un concepto pensado para personas con gustos muy especiales, estas estancias toman cada vez más auge en Antigua Guatemala, pues en ellos cada rincón es único e inigualable, por belleza y elegancia.

Por Julieta Sandoval/ Fotos: Carlos Sebastián

Antigua Guatemala, una ciudad en donde se respira tranquilidad y nostalgia, conserva sus calles empedradas y sus casas estilo colonial, con techos de teja de barro y elegantes balcones.

Sus templos y conventos hacen recordar un lugar con mucha historia. No en vano fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1979, por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). Toda esta atmósfera es esencial componente para un tipo de hospedajes, los llamados hoteles boutique, un estilo que tiende a aumentar.

Son pequeños inmuebles que, en su exterior, parecen una casa más. Sin embargo, sus diseños arquitectónicos fueron hechos de forma cuidadosa, complementados con decoraciones exclusivas y con atención hasta en el más mínimo detalle.

Aquí nada ha quedado al azar. Una mesa, lámpara, almohadón o las flores han sido seleccionadas con esmero, en busca siempre de que sea único. Esto, junto a la atención personalizada que el visitante obtiene, para hacerlo sentir mejor que en su casa.

Francisco Sandoval, propietario de uno de ellos, refiere que el concepto que proviene de Europa es de un hotel que no es grande ni estándar. Ninguna habitación es igual a la otra, por el tipo de cama, de mueble o de color, así como una serie de particularidades que otorgan la distinción y la diferencia. “Van dirigidos a un tipo de persona que aprecia la cultura y Antigua se presta para eso, por tener mucha historia”, agrega.

Dichos inmuebles han proliferado, ya sea en construcciones nuevas que conservan la arquitectura antigüeña, remodelaciones o restauraciones. Al remozar debe respetarse muros u elementos propios del lugar, algo común en el casco urbano. Los lineamientos para la conservación están plasmados en la Ley Protectora de 1969, en donde se destaca que no debe edificarse segundos pisos y que toda nueva construcción o alteración debe contar con previa licencia de la municipalidad y del Consejo protector. A través de los años la norma no siempre ha sido respetada. “Es importante guardar las características de la ciudad, porque es lo que la hace especial, algo que deben comprender los ciudadanos”, explica el arquitecto Javier Quiñónez, jefe de Control de Construcción del Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala.

Buen gusto en cada espacio

Estos pequeños hoteles han sido adaptados en casas antiguas o son construcciones modernas, pero con diseños arquitectónicos coloniales, muy propios de esta ciudad. En ellos el gusto de sus propietarios es el que ha destacado, por ello prevalece el estilo ecléctico, pero con mucha influencia colonial y sobre todo decoración tradicionalista guatemalteca, como tejidos en alfombras, cubrecamas y artesanías, explica la decoradora Ana Isabel Sánchez.

Posada del Ángel, un lugar sobrio, elegante y acogedor, pese a que ya tenía abiertas sus puertas para recibir a huéspedes de todas partes del mundo desde inicios de la década de 1990, saltó a la fama cuando Bill Clinton, entonces presidente de los Estados Unidos, se alojó en marzo de 1999.

Este sitio de 11 metros por 54 fue construido por su dueña Mary Sue Morris, una estadounidense que llegó al país en la década de 1980, se enamoró de Antigua y decidió que su casa sería para hospedar y mostrar la belleza de la artesanía y antigüedades de Guatemala. En la parte de arriba está la suite, en donde ella vivía y abajo, cuatro alcobas.

Ella visualizó un lugar pequeño, acogedor, con particularidades de Guatemala, como muebles, antigüedades y textiles.

La vivienda tiene mucha luz y posee suficiente espacio para todos. “La casa la hacen los detalles, de lo contrario sería una construcción más”, comenta Ivonne Anzueto, quien trabajó con Morris desde el inicio.

La posada tiene una colección ecléctica de muebles y accesorios especiales. Las bancas y mesas de la sala, comedor y dormitorios son de Chichicastenango; provienen de colecciones privadas de diferentes familias. Vigas, pilares y bases de piedra son de Panajachel, todos de épocas pasadas.

Unas viejas puertas, preservadas con cera, se ubican en la habitación verde, azul, lavandería y biblioteca. Los candelabros de la sala de estar son de Estambul; el cuadro de la Virgen es de Perú; la mesa para jugar cartas, al igual que la de la biblioteca, son francesas. Las estrellas de hojalata picada, que son las lámparas del corredor y de algunos dormitorios, son de San Miguel de Allende, México. Las alfombras provienen de Turquía.

Pero entre todos estos objetos, lo que predomina es lo guatemalteco. Antes de colocar algún artículo en la casa, Morris se aseguraba que tuviera un valor histórico y fuera muy original; por ejemplo, las telas usadas en la recámara verde, son textiles con figuras y colores exclusivos para la posada. El baño tiene un diseño especial, con dos gradas que comunican con la ducha y dos pilares que realzan su decoración.

Atención exclusiva

Una atención especial al huésped fue la que motivó a Carolina de Vayssier a abrir las puertas de Posada de Los Leones. “Yo he vivido en casi todos los continentes y me di cuenta que en muchos países la hospitalidad es muy importante. Además, que el lugar sea acogedor, en donde se conozca al comensal, que no sea una persona que nadie ve”, cuenta. El ambiente místico y mágico de Antigua es propicio para este hotel.

La arquitectura de Los Leones tiene mucha influencia morisca y prevalece la iluminación. En la decoración resaltan los textiles guatemaltecos y la forja antigüeña. “Acá hay unos artesanos maravillosos”, agrega.

Las cuatro recámaras y dos máster suites tienen su propio estilo, son conocidas como Jazmín, Zahar, Magia, Poesía, Shahrazad y Embrujo, cada una con chimenea, una sala de baño estilo marroquí y ventanas francesas que comunican hacia sus propias terrazas con jardín.

Uno de los ambientes más especiales es la sala, desde sus sillones se observa el jardín y la rústica fuente. Por las noches es iluminada por velas, lo que la hace aún más agradable. Hasta la cocina tiene un atractivo peculiar, muy al estilo casero, en donde el invitado puede entrar a observar la preparación de los alimentos e incluso hacerlos él mismo.

Mezcla de épocas

Mesón Panza Verde es uno de ellos. Construido en la década de 1970, con estilo antiguo y colonial, pero también tiene una decoración ecléctica; una mezcla de elementos contemporáneos y del pasado. “Es uno de los primeros hoteles con esas características”, refiere Lucy Ashman, quien está a cargo del lugar.

Recientemente, se compró un terreno aledaño para ampliar las instalaciones, se hizo una máster suite, jardín y parqueo. Mas en ningún momento se perdió la peculiaridad de la casa, con muchas cúpulas y terrazas, pero con toques diferentes, como pintura, lámparas y muebles.

Doce dormitorios, tres dobles y nueve suites, corredores, diferentes salas y el restaurante componen este alojamiento. Entre algunos de los detalles que la hacen especial, acogedora y elegante, están las lámparas de la India, los jabones son elaborados a mano especial para Panza Verde. Hasta las rosas que adornan los jarrones de los espacios interiores y exteriores son sembradas sólo para el mesón, llamadas sensación. Varias hornacinas complementan la decoración. Además, hay dos galerías, pues los dueños son amantes del arte. Hay una exposición permanente y otra cambiante, en donde se combinan artistas nacionales y extranjeros contemporáneos.

Bellezas antiguas

El más reciente de estos negocios en abrir sus puertas es Casa Santa Rosa, una residencia de finca de hace cien años. En la reconstrucción se cuidó que no perdiera ese toque que la hace especial con su estilo neoclásico. Por ello, algunos mosaicos y manecillas de lavamanos y duchas aún son originales. Aquí prevalece la amplitud y comodidad; cada recámara tiene una sala y chimenea. Son nueve dormitorios. Como en todo hotel boutique, cada alcoba tiene su estilo, el cual se logra por medio de la decoración. Las cubrecamas son de tela española y las sábanas egipcias de 250 hilos. Un amplio jardín se extiende en toda la casa, en donde los colores de las flores dependerán de la temporada, por lo que no serán las mismas tonalidades en verano o invierno.

Hotel Museo Uxlabil es una casa típica de Antigua, con habitaciones que rodean un jardín, muros gruesos, balcones y techo de teja. Esta belleza se reacondicionó para dar paso a un hotel. Mucho de los muebles y lámparas, de estilo francés, son de la familia propietaria del inmueble. Al igual que las colecciones de miniatura en porcelana que adornan la suite, diversas casullas están repartidas entre las habitaciones. Este lugar sirvió para la filmación de la película Looking for Palladin.

Estos sitios invitan al visitante a pasar una buena estancia en una de las ciudades más bellas del mundo, Antigua Guatemala.


   

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