Plantas anticancerígenas
Un estudio efectuado por la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia de la Usac ofrece una luz de esperanza para enfermos de cáncer de riñón.

Por íngrid Roldán Martínez
Fotos: USAC
Dos años de investigación sobre plantas a las que la sabiduría popular les atribuye propiedades anticancerígenas han dado los primeros resultados positivos en pruebas de laboratorio.
Amarilis Saravia, doctorada en Farmacología experimental, tiene amplia experiencia como docente e investigadora en la Universidad de San Carlos. Desde 1980, cuando regresó de estudiar de Francia, ha asesorado unas 150 tesis sobre plantas medicinales. Las conocidas “agüitas” para curar males cotidianos han superado las pruebas.
Hace un par de años estableció contacto con el Instituto Nacional de la Salud e Investigación Médica de París (Inserm) y se planteó la posibilidad de estudiar las plantas con propiedades anticancerígenas que hay en Guatemala.

Para saber cuáles son las que se emplean con frecuencia, Saravia y su asistente, Ruth Molina, hicieron encuestas etnobotánicas en distintos puntos del país. Visitaron comunidades y centros de Salud en siete áreas, principalmente en Huehuetenango, Alta y Baja Verapaz y El Progreso.
De las respuestas de las personas entrevistadas obtuvieron una lista de 29 plantas, pero centraron su atención en las cinco más usadas: hojas de cardosanto (Argemone mexicana), hojas de jorobté (Cornutia pyramidata), hojas de apacín (Petiveria alliacea), hojas de aguacate (Persea americana) y rizoma o tallo de calahuala (Phlebodium pseudoaureum).

Llevaron a cabo el estudio fitoquímico de cada especie y determinaron los distintos componentes que contienen.
El siguiente paso fue hacer pruebas de laboratorio in vitro, pero en Guatemala no se cuenta con el equipo necesario, así que Molina viajó a Francia. Allá trabajó junto a los científicos François Hirsch y Hans Lorenzo, de Inserm. Su estadía fue de tres meses, durante los cuales hizo numerosas pruebas.
De las cinco especies analizadas determinaron que las hojas de apacín y las de aguacate (específicamente la especie Persea americana) tienen propiedades anticancerígenas. “Presentaron actividad citotóxica en células de cáncer de riñón”, comenta Saravia.
Alguno de sus componentes produce toxicidad en las células cancerígenas, éstas mueren, se detiene la diseminación y evita el crecimiento de nuevas. Las restantes tres especies presentaron actividad citotóxica en menor medida.
Probaron la efectividad de esas mismas plantas en células de mama o próstata, pero los resultados no fueron efectivos.
Para llevar a cabo la primera etapa, las investigadoras recibieron apoyo financiero del Inserm, el Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología de Guatemala (Fonacyt) y el Departamento de Farmacología y Fisiología, que integran el Laboratorio de Productos Naturales y el Bioterio de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia, de la Universidad de San Carlos. Para la Fase I, el Inserm dio un financiamiento de 190 mil euros y Fonacyt proporcionó Q200 mil.
El paso siguiente
La segunda fase consiste en hacer extractos crudos de las infusiones, trabajar en cultivos y probar la reacción de los componentes en ratones.
Esta etapa (para la que aún no tienen financiamiento) puede llevar de uno a dos años. Necesitan equipo y aparatos muy especializados de los que no se dispone en el país.
“Con estos resultados se puede fortalecer la capacitación para la producción de jardines botánicos en las plantas que poseen una actividad anticancerígena y seguir utilizando en la medicina tradicional maya”, explica Saravia.
Agrega que quieren “devolverle a la población su conocimiento: la gente maneja las plantas tradicionales desde sus ancestros”. Aclara que tomar tales “remedios” no es una terapia que sustituye la que recomiendan los médicos contra el cáncer.
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