Semanario de Prensa Libre • No. 197 • 13 de abril de 2008

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D salud

¿Acatarrado?
La enfermedad debe seguir su curso natural, ya que refuerza el sistema inmunológico y previene nuevos resfriados.


Por Alicia Romero

Por lo general, un catarro no es grave y —a menos que surjan complicaciones— el paciente estará otra vez bien en más o menos una semana. Claro que también es cierto que “mal curado” puede llevar a recaídas que requieren una recuperación más larga.

Los catarros son quizá la enfermedad más frecuente en el ser humano. Toses, estornudos, congestión o secreción nasal, dolor de cabeza, de garganta, de oídos, dolores musculares, fiebre, cansancio, somnolencia… Los síntomas son perfectamente conocidos por todos los que lo han sufrido, y los remedios siguen siendo, en muchos casos, los que utilizaban las abuelas para restablecer la salud de la persona resfriada.

El descanso ayuda al organismo a recuperarse; el consumo de líquidos para eliminar toxinas; ingerir vitamina C saca del cuerpo los elementos patógenos y ayuda a mantener la limpieza de las mucosas; la miel suaviza la garganta, y el agua con sal a luchar contra los problemas nasales. Finalmente, ayuda al restablecimiento de la salud una habitación bien ventilada y con una temperatura fresca, puesto que la sequedad en las mucosas es un excelente caldo de cultivo para los virus.
De muchas clases

Rhinovirus, que viene del griego rhino o nariz, es el nombre genérico de los virus que provocan el resfriado o catarro. Se estima que hay más de 200 variedades distintas que mutan de forma continua y que pueden infectar el organismo a través de una gotita de saliva o del simple contacto físico. Y es que los rhinovirus pueden recorrer una distancia de hasta cuatro metros desde una persona enferma a otra sana. Lavarse las manos de forma frecuente y evitar compartir vasos o cubiertos de personas acatarradas ayuda a prevenir contagios. Además de éstos, los cambios bruscos de temperatura son la causa más frecuente del padecimiento.

Por lo general, los niños, sobre todo en su primera infancia, se acatarran mucho más que los adultos. Esto, en sí, no es grave, y ayuda al pequeño a fortalecer su sistema inmunológico. En personas de edad avanzada, la enfermedad puede ser peligrosa por las posibles complicaciones. Y a cualquier edad, la aparición junto al catarro de problemas o ruidos respiratorios, fiebre alta, vómitos, expectoración excesiva y otros síntomas podrían indicar una dolencia más grave, por lo que hay que consultar al médico.

Tratamientos infalibles

Analgésicos y antihistamínicos ayudan a paliar los molestos efectos del catarro. Los antibióticos están totalmente desaconsejados, ya que no tienen propiedades antivirales, sino antibacterianas, con lo que serían apropiados para tratar una gripe, pero no un catarro.

Entre los tratamientos que han demostrado su eficacia a lo largo de los siglos están las compresas de agua fría para aliviar el dolor de cabeza y bajar la fiebre, el jugo de naranja o limón y la miel para el dolor de garganta y una rápida recuperación gracias a la vitamina C de los cítricos.

El eucalipto y el agua con sal son buenos para equilibrar la mucosidad, al igual que una ducha de agua caliente en un baño con mucho vaho. Las siempre presentes “sopas de enfermo”, a base de verdura, hortalizas y pollo, no han demostrado científicamente su valor, a no ser por el aporte de vitaminas y por aumentar el calor del cuerpo, lo que ayuda a la eliminación de los elementos patógenos en el organismo.

Una cebolla troceada en la mesa del enfermo le ayudará a respirar mejor. Un ajo masticado en pequeñas porciones fortalece las defensas del organismo.
Cuando esté acatarrado no tome alimentos ricos en grasas, haga comidas ligeras y evite totalmente el tabaco, el café, té y alcohol.

Cuidados

  • Para prevenir los resfriados nada mejor que un sistema de vida saludable.
  • Alimentación sana y variada, ejercicio y una actitud positiva.
  • El estrés, la falta de sueño, las habitaciones cerradas y cargadas, la deshidratación y los malos hábitos, como el tabaco, el café y el alcohol, hacen que las defensas disminuyan, lo que nos convierte en objetivos mucho más vulnerables a los ataques de virus y bacterias.

   

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