Semanario de Prensa Libre • No. 198 • 20 de abril de 2008

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D mundo

Nacidas para ser capitales
Cambiar la sede urbana en un país ha sido favorable para su desarrollo, aunque hacerlo no ha estado exento de polémica.

Por ANA MARTÍNEZ DE ZÁRATE

Una de las capitales más recientes es Brasilia. La única construida en el siglo XX que ha sido declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

Desde hacía mucho tiempo, Brasil quería trasladar la capital a una parte de la zona interior, pero nunca se hizo nada hasta que el presidente Juscelino Kubitschek, originario de Minas Gerais, impulsó esta idea, que también se recogía en la Constitución de 1891.

Su propósito era el de optimizar el reparto de las riquezas del país al atraer, hacia las tierras del interior, a la población y a la actividad económica concentradas hasta ese momento en dos grandes ciudades costeras que competían entre sí, Río de Janeiro, que era capital desde 1793, y Sao Paulo.

En 1957 se convocó un concurso que ganaron los brasileños Lucio Costa, quien se encargó del urbanismo, Oscar Niemeyer, arquitecto de la mayoría de los edificios públicos y Roberto Burle Marx, diseñador de paisaje.

Los creadores emplearon los principios de funcionalidad e igualdad social de Le Corbusier. El objetivo era desarrollar un modelo de ciudad “utópica” donde se pretendía eliminar las clases sociales. Por esta razón, la ciudad también es conocida como “Capital de la Esperanza”, título otorgado por el escritor francés André Malraux, aunque por desgracia dicho objetivo no fue cumplido.

Otra particularidad de Brasilia, inaugurada oficialmente en 1960, es que en su conjunto la ciudad tiene forma de avión o pájaro gigante que vuela hacia el sureste.
En esa misma época, concretamente en 1959, Islamabad, que significa “ciudad del islam”, fue escogida por su emplazamiento central y su estabilidad para reemplazar a la conflictiva Karachi como capital de Pakistán. La creación de la nueva ciudad, considerada la más verde de Asia, se encargó al urbanista y arquitecto griego Constantinos A. Doxiadis y a otros urbanistas reconocidos.

A principios del siglo XX, en Australia, al igual que en Brasil, dos ciudades se peleaban por ser la capital: Sydney y Melbourne. Pero, según un estudio efectuado por el Gobierno en 1908, se determinó que la mejor opción era la zona donde se ubicaba Canberra, pues estaba a una distancia equidistante de las dos ciudades más importantes. Así que, mientras Melbourne era capital temporalmente, se convocó el concurso para construir la nueva. El estadounidense Walter Burley Griffin lo ganó y se convirtió en el director de diseño y construcción. En 1913, fue inaugurada con el nombre de Canberra, en honor a la mujer del gobernador.

Otra de las capitales más jóvenes es Putrajaya. El Gobierno de Malasia decidió trasladar el centro oficial administrativo que se encontraba en Kuala Lumpur a un nuevo territorio a tan solo 30 kilómetros del anterior. En 2003, se inauguró de forma oficial. Para el entonces primer ministro malasio y principal impulsor de Putrajaya, Mahathir Mohamad, la ciudad representa algo más que la nueva capital: “Es el símbolo de todas las aspiraciones nacionales”. Además, ha sido creada según el concepto de ciudad-jardín, ya que otro de sus objetivos es “alejarse de las presiones y del estrés de la vida moderna”. Es conocida como la primera “ciberciudad” inteligente.

Muy misterioso ha sido el traslado de capital en el país, con régimen militar, de Birmania (Myanmar). La actual, llamada Naypyidaw (El Hogar de los Reyes) fue inaugurada hace poco más de dos años y está a 460 kilómetros al norte de Rangún, la anterior. Aunque no están claras, las causas parecen estar estrechamente vinculadas con el miedo de las autoridades a perder el poder, un posible ataque de EE. UU, el deseo personal de su líder supremo de dejar un legado histórico y la necesidad de control de las regiones periféricas.

Ha sido diseñada exclusivamente para la cúpula gobernante por lo que se cree que, también, es una forma de incrementar la seguridad personal de los trabajadores del Gobierno. Prueba de ello es que está prohibida la entrada, a no ser que se obtenga autorización especial, tanto a extranjeros como a nacionales.

Actualmente, Corea del Sur planea una nueva capital en el centro del país para descongestionar la actual, Seúl. Todavía, no tiene nombre, aunque los arquitectos encargados de construirla la llaman “La Ciudad de las Mil Ciudades”.

Pero no todos los gobiernos que han querido cambiar su capital lo han conseguido. En Argentina, el presidente Raúl Alfonsín, en 1986, propuso trasladar el centro gubernamental que ostentaba Buenos Aires a un territorio a 800 kilómetros, en la región de Viedma-Carmen de Patagonia. Sin embargo, la crisis social y económica que afectó al país a finales de esa década provocó la salida del presidente y, por tanto, impidió el traslado de capital.

Otras veces, esta decisión acarrea graves problemas. En Bolivia se llegó en varias ocasiones al conflicto por la cuestión de la capital. La lucha era, y sigue siendo, entre las ciudades de Sucre (actual sede judicial) y La Paz (centro ejecutivo y legislativo). Esta rivalidad data desde la independencia, en el 1825.

En el 1839, se aprobó que fuera Sucre, sin embargo, 60 años después los conservadores, partidarios de La Paz como sede gubernamental, impulsaron la guerra para que se trasladara. Ganaron, pero la herida todavía continúa abierta.

Fuentes: www.elpais.com, www.elmundo.es, www.bbc. co.uk, www.ovpm.org


   

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