Semanario de Prensa Libre • No. 198 • 20 de abril de 2008

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D oficios

Retrato del pasado
Los estudios de fotografía están
a punto de convertirse en un recuerdo grabado en tinta y papel.


Alfredo Anckerman

por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Carlos Sebastián

Quién no recuerda aquellos espacios reducidos y oscuros, entre cortinas, donde los padres le ordenaban a sus hijos sentarse y mantener los ojos abiertos sin parpadear, mientras el fotógrafo encendía las luces y apuntaba con su cámara al rostro. Era normal que, antes de lanzar el luzazo, el retratista se acercara y con los dedos o un peine echara hacia un lado de la frente el rulo.

En estos sitios también abundaban los sacos de colores (algunos lisos y otros a rayas) arrugados por tanto uso. Las corbatas, anchas, delgadas, a rayas o lisas, también colmaban los estudios, lo cual permitía que todos salieran bien “entacuchados” en la foto para la cédula. En el mismo sitio, podían encontrarse peines y un espejo para echarse una manita de gato antes de retratarse. Pocas personas escaparon a visitar uno de estos lugares.

Del recuerdo

Durante la mayor parte del siglo pasado también fue común encontrar fotógrafos con su cámara colgada al cuello en eventos especiales como bodas, 15 años, cumpleaños e incluso durante la velación de muertos, a quienes acostumbran retratar en un altar. Fijar en el papel estas escenas y someterlas, posteriormente, a un proceso químico, también fue parte del trabajo que les permitió subsistir.


Ana María Palacios, de Foto Ruano. Al fondo, Antonio Ruano, fundador.

El boom de este tipo de negocios floreció tanto que algunos abrieron varios locales debido a que eran insuficientes para cubrir la demanda. Leonel González Hernández (78), propietario de Foto Henry y presidente de la Asociación de Fotógrafos de Guatemala, cuenta que durante la década de 1980 llegó a tener ocho estudios, a los cuales les puso Henry en honor a su hijo. (El primer negocio lo abrió en 1956, en la zona 5).

Sin embargo, este arte está a punto de ser sólo historia debido a que la tecnología digital lo está desplazando. El último golpe será la sustitución de la cédula de vecindad (utiliza foto de laboratorio), por el documento único de identificación que entregará el Registro Nacional de Personas. Los carnés estudiantiles y empresariales también están siendo digitalizados, de la misma manera como se hizo con las licencias y los pasaportes. “¿De qué vamos a comer, si sólo esto sabemos hacer?”, se pregunta González.

La reina del color

Durante la mayor parte del siglo pasado la fotografía que sentó cátedra fue la que se imprimió en blanco y negro. Con esta clase de imagen mostraron sus grandes cualidades estudios fotográficos como los de Anckerman, Fleischmann, Valdeavellano, Engenberg, Paz, Rodi y Boiton. “Esos nombres sonaban mucho”, cuenta Alfredo Anckerman (80), quien aún tiene su estudio de fotografía en la 5a. avenida, entre 13 y 14 calles, zona 1.


Leonel González, de Foto Henry.

Este es uno de los estudios fotográficos más antiguos del país, el cual fue fundado por Jorge, su padre, quien, según cuenta su hijo, llegó de Perú en 1920, después de trabajar por algún tiempo en Cuba, Perú, Panamá y Nicaragua. Alfredo recuerda que su padre iba hacia California, pero debido a una cuarentena que había se quedó por unos días y, al final, decidió quedarse de una vez.

Otros pioneros de la fotografía y cuyos herederos aún mantienen vivo este oficio fueron Antonio Ruano, quien abrió su negocio en 1932, aunque, según cuenta su nuera Ana María Palacios, él se inició en este oficio en 1926. También lo fue Humberto el Canche Serra, quien, según su hijo del mismo nombre, lo instaló a finales de 1940. “Y yo, llevo tres décadas retratando, siendo ciego”, manifiesta.


Humberto Serra


El futuro de los estudios de fotografía parece estar claro. González dice que mantienen comunicación con algunos diputados para que el documento del Renap no los desplace totalmente. Anckerman dice que ya están montando un estudio pero para foto publicitaria, y Palacios considera que la caída se inició con la llegada de la cámara Polaroid y lo aceleró la tecnología digital. “La mayoría de estudios va a quebrar, se mantenían por la fotografía del pasaporte, licencia y cédula”, afirma Palacios.


   

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