Marruecos
la bella Chefchaouen
La variedad de colores de las artesanías contrasta con el deslumbrante blanco azulado de las casas.

TEXTO Y FOTOS MYRIAM LARRA
Chefchaouen es una pequeña ciudad de unos 40 mil habitantes, que se encuentra a unos cien kilómetros de Ceuta, en las faldas de los montes Tisouka y Megou —Cordillera del Rif—, los cuales se levantan por encima del pueblo como dos cuernos, con lo que dan su nombre a la ciudad que en beréber significa: “Mira los cuernos”.
Es la segunda ciudad santa más importante de Marruecos, después de Moulay Idriss Zerhun, y es considerada así por su proximidad con la tumba de Mulay Abdelsalam ibn Mchich.
Chaouen, que se encuentra en la región de Tánger-Tetuán, se ha convertido en un importante centro turístico, debido a la belleza de sus calles y del paisaje que la rodea, escarpadas montañas con bosques de alcornoques, pinos e incluso cedros en las zonas más altas que, unidos a su proximidad con la frontera y al buen hachís que allí se fuma, hacen de ella una de las zonas más visitadas de Marruecos.
Ubicada a más de 600 metros de altitud, se respira un aire limpio y fresco que invita a quedarse unos días para descubrir la belleza del lugar y su entorno.
Nada más llegar se percibe la influencia española que data del protectorado; tiene muchas similitudes con los pueblos andaluces, con casas blancas y una medina empinada sobre el lomo de la montaña
El punto de encuentro y descanso de la ciudad es la Plaza Uta el-Hammam. Sentado en uno de sus variados bares, uno puede degustar de un buen vaso de té moruno (hierbabuena), mientras observa cómo la gran variedad de colores de las artesanías contrasta con el deslumbrante blanco azulado de las casas.
Al caminar por las calles de la medina, uno puede descubrir muchas sensaciones nuevas y desconocidas. El llamado público a la oración, los olores de los frutos secos tostándose en la calle y el olor a leña y a tajin (especie de guisado) listo para comer, hacen de este lugar algo muy especial.

En esta ciudad todo es paz y tranquilidad. Un dicho entre sus habitantes es que “la prisa mata”, y la mayoría lo toma como ley de vida.
Las compras aquí son inevitables: bellas alfombras, especias, cremas de argán y rosa de mosqueta, pasteles y productos de todo tipo son fáciles de encontrar. Eso sí, para lograr un buen precio, se hace necesario regatear.
La tradición es algo que uno observa en la vida de esta gente, la belleza de la Gran Mezquita y de la kasba, enfrente, nos ubican en una zona musulmana, donde es difícil encontrar una cerveza. El alcohol está prohibido, no así algunas sustancias derivadas de la marihuana.
Para poder disfrutar de una copa de vino o alguna bebida espirituosa, hay que ir a la Plaza de Makhzen donde se ubican el Hotel Parador y el estacionamiento público.
Desde ahí se puede tomar un callejón que sale hacía el noreste, a Bab el-Ansar y la fuente Ras el-Maa, uno de los lugares más bonitos de Chefchaouen. Bajo el relajante sonido del agua se puede bajar al lado del riachuelo, ver cómo las mujeres hacen la colada y cómo funcionan todavía los molinos hidráulicos. Este precioso camino nos lleva al Rif Sebbanin, el barrio de los lavaderos, con la Plaza de Sebbanin y su mezquita del siglo XV.
La estancia y la comida son relativamente baratas, y lo ideal es ir en viaje programado desde algún punto de la Península Ibérica. Eso le evitará complicaciones en la frontera, y hará su desplazamiento mucho más seguro.
Lo que no se debe dejar de hacer, recomiendan las páginas de turismo, es visitar los jardines de la kasba y su pequeño museo; bajar a la parte nueva de la ciudad, un lunes o jueves, para conocer el mercado donde la gente de la montaña, con sus vestidos tradicionales, ofrece sus productos; subir a la pequeña mezquita Jemaa Bouzafar, desde Ras el-Maa, para ver la puesta del sol y trepar a la montaña, para disfrutar de la naturaleza.
Cómo llegar
- El punto más cercano para ir es trasladarse a Málaga, sur de España, y tomar una excursión organizada.
- Las agencias de viajes se encargan de todo. Llevan hasta Algeciras, donde se toma un ferri a Ceuta.
- Se pasa la frontera a Marruecos, llega a Tetuán, y de ahí a Chefchaouen. Hace falta visa.
- Desde Málaga, el viaje de cuatro días y tres noches con media pensión, hotel y traslados puede costar unos Q2 mil 500.
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