Santuario del amor
La tumba de la gitana
Margarita Mielos es considerada el templo mágico para implorar favores amorosos.

Por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Carlos Sebastián
Vanushca es un nombre que quizá resulte exótico para la mayoría de guatemaltecos, pero en Quetzaltenango es una palabra que resuena, sobre todo entre las personas que buscan ser correspondidas en el amor. A cualquiera que se le pregunte en esta ciudad sobre este personaje siempre dará la misma respuesta: “¡Ah!, la gitana que murió de amor”.
A pocos metros de la entrada del Cementerio General de Xelajú, a mano derecha, hay un mausoleo muy particular. Se diferencia de todos porque siempre mantiene flores frescas, el color de su pintura cambia, sus paredes están llenas de peticiones escritas a mano, y es visitada por muchas parejas y turistas.
Dentro de este panteón están los restos de Margarita Mielos, más conocida como Vanushca, una gitana de origen húngaro que —según la tradición oral— se enamoró de un joven (menor que ella) de la alta sociedad quetzalteca.
El amor nunca se pudo concretar porque él fue enviado por sus padres al extranjero, otros dicen que se trasladó a la capital para estudiar, cuyo objetivo era terminar con esta relación.
Durante su ausencia (algunos dicen que fue en Estados Unidos y otros en España), el joven amante contrajo matrimonio con una dama, hija de un diplomático. Esta noticia llegó a oídos de Vanushca, quien junto al grupo de gitanos ya se había marchado a otro municipio (posiblemente San Juan Ostuncalco). La tristeza hizo presa de la húngara, quien tomó la decisión de suicidarse.
El verdadero nombre de esta mujer era Margarita Mielos, según consta en la partida de defunciones No. 14 del Cementerio General. En este documento aparece que falleció de intoxicación intestinal el 11 de noviembre de 1927, a la edad de 40 años, y que estaba casada con Antonio Mielos, otro gitano.

Peregrinación
La historia de esta gitana está llena de misterio y contradicciones, lo cierto es que su tumba se ha convertido en un centro de peregrinación para los enamorados. Sus paredes siempre están saturadas de leyendas escritas con lápiz, bolígrafo o marcador. En ellas se puede leer desde agradecimientos hasta peticiones de amores imposibles.
José Alfredo Pérez, administrador del cementerio, ha sido testigo, durante 16 años, de estos acontecimientos. Cuenta que el panteón cambia de color cada poco debido a que cuando las paredes ya están saturadas de frases, cualquiera —en agradecimiento— decide pintarlo. También asegura que todos los días los devotos le llevan flores nuevas, sobre todo rosas y claveles.
La tradición de colocar flores, algunas veces también veladoras, se incrementó, según cuenta el historiador quetzalteco Francisco Cajas Ovando, a partir de 1994, cuando la historia fue dada a conocer por algunos medios de comunicación locales, y un artículo que él escribió en el desaparecido diario la República.
Sin embargo, la costumbre de colocar flores sobre este panteón data desde la muerte de la gitana en 1927. Raúl Izás, quien investigó este tema, relata que siempre hubo un personaje anónimo que colocaba una rosa roja sobre la tumba, lo cual sucedió durante décadas. Nunca se pudo establecer quién era este personaje, pero cuando se hace referencia del caso se habla del eterno enamorado o amante.
Ceremonia
Antes de sepultarla, los gitanos hicieron una ceremonia muy particular. Una hija del guardián del cementerio, que en ese año tenía 7, narró a Cajas Ovando que los gitanos, que tenían su campamento en La Ciénega, zona 2, enterraron botellas de vino alrededor del panteón y también regaron el líquido de otras.

Después de este suceso, nunca más se supo de este grupo. La única información que se tiene es que el que era esposo, Antonio Mielos, regresó un día a colocar una cruz de mármol traída de Italia, la cual tenía grabado el nombre de la gitana, sin embargo, fue robada hace algunos años.
Nombre propio
Las paradojas abundan en el relato. Una de las más evidentes es la que se observa en la lápida donde se lee que ahí se encuentra sepultada Vanushca Cárdenas Barajas, que nació el 10 de marzo de 1910 y falleció el 10 de noviembre 1927, datos que no concuerdan con los que aparecen en la partida de defunciones, donde se cita que tenía 40 años al momento de morir.
La mayoría de visitantes tiene claro que el verdadero nombre de Vanushca era Margarita Mielos y que los datos que contiene esta lápida son falsos. Cajas Ovando asegura que la información que contiene esta losa no es real y que debería ser retirada. “Esta información fue colocada por un grupo de jóvenes que practicaba basquetbol en una cancha cercana al cementerio”, asegura.
Aunque —según el relato— nunca se pudo conocer quién era el personaje que acostumbraba colocar el clavel o la rosa roja sobre la tumba, algunos sospechan que se trató del quetzalteco, ya fallecido Mariano López Mayorical, quien provenía de una familia acaudalada y llegó a ser intendente de Quetzaltenango en la década de 1940, pero falleció en la capital en medio de la pobreza. Se sabe que tuvo una hija adoptiva, pero se desconoce su paradero.
Édgar Arriola, quien investigó el caso, asegura que don Marianito, como se le conocía popularmente, fue el eterno enamorado y como evidencia sostiene que en 1997 encontró una fotografía de la gitana en la biblioteca particular de López Mayorical. Asegura que en la parte de atrás de tal fotografía se leía esta dedicatoria: “Mariano. Es un infinito sentimiento. La original para ti”.
La misma versión cuenta que la dama con la que se casó López Mayorical se llamó Lesbia, hija de Hugo Fleischmann, quien había sido cónsul de Inglaterra, en Quetzaltenango. La residencia donde se afincó este matrimonio es el inmueble que en la actualidad ocupa el Banco de la República, en la zona 3.

Cajas Ovando no comparte con Arriola esta versión, pues afirma que cuando Mielos murió, el joven quetzalteco tenía 11 años de edad. El historiador considera que a esta leyenda se le ha querido construir como un símil de la Niña de Guatemala, la que murió de amor, del poeta cubano José Martí.
Plegarias
- Escritas en la tumba de Vanushca:“Porfa, quiero al amor de mi vida y que me pueda perdonar. Atte. Alejandra.”
- “Ayúdame a que Omar se dé cuenta lo mucho que lo amo. Hace cinco años, y no puedo olvidarlo. Atto. L.A.S.M.”
- “T P (te pido) porfa ayúdame con estos locos sentimientos.”
- “Quiero ser feliz con el amor de mi vida. M.”
- “Te pido que mi tío se case”.
- “Ayúdame para que se fije en mí Vivian Atto. Javier.”
- “Ayúdame para que Rudy René Ordóñez Valdez se case pronto conmigo.
- ALCHS. Prometo pintar su tumba. Gracias.”
- “Deja florecer y crecer nuestro amor y que jamás deje de ser. CFA.”
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