“Es muy difícil gobernar Guatemala”
“Es el país de actitud, no de política, más conservador de toda América Latina”.
por ana martínez de zárate

Así opina el sociólogo, y más recientemente historiador, Carlos Sabino. Aunque es argentino de nacimiento y ha pasado gran parte de su vida en Venezuela, desde hace 10 años se ubica, de forma intermitente, aquí, lo que le ha permitido escribir el libro Guatemala: la historia silenciada. (1944-1989). Tomo I. Revolución y Liberación. De hecho, ha vivido en tantos países que ha dejado de sentirse de uno específico para ser, simplemente, latinoamericano. Califica su vida como “complicada”, sobre todo, porque continúa viajando mucho, aunque ahora lo hace para visitar a sus hijos y nietos, repartidos por varios países.
Aún así, tiene tiempo para dedicarse a lo que le apasiona: enseñar, aprender y escribir. Es profesor en la Universidad Francisco Marroquín. Aparte de impartir sus clases diarias, consiguió que le dejaran una sala del centro académico para que junto con otros compañeros y gratuitamente puedan comentar, mientras almuerzan, el pasado y presente de los temas más diversos.
Y entonces se convierte en otro alumno. Deja de ser el maestro para escuchar a los demás que, según reconoce, muchas veces pueden saber más que él. En principio su idea nace con la motivación de discutir los contenidos de sus propios libros. Pero, en la actualidad, no existe excusa y puede surgir casi cualquier cuestión, como por ejemplo, la de la crisis entre Venezuela y Colombia por el asunto de las Farc. Lo importante, siempre, es aprender.
¿Cuál ha sido la motivación para escribir el libro Guatemala, la historia silenciada?
La motivación es, en parte, gradual. Pasé la mitad de un año sabático acá en 1998. Vine porque era donde me sentía más cómodo para trabajar, no porque me interesara estudiar Guatemala. En todo caso, me propusieron realizar un estudio sobre las reformas económicas de Guatemala. Y ahí empecé yo a estudiar los antecedentes históricos y encontré muchas lagunas en la historia, muchas versiones muy politizadas y no muy convincentes. Además, había material para leer, mucha gente con la que conversar que hablaban con libertad porque estaban ansiosos por contar.
¿Se logra ser objetivo o inevitablemente se implica de cierta forma con los testimonios?
Hay que respetar mucho al entrevistado. Eso también es un arma porque al sentirse respetado cuenta lo que a lo mejor no ha contado en su vida. Pero, inevitablemente, el entrevistador se implica sobre todo en el momento de la entrevista en donde le das la razón, que es la forma de comunicarse, y eres como un guerrillero, un militar… Pero luego lees el resumen, vuelves a oír el testimonio y compones la historia. Toda historia tiene también libre interpretación y yo lo que trato es de presentar los hechos de la manera más objetiva y realista posible y doy mi interpretación. El trabajo del historiador es decir lo que pasó y dar una interpretación lo más razonable posible, pero dejar un margen para que después la cabeza del lector haga lo que quiera.
¿Cuándo vino por primera vez a Guatemala?
Vine a una conferencia en octubre del 96. Y me cautivó Guatemala como país. Hice unos pequeños tours y me llamó mucho la atención su riqueza cultural. En 1998 es cuando me quedé aquí en la universidad Marroquín. Tuve una reunión con los de la Universidad de Venezuela, donde trabajaba, para tener un año sabático, porque lo que yo quería eran condiciones propicias para poder escribir y tener seminarios en los que pudiera discutir sobre lo que estaba escribiendo y aquí me lo ofrecieron mejor que en otro lado. Y me quedé como profesor visitante e hice los libros El fracaso del intervencionismo y Guatemala: dos paradojas y una incógnita y de ahí quedé involucrado en el interés por la parte histórica.

Rose Friedman, Milton Friedman, América Vásquez de Sabino, Carlos Sabino y Rigoberto Stewart, en la reunión sobre Libertad Económica en el Mundo (San Francisco, 2001).
¿Por qué ha tenido Guatemala un pasado tan violento?
No sé si es tan violento como dicen. Todos los países tienen pasados violentos. Desde los EE.UU. con su guerra civil, España, Alemania, Rusia... Es decir, la violencia es parte de la historia de los pueblos. Es cierto que Guatemala ha vivido episodios y periodos de mucha violencia pero, en realidad, no es comparable a la revolución mexicana, ni a las federales que hubo en Venezuela.
No creo que sea un país especialmente violento contra el estereotipo que tiene la gente. Antes y después de sus episodios violentos tienen una vida bastante pacífica en el sentido político. En el periodo que estudio en mi libro (1944-1989) tan solo hubo dos golpes de estado. No hay tantos intentos. Luego, hay guerrilla pero no está un periodo tan largo como se habla de 36 años, ni están combatiendo en todas las partes del país.
El ejército tiene un papel muy importante a partir del 83, más fuerte que en otras naciones, pero si lo comparamos con mi tierra natal, Argentina, allí hay más golpes de estado y el ejército ha tenido todavía un peso más fuerte.
¿Entonces, el fallo es quizás de democracia que no se consolidó todavía?
Yo creo que sí, que hay algo de eso. La democracia empieza a ser una preocupación seria a partir de la década de los años 20, tras la caída de Cabrera, pero no es el momento en el contexto mundial para que esas ideas prosperen. Después, viene el intento del 44, pero no construye un sistema estable en el que las diferencias se puedan negociar políticamente y no por la vía de la violencia.
En el periodo que yo estudio soy optimista. Del 44 al 89 hay un progreso muy importante que no se destaca: Guatemala no tiene ningún caudillo real exitoso. No hay un Perón, un Chávez. No hay una figura así. Por ejemplo, el general Ríos Montt gobernó 14 meses y nunca más volvió al poder, ni consiguió más del 50 por ciento de los votos.El general (Romeo) Lucas fue derrocado por su propia gente.
Como profesor de universidad y sociólogo, ¿cómo ve a los jóvenes? ¿Se implican en política?
No se implican mucho en política, pero lo comprendo. La política tiene la imagen de poca limpieza, que preocupa pero que no provoca entrar en ella. Los jóvenes que tienen oportunidades se dedican a aprovecharlas. Pero qué les vas a pedir. Que renuncien a tener una familia, una carrera por el país. No lo van a hacer.
En las carreras humanísticas hay un cierto interés, pero cuando conoces otros ámbitos ves que los jóvenes están en su mundo. Eso es grave.
¿Cuál ha sido, según usted, el presidente que más ha hecho por los guatemaltecos?
Uy, qué complicado. Te puedo hacer una minisemblanza de cada uno. Ubico hizo cosas muy importantes por Guatemala, pero o cada uno de estos hombres trató de perpetuarse en el poder más allá de lo legítimo y aceptable. Luego, salió del poder sin generar guerra civil y sin un solo muerto.
Arévalo, para mí, tiene la ventaja de haber sido un gobernante civil que trató de modernizar el país, pero no luchó por la unidad de Guatemala. Creó y profundizó en un antagonismo que luego terminaría mal. Esto es algo que no aparece en la historiografía. Además no supo resolver el problema de la sucesión presidencial.
Árbenz es un hombre débil, manejado por los pocos comunistas que había en Guatemala. No es un hombre malo, pero sí de poca flexibilidad mental que no logró ser un gran político.
A Castillo Armas se le considera un títere de los estadounidenses, pero no es así. Trató de hacer un gobierno no tan derechista como sus antecedentes permitían prometer aunque fracasó porque lo mataron y fue un asesinato político.
Y de los gobiernos que siguen a mí me gusta uno que hizo muy poco, pero que generó condiciones de bastante tranquilidad que es el de Julio César Méndez Montenegro. Le dio cierto poder a los militares para que liquidaran a la guerrilla aunque no tanto como para que se convirtiera en un poder político. Y digamos que fue un periodo de alto progreso.
Está el caso de Ydígoras que trató de hacer un gobierno centrista y fue atacado por la izquierda y la derecha. No pudo manejar estas situaciones y comenzó un periodo de corrupción lamentable.
Vinicio Cerezo, como Arévalo, tuvo un enorme capital político al iniciarse y lo perdió muy rápidamente. O sea, no hay buenos, ni malos. Hay hombres débiles que se enfrentan a circunstancias difíciles. Creo que todos entraron con buenas intenciones, generalmente, con ideas muchas veces incorrectas y falsas acerca de la realidad, pero con buenas intenciones. Es muy difícil gobernar Guatemala.
¿Por qué es difícil?
Porque no hay un sistema estable de política. Hay mucha intolerancia al caudillismo, lo cual es bueno pero también le complica la vida al gobernante. Hay mucha fragmentación de ideas, fragmentación étnica que, de pronto, aparece de forma insospechada. Es un país pequeño. Otra dificultad es que la capital es muy grande con respecto al resto del país.
En la época colonial era la única ciudad importante que había en Centroamérica. En la mitad del siglo XIX, tiene relativamente más sectores medios, más intelectualidad, y por ello, es una ciudad más difícil de gobernar que Tegucigalpa o Managua.
¿Cómo se distinguiría la sociedad guatemalteca del resto de sociedades de los países latinoamericanos?
Es una sociedad que ha sido rural como las del sur. Tiene un sector terrateniente muy fuerte. Se caracteriza en que, gracias al componente indígena, es muy conservadora. Es el país de actitud, no de política, más conservador de toda América Latina.
¿Por qué?
Quizás por una forma de asimilar el choque de la conquista. Quizás por la religión. Es difícil saberlo, sería muy interesante estudiarlo. La sociedad conservadora explica el fracaso de la guerrilla porque no hubo un campesinado dispuesto a escuchar un mensaje revolucionario.
Hay excepciones, claro, pero en general hay un conservadurismo muy grande. Y esto, como todas las cosas, tiene su lado bueno y malo. El lado bueno es que las políticas han sido las mismas que se han llevado a cabo en América Latina pero, por lo general, con bastante más cautela, con más parsimonia.
¿Cómo pasó usted del socialismo a su profundo rechazo?
Lo explico en el libro Todos nos equivocamos. Es por muchas experiencias y muchas aventuras persiguiendo ciertos ideales. Pero el punto decisivo fue mi experiencia en Chile con Allende. Creo en los mismos valores fundamentales, lo que pasa es que cuando ves corrupción, burocracia y desigualdad en el sistema que pretende combatir todo eso, es un choque emocional muy fuerte.
Leí una frase de Carlos Alberto Montaner que dice sobre este mismo libro: “Sabino no sólo condena el pecado; también señala el camino para salir del infierno”. ¿No le parece que es una forma de decir que solo los que piensan como usted tienen razón?
El último capítulo habla sobre eso. Se llama “Todos nos equivocamos” y en una sección hablo del fanatismo de los conversos. No digo que tengo la verdad, pero yo creo en mis cosas, todo el mundo cree en sus cosas. No estoy diciendo que por creer en mis cosas son los demás los que están equivocados, porque no dice “todos menos yo”, sino “todos” incluyendo al que está hablando. Pero acepto que eso lo deben decir los otros. Todas las ideas son respetables. Lo que hay son ideas falsas y verdaderas. Y lo que nunca se debe de dejar de respetar es a la persona porque todos buscan su verdad, igual que yo.
Y para terminar, ¿para cuándo el II tomo de la historia de Guatemala?
Pues para muy próximamente. En mayo se hará la presentación oficial.
Perfil
- Nació un 24 de julio en 1944 en Buenos Aires.
- En 1970 se licenció en Sociología en la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Un año más tarde se trasladó a Chile para colaborar en el experimento del “socialismo en libertad” que iniciaba Salvador Allende, donde se desencantó con este sistema.
- Llegó a Venezuela donde ganó un concurso de oposición en la cátedra de métodos en la Universidad Central de Venezuela.
- En 1980 comenzó a dorctorarse y a especializarse en materias de economía.
Actualmente es profesor visitante de la Universidad Francisco
Marroquín.
- Ha elaborado numerosos escritos, libros y artículos de los más diversos temas. Desde la metodología científica a la novela.
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