Semanario de Prensa Libre • No. 199 • 27 de abril de 2008

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D mundo

Fiesta para los trabajadores
No siempre los asalariados han tenido los derechos que disfrutan hoy

Por ANA MARTÍNEZ DE ZÁRATE

En la actualidad, a varias personas les costaría imaginar una jornada de más de ocho horas, sin el descanso del fin de semana y otros derechos tan importantes para los trabajadores. Para muchos, ahora, la meta es otra.

El 1 de abril se celebró el doceavo Día Internacional de la Diversión en el Trabajo en el mundo, originado en EE. UU. Muchas empresas están empezando a promover esta máxima, y aunque no todas pueden instalar en sus complejos de oficinas salas de masaje y relajación, mesas de billar, áreas de descanso con comida y bebida gratis, como hace Google, lo que se pretende es instaurar el buen humor entre los trabajadores, para aumentar la eficacia laboral.

Años atrás

En el siglo XIX las condiciones eran muy diferentes. La jornada laboral podía ser de hasta 16 horas, con casos en los que empezaban a las cuatro de la madrugada y terminaban a las ocho de la noche. El salario era tan bajo que los niños trabajaban, a partir de los seis años, y las mujeres se empleaban durante la noche para que la familia pudiera subsistir. Además, si se producía el cierre de la empresa, el destino para las familias obreras era la emigración.

Por eso, no fue extraño que comenzaran las protestas. Las primeras surgieron en EE. UU. En 1829, los trabajadores pidieron la reducción de la jornada a ocho horas al gobernador de Nueva York, pero no obtuvieron respuesta.

Más adelante, el presidente de la unión americana, Andrew Johnson, promulgó la Ley Ingersoll, en donde se establecía que el horario de trabajo no debía sobrepasar las ocho horas diarias, pero nunca se cumplió, por lo que los sindicatos y las organizaciones de trabajo siguieron con sus demandas.


Una de las primeras manifestaciones en Canadá.

Los mártires de Chicago

Es el 1 de mayo de 1886 cuando la Federación Estadounidense de Trabajo marcó como plazo para que se cumpliera esta petición, y amenazó con ir a huelga si no se hacía ese mismo día. El lema era preciso: “¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de ocho horas por día! ¡Ocho horas de trabajo! ¡Ocho horas de reposo! ¡Ocho horas de recreación!”. De forma simultánea se declararon cinco mil huelgas, y 340 mil huelguistas dejaron las fábricas para salir a las calles a gritar sus demandas. De todos ellos, el mismo 1 de mayo, unos 125 mil obreros conquistaron la jornada de ocho horas. A fin de mes serían 200 mil, y antes que terminara el año, un millón.

En Chicago, donde las condiciones de trabajo eran peores que en el resto del país, la huelga continuó los siguientes días. La única fábrica que trabajaba era la de maquinaria agrícola McCormik. Su dueño contrató “rompehuelgas” y su producción salía gracias a éstos. En varias ocasiones hubo conflictos entre los trabajadores y ellos. El 3 de mayo los manifestantes se congregaron frente a la fábrica, y la Policía disparó contra la multitud causando seis muertos y decenas de heridos.

Como reacción a esta matanza se organizó un mitin para el día siguiente, en la plaza Haymarket. Cuando estaba a punto de terminar, alguien de los asistentes lanzó a los policías una bomba y ocasionó la muerte inmediata de uno de ellos, y luego la de otros seis. Las fuerzas armadas respondieron con disparos contra los asistentes, y mataron a 38 obreros.

Después de este incidente las autoridades empezaron una carrera por encontrar a los culpables. Al final, detuvieron a ocho dirigentes del movimiento sin ninguna prueba contundente. Un año y medio más tarde, el 11 de noviembre de 1887, cinco de ellos fueron ahorcados, dos condenados a cadena perpetua y otro a 15 años de trabajos forzados. Desde entonces se les conoce como los “mártires de Chicago”.

Fiesta casi mundial

Cuando se celebró el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, en París en 1889, se estableció que todos los 1 de Mayo se homenajearía a los mártires. En la actualidad, la mayoría de los países celebran esta fiesta y lo utilizan, también, para reclamar sus derechos laborales. Los únicos en el mundo occidental que no lo festejan son Reino Unido, Andorra y EE. UU.

Es curioso que el país donde se originó el movimiento no conmemore el Día del Trabajador. Allí existe una fiesta llamada Labor Party (Día del Trabajo), que se festeja el primer lunes de cada septiembre. Y se hace, desde antes de los acontecimientos en los que se consiguió una jornada de ocho horas. En concreto, tiene su origen en 1882 debido a la propuesta del dirigente Peter J. McGuire de celebrar una fiesta “de los que trabajan” con una comida campestre, desfile y concierto.

Largo camino

Pero, aunque se aprecian los avances, todavía quedan muchas injusticias laborales por mejorar. Según la Organización Internacional de Trabajo (OIT), hay en la actualidad 200 millones de niños que son trabajadores. Además, existen al menos 12.3 millones de personas efectuando trabajos forzosos en “esquemas de servidumbre”. Asimismo, la mujer todavía no ha alcanzado los mismos derechos que tiene el hombre en el trabajo.

En Guatemala, según un estudio del 2002 de la organización Human Rights Watch, se registra que las mujeres, empleadas domésticas y las que trabajan en maquilas, sufren diversos abusos por motivos de género.

Algunos de los objetivos de la OIT son mejorar las condiciones de trabajo entre las que incluyen un salario digno y adecuado; el cumplimiento del horario de ocho horas diarias; medidas de conciliación entre la familia y el trabajo; igualdad de oportunidades; seguridad en el puesto, y servicios de atención médica, entre otros.

Fuentes:www.ilo.org, www.ugt.es, www.hrw.org, www.elpais.com, www.bbc.co.uk


   

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