Un hecho insólito
Después del terremoto del 76, vimos algo inexplicable.

Recuerdo muy bien que tanto antes como después del terremoto de 1976, se observaron muchos fenómenos extraños en la región de Gualán, Zacapa, donde trabajaba en ese entonces.
Meses después del desastre, ocurrió este fenómeno: estaba una noche a cargo de un campamento provisional, donde se guardaba material para la reconstrucción. A temprana hora, nos aprestábamos a efectuar una reunión de trabajo con unos ingenieros y algunos vecinos cuando, de repente, vimos aparecer sobre las montañas de la Sierra de las Minas una enorme bola de fuego blanco, parecida a una burbuja gigante, cuya luz era tan incandescente que nos cegaba.
Conforme se acercaba, crecía más y más, y empezó a descender sobre la aldea Mayuelas, en la ruta al Atlántico. Abordamos varios vehículos y nos encaminamos de forma precipitada hacia el lugar donde cayó, para observar el fenómeno de cerca.
Cuando llegamos, todo era caos.
La población estaba a oscuras, todas las luces se habían apagado, se habían fundido todos los televisores y los radios no funcionaban. Muchos hombres se aprestaban a efectuar una ronda alrededor de más o menos cuatro manzanas de pajonal y monte bajo, que estaban en llamas donde había descendido la bola de fuego, que en un instante se deshizo al chocar con un frondoso árbol. Volvimos al día siguiente, en horas de la mañana, con detectores de metales.
No se encontró en el lugar ningún metal, ni había señales de algún combustible. Los reporteros de Radio Novedad, de Zacapa, llegaron, pero ninguno de nosotros supo explicar sobre el origen de dicho suceso.
A los pocos días, varias personas, incluido yo, empezamos a sentir molestias en la vista: lagrimeo, ardor y veíamos lucecitas. Un mes atrás había visitado al oculista para que me recetara lentes, pero estaba tan bien que no hubo necesidad de eso, según me dijo.
Pero, después de lo sucedido, al visitarlo nuevamente se sorprendió cuando se dio cuenta de que esa vez sí ameritaba recetármelos. Le dije que no me iba a creer lo que había pasado, pero sí me creyó.
Todavía uso lentes, al igual que las demás personas que vieron el fenómeno. Quienes viven en Mayuelas, todavía lo recuerdan.
Florentino Balcárcel Ruiz
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