Tertulia
con Ramón
“Mi infancia fue bien jodida, no teníamos qué comer,
la juventud, más o menos, pero, al final, no me quejo”.
por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Carlos Sebastián

Su buen humor se percibe de entrada, de la misma manera que su abdomen y abundante barba blanca. Su aspecto bonachón tiene concordancia con la manera en que satiriza la vida. Así es Ramón Ávila, un publicista catalán que vino al país en 1963 para cumplir un contrato de solo ocho meses y ya nunca se fue de Guatemala.
Ramón es de esos tipos con los que se inicia una conversación y no se sabe a qué hora concluirá, debido a que los temas brotan de manera constante y se analizan con distintos crisoles. De la seriedad se pasa al análisis filosófico profundo pero sencillo, sin palabras rebuscadas. De su acento español ya queda poco, lo que, a veces, llama la atención son algunas “palabrotas” que utiliza para remarcar con sorna facetas de la vida. A continuación, el resumen de una conversación sostenida con este pintor.
¿Cuantos años tiene?
P... ya se me había olvidado, 74.
¿Bien vividos?
Bueno, mi infancia fue bien fregada, no teníamos qué comer, la juventud más o menos, pero al final, bien vividos, no me quejo, pudo haber sido mejor, pero no fue posible.
¿Y ahora?
Ya lo superé, por eso estoy gordo, estoy contento y tranquilo.
Satisfecho, ¿entonces?
Como persona me siento defectuosa, porque pude haber hecho mejor las cosas, creo que estoy en deuda conmigo mismo.
Pero la insatisfacción empuja a los humanos a ser mejores.
Pues no sé, pero creo que siempre hay que morir con las botas puestas, hay que continuar y mejorar. También tiene que ver mucho el medio, o sea la gente que está cerca de uno. Las cosas que suceden y que uno no hubiera querido que pasaran lo construyen a uno.
¿Qué lo trajo a Guatemala?
Vine de Sao Paulo, Brasil (1963) a cumplir un contrato de ocho meses en una empresa de publicidad y tenía previsto irme a México dos años y finalmente a Estados Unidos.
¿Por qué se quedó?
Ya no me fui a México porque tenía pasaporte español del Gobierno de (Francisco) Franco y este país no tenía relaciones diplomáticas con España. Pude haberlo hecho, pero con ciertos problemas de migración, afortunadamente me propusieron que me quedara ese período aquí y acepté.
Cuando concluyeron los dos años me fui a Estados Unidos, pero no me gustó el país, no quise quedarme. Nueva York no era para mí y cuando vine a recoger mis maletas me volvieron a hablar y ya nunca me moví.
¿Qué le llamó la atención?
Para mí Guatemala era el lugar ideal para estar y convivir; en ese entonces, había mucha comunicación humana, lo cual ha cambiado ahora, pues ya ni salgo. La vida era muy bohemia en esos años, había un diálogo muy interesante.
¿Se ha aislado?
Lo que sucede es que siento que hay un ambiente nebuloso, las personas no se relacionan como antes. Hoy decirle a alguien: vos nos juntamos a tomar un café, ¡púchica!, es toda una ceremonia, resulta difícil porque se tienen otros problemas y necesidades.

La vida nos saca de los principios y las cosas positivas, olvidar las negativas cuesta mucho. Uno lee un periódico de aquí, Brasil o España (por Internet) y el mensaje es el mismo, solo noticias negativas y muy pocas que suavicen. Eso hace que uno se vaya aislando y valorando, porque si no ¿quién lo valora a uno?
¿Se siente valorado en su arte?
En la actualidad, después de tanto trabajo como que mi pintura está teniendo más aceptación, pero p..., cuando ya me estoy muriendo, ¿qué mal verdad?, pero de todas maneras es bueno.
¿Qué sucesos lo han marcado?
Una cosa es el aspecto y lo que uno quiere comunicar, y otra las interioridades de las personas, y en mi caso sí hay hechos muy tristes. Mi mamá, por ejemplo, está enterrada aquí, mi hijo mayor, quien murió en un accidente, también.
¿Ha sentido el deseo de regresar a España?
Llega el momento en que la tierra lo sujeta y planta a uno. A veces me pregunto, ¿por qué no me voy a España? y cuando estoy allá digo y ¿qué p... hago aquí?; y me regreso a Guatemala. Parece obsceno e irreverente pero no lo es, simplemente es una forma fea y poco educada de decirlo, pero yo me considero gente de aquí, que los de aquí me consideren otra cosa es diferente.
Hay gente que no lo acepta a uno sin haber hecho algo malo para que se merezca, solo por no haber nacido en el mismo lugar, lo cual es muy triste y eso se nota con los problemas de migración que en la actualidad se tienen.
¿Qué piensa de las políticas migratorias actuales, sobre todo, de EE. UU. y Europa?
Este problema es muy cruel, no hay derecho, no es justo. Yo fui migrante en Brasil a donde llegué con una mano adelante y otra atrás, pero en aquella época era otra cosa.
Cuando salí de España el Gobierno franquista pagaba el viaje a los que queríamos salir, debido a que no le conveníamos al régimen, porque si alguien quería salir era porque no estaba de acuerdo con el sistema, ahora se migra por hambre.
En cuanto al arte, ¿cómo se definió por la pintura?
Siempre quise ser pintor. Desde temprana edad, sentí una necesidad, sin saber exactamente qué representaba ser artista, de expresarme; entonces, pinté en las paredes de las calles (de Barcelona) graffitis, solo que antes se hacía por la necesidad de tener un lienzo o un lugar dónde expresarse.
Me inscribí en la escuela Industrial de Artes y Oficios para estudiar Bellas Artes y también busqué chamba de aprendiz en talleres de arte. En Europa existía la costumbre de que los maestros recibían aprendices para pintar o mantener limpios los pinceles, hoy ya no mucho. Yo quisiera tener aprendices y los he tenido, pero luego se desvinculan, quieren ir muy rápido.
¿Le teme al futuro?
No, no me da miedo, porque una cosa es tratar de ser normal y la otra dejarse fregar, puedo ser muy condescendiente y romántico, pero también ponerme para balazos; la vida enseña eso, pero tampoco se debe andar en contra del mundo. Yo he conocido pintores y alumnos que están en contra de la vida, del profesor, de mí, de todo, pues está bien, pero les digo: ¡Haz algo, pinta!
Los artistas siempre se quejan de que no se puede vivir del arte
Eso no es cierto, lo que pasa es que hay que ser bueno. Yo escucho decir: “Es que en Guatemala no se lee”, eso ofende ¿cómo que no se lee en el país?, yo no tengo la obligación de leer lo que ese señor escribe, leo lo que me interesa y gusta, ¿será que se preocupa la persona o el poeta que reclama de los lectores?
Yo no me preocupo porque lo que hago vaya a gustar a alguien, me interesa ser honesto conmigo mismo y hacer bien las cosas; entonces, no es justo reclamar que a uno no le leen o no le compran, porque hay que hacerlo bien, aunque también hay personas que hacen bien y no tienen suerte en la vida.
Entonces, ¿solo la calidad puede llevar al éxito?
También se necesita ser descubierto, porque si no cómo se va a conocer su obra.
¿Es complicado destacar?
Yo soy muy simple en mis cosas, no tengo elementos comparativos muy académicos o intelectuales, mi vida es muy simple, no hemos citado (durante la entrevista) intelectuales o filósofos. En las entrevistas la gente luego mezcla citas como dando a entender: “Soy muy leído o culto”; además, no tengo mucha memoria, tengo pero es visual.
¿En qué tipo de escuela ubica su arte?
Abstracto, expresivo. Antes era figurativo y tengo una galería donde se pueden ver mis diferentes fases, pero también fui realista. En la década de 1960 ya era abstracto, en lo cual influyó mi deseo de libertad, ya que venía de una dictadura (en España) y cuando llegué a América cambió totalmente mi forma de ver el mundo.
Como artista, ¿cómo ha sido tratado?
Lógicamente un país promueve sus propios valores antes que los otros, cuando digo esto me refiero a los extranjeros, lamentablemente yo siempre voy a serlo, por mucho que pelee por ser parte de la sociedad lo más profundamente posible. A nadie le gusta en su casa que le vengan a decir cómo se deben hacer las cosas o cambiar el modo, pero no es esa mi intención, lo que trato de hacer comprender es que pretendo acompañar o estar a la par de los otros, pero no desasociar, sería estúpido de mi parte. |