AÑOS 60:
las dos caras de la Luna

Leslie Figueroa
abraza a su hijo
Pablo Ángel.
por juan carlos lemus
Guatemala, un país donde
más de las tres cuartas
partes de la población
andaba descalza en la
década de 1950 (Luis
Cardoza y Aragón, Guatemala: Las
líneas de su mano), amaneció en la
década de 1960 con tres acontecimientos
que marcarían su futuro:
el surgimiento del conflicto armado
interno, la incipiente influencia hippie
y la proliferación del protestantismo.
La nación venía de sobrellevar las
tiranías de Manuel Estrada Cabrera
(1898-1920) y de Jorge Ubico
(1931-1944); su revolución había durado
solo 10 años. Eso significa que
los padres y abuelos de aquellos
jóvenes de la década de 1960 vivieron
el autoritarismo, además de
la frustración generada por la contrarrevolución
que taló la democracia
en el país.
A inicios de la década gobernaba
Miguel Ydígoras Fuentes, quien fue
derrocado por un golpe militar en
marzo de 1963. Para entonces ya
había surgido una euforia revolucionaria
en América latina debido al
triunfo de la Revolución Cubana, en
1959, liderada por Fidel Castro. De
las entrañas del Ejército chapín brotó
una sublevación de oficiales, el 13
de noviembre de 1960, que derivó en
la guerrilla.
Gabriel Aguilera Peralta, en su
ensayo El Alzamiento del 13 de Noviembre
y el principio de la Guerra, lo
recuerda de esta manera: “La mayoría
de los oficiales comprometidos
en el alzamiento se rindió y
posteriormente se reintegró a la vida
legal, pero un grupo de ellos se
refugió en Honduras y El Salvador, y
optó por continuar la lucha. Entre
los dirigentes figuraban Luis Turcios
Lima, Marco Antonio Yon Sosa,
Alejandro de León Aragón (…). En
febrero de 1962, los oficiales alzados
organizaron el Movimiento
Rebelde 13 de Noviembre (MR-13)”.
La reacción militar consistió en una
caldera de fuego y violencia encendida
durante tres décadas.
Indígenas, hippies, guerrilleros,
soldados y ciudadanos comunes y
corrientes vivían el caos político y
social. El 13 de julio de 1960 ardió el
hospital neurosiquiátrico. Aquella
locura fue como una llamarada que
reflejó aquel presente y el futuro del
país. Los ideales revolucionarios habían
sido quemados; estallaban
bombas; se oían rumores de guerra
por el conflicto de Belice, y surgieron,
al servicio de la ultra derecha,
los escuadrones de la muerte
.
Si aquel 20 de julio de 1969, Neil
Armstrong, con la misión Apolo 11,
pisaba por primera vez la Luna, el
mundo tocaba el extremo siniestro;
caminaba en una oscuridad que duró varias décadas. La Guerra Fría
estaba en su cénit. Estados Unidos
hacía la guerra en Vietnam; en protesta,
algunos jóvenes se prendían
fuego, por separado, en plena vía
pública, ante el Pentágono y ante el
edificio de las Naciones Unidas en
Nueva York. Fue la década en la que
asesinaron al Che Guevara, a Martin
Luther King y a John F. Kennedy.
En medio de tal caos surgió el
movimiento hippie con su rock, la
psicodelia, la revolución sexual, el
amor libre y la tendencia al nomadismo.
Quizás fue un intento por
poner los pies en el lado claro de la
Luna. La rebeldía era total. En su
anecdotario se tiene que un ala de
los hippies presentó, en 1968, como
“candidato presidencial” a un cerdo.
¿Qué sucedió en nuestro país?
¿Llegó ese movimiento contestatario?
Un abuelo del rock , Jorge Godínez,
asegura que sí. La influencia
hippie entró a finales de la década. El
escritor y músico recuerda que a
ellos no les importaba la autoridad,
por lo que frecuentemente
eran encarcelados. Usaban
trajes floreados, pantalones campana,
peinados estilo afro. Una amplia
descripción de esta moda se encuentra
en su novela Rockfilia , publicada
en el 2007 (editorial Óscar
de León Palacios).
Por aquellos años se escuchaban,
básicamente, tres tipos de música,
no necesariamente conciliadores
entre sí: la marimba, el rock y las
baladas. El ala romántica, la académica,
era promovida por programas
radiales tales como El reloj musical
, en la TGW, de María del Tránsito
Barrios y Alicia Azurdia. La
misma emisora, estatal, ofrecía sus
Noches de gala, donde presentaba a
la Orquesta de Guillermo Rojas, a
Roderico Penagos, alternaban orquestas,
tríos y algún cómico.
Con un ritmo diametralmente
opuesto sonaban en la radio y en
conciertos nacionales los Jetz, Ángeles
Azules, Chicos de Fuego, SOS,
Módulo 5 y Apple Pie.
Del cine nacional de aquellos días
se conserva una película de alto
voltaje romántico: Los domingos pasarán,
con Carlos del Llano como
protagonista central. Del extranjero
vinieron películas como Un hombre
y una mujer, de Claude Lelouch, y
aquella otra que dio el Oscar de
Mejor Actriz a Elizabeth Taylor:
¿Quién teme a Virginia Woolf?

La radio
Ya había pasado la llamada época
de oro de la radio TGW (que suele
fecharse entre la década de 1940 y
1950), pero persistía la vida bohemia
de los artistas que se daban cita en
ese lugar de la Tipografía Nacional
donde ya se escuchan los triunfos de
Hugo Leonel Vaccaro. Los artistas
frecuentaban, en la esquina de la
radio, el Bar de las Estrellas (mientras,
desde Italia, Gigliola Cinquetti
derramaba el sentimentalismo extremo
con su canción No tengo edad
para amarte). Las radioemisoras comerciales
famosas eran La voz de las
Américas, Ciros y Centro Radio. En
la TGW —recuerda Carlos Cifuentes,
escritor de los textos para los
actuales programas Chapinlandia y
Pinceladas Morenas—, se transmitieron
con rotundo éxito La novela
guatemalteca , una franja de novelas
cortas costumbristas creada por María
Luisa Aragón (quien por entonces
creó al personaje Chalío Titipuches)
y El Tribunal de la Alegría,
de Armando Moreno Morales, donde
los personajes protagónicos eran
Filomeno y su pareja La Felipa, dos
paisanos satíricos.
“Debido a que era un boom de las
drogas —dice Cifuentes—, Ernestina
Porras Velásquez, soprano coloratura, escribió guiones para su
programa La red, en la que se dramatizaban
casos de drogadictos”.
En ese mismo lado diáfano de la
Luna, en 1967 le fue concedido el
Premio Nobel de Literatura a Miguel
Ángel Asturias. El dramaturgo más
importante de Guatemala, Carlos
Solórzano (actualmente residente
en México), organizaba el Teatro
Nuevo de Latinoamérica (1968) y
publicaba, entre otras, dos de sus
más grandes obras, Los falsos demonios
(teatro, 1963, convertida en
novela en 1966), y Cruce de vías
(teatro, 1969). En la capital se continuaban
montando operetas, zarzuelas
y obras costumbristas. Manolo
Gallardo estudiaba en Madrid,
en la Real Academia de Bellas artes
de San Fernando (1958-1962) y ya
pintaba sus famosos retratos y demás
obra que le ha valido reconocimientos
nacionales e internacionales.
Salto al protestantismo
El Concilio Vaticano II, celebrado
entre 1962 y 1965, provocó reformas
en la Iglesia Católica tales como la
abolición del Índex Librorum Prohibitorum
(“Índice de libros prohibidos”)
y en las misas dejó de utilizarse
el latín como única lengua
autorizada. Pero el Concilio fue mucho
más que la aprobación de nuevos
decretos, fue un estímulo a la opción
de acompañamiento social de la Iglesia
en los sectores marginados. En
consecuencia, curas, monjas y estudiantes
fueron acusados de comunistas.
Alcira Goicolea Villacorta en
su ensayo La Iglesia Católica,
1956-1990 , escribe: “Algunos sacerdotes
se apartaron de la disciplina
jerárquica que había caracterizado
al catolicismo tradicional, y se declararon
en abierta rebeldía contra
sus superiores eclesiásticos”.
Los grupos evangélicos aprovecharon
esas discordias. Virginia Garrard
Burnett, en su investigación El
protestantismo, 1954-1990, escribe:
“El protestantismo tiene en Guatemala
una historia larga y en ocasiones
difícil, cuyo origen se remonta
al gobierno liberal de Justo
Rufino Barrios. Al principio, sus
creencias y valores fueron vistos por
la mayoría de la población como
algo extraño y herético. Sin embargo,
este estereotipo cambió radicalmente
en la segunda mitad del
presente siglo (XX), cuando miles
de guatemaltecos de todos los grupos
étnicos y sociales se hicieron
protestantes. En fecha tan reciente
como 1960, menos del 5% de los
habitantes de Guatemala pertenecía
a denominaciones cristianas no católicas;
en 1990, en cambio, tal proporción
equivalía a un tercio de la
población”. En su mismo ensayo, Garrard
Burnett añade que los protestantes
desarrollaron una nueva y
atrevida estrategia para la
evangelización
de
América
latina, la
cual se basaba
en un
principio
“tan sencillo
como cont
u n d e n te :
promover la
fe evangélica
como alternativa
ideológica
del comunismo”. La misma autora,
en su estudio El nuevo crecimiento
misionero , anota: “Solamente en 1962
se convirtieron 15,000 guatemaltecos
como producto de la campaña”.
“La campaña” a la que se refiere es
la que llevaron a cabo los protestantes
de convencer de puerta en
puerta; utilizar los medios de comunicación
y otras técnicas que
usualmente eran aplicadas en la mercadología
estadounidense.
Las geografía también contribuyó
a que el protestantismo se esparciera
en el territorio. Así lo explica Bruce J.
Calder en su estudio Influencia extranjera
en la Iglesia Católica: “Los
habitantes de los pueblos más pequeños
y de las aldeas únicamente
disponían de las visitas que, una o
dos veces al año, hacía algún sacerdote.
“Los gachos
se conformaban con flex"
Entrevista con Jorge Godínez,
escritor y músico, “abuelo del rock"
Guatemala .
¿Cómo recuerda aquellos añ
1960 en Guatemala?
Con mucha nostalgia, las cos
bres eran de lo más tranquilas y
moda venía de la onda de James
Elvis y Marlon Brando.
¿Se consumían
muchas drogas?
La mota entró
en Guate a finales
de 1960 (aunque
yo la probé a mediados).
Hasta antes
del moi, el licor
guaro o cerveza,
era el estimulante
preferido de
la juventud.
¿Cómo fue la
psicodelia?
Tuvo su época
de oro con las discotecas
tipo Tijuana
Discoteque,
Old Tequila, La
Caja y La Rana
Sabia, donde la
luz negra (ultra
violeta), las estroboscópicas
y las intermitentes d
la sensación escenográfica psic
así como los murales de dichos
¿Cuál era el punto de encuentro?
En la década de 1960, el rollo
estar en la Sexta taloneando a lo
macizos (pushers vendedores de malanga) o simplemente vacilando con
hippies criollos. Uno de los pun
principales fue la cafetería Peña
ubicada al final de la sexta y 11,
en la esquina de la 12.
¿Cuáles eran los grupos de
rock ?
Entre otros, recuerdo a Picapiedra,
Beatnicks, Traviesos,
Jetz, Ángeles Azules, Chicos de
Fuego, Reyes del ritmo, Unidad
Cinco, SOS, Módulo 5, Apple
Pie, Hechmens, Marauders, Tau
nis, Seis, Hollydays, etcétera.
¿Cómo llegó la onda
hippie a Guate?
Con el rock tipo
Grateful Dead, Velvet
Underground, Stepenwolf,
The Cream,
con los discos Revolver
y Sargento Pimienta de los Beatles,
todo esto desde 1967, y con ello
la marihuana, los alcaloides tipo
mandrax, cuaalude, fenobarbital, lagartil,
y los speed, tipo vesparac y las
anfetaminas y bifetaminas. También
se pusieron de moda los hongos tipo
pajaritos, y los San Isidro, recolectados
en los potreros de Pinula.
Para los más sofisticados estaba el
LSD. Algunos también le entraban al
peyote. Los más gachos
se conformaban
con flex ( pegamento
de zapatero), tip top
y tíner. Toda esta parafernalia
era parte
de la onda paz y
amor de los gitanos
sintéticos o niños
flor, como se hacían
llamar los hippies
gringos.
Era una época de
aguda represión
militar, ¿cómo era
ese clima?
Acerca de la represión
te cuento
que los músicos rockeros
fuimos perseguidos
por la Policía
y el Ejército, por
usar el pelo largo y
por vestirnos chileros, algunos perdieron
su cabellera y otros fuimos
encarcelados (solo por ser jóvenes
chingones ), la persecución derivó en
una suerte de represión cultural, fue
así como resultamos siendo “subversivos” y reprimidos por ser diferentes
a las demás “gentes ”. También las
chavas tuvieron lo propio, porque se
prohibieron las minifaldas
y el exceso de
maquillaje.
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