Semanario de Prensa Libre • No. 215 • 17 de agosto de 2008

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D fondo

AÑOS 60:
las dos caras de la Luna


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Leslie Figueroa abraza a su hijo Pablo Ángel.

por juan carlos lemus

Guatemala, un país donde más de las tres cuartas partes de la población andaba descalza en la década de 1950 (Luis Cardoza y Aragón, Guatemala: Las líneas de su mano), amaneció en la década de 1960 con tres acontecimientos que marcarían su futuro: el surgimiento del conflicto armado interno, la incipiente influencia hippie y la proliferación del protestantismo.

La nación venía de sobrellevar las tiranías de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920) y de Jorge Ubico (1931-1944); su revolución había durado solo 10 años. Eso significa que los padres y abuelos de aquellos jóvenes de la década de 1960 vivieron el autoritarismo, además de la frustración generada por la contrarrevolución que taló la democracia en el país.

A inicios de la década gobernaba Miguel Ydígoras Fuentes, quien fue derrocado por un golpe militar en marzo de 1963. Para entonces ya había surgido una euforia revolucionaria en América latina debido al triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, liderada por Fidel Castro. De las entrañas del Ejército chapín brotó una sublevación de oficiales, el 13 de noviembre de 1960, que derivó en la guerrilla.

Gabriel Aguilera Peralta, en su ensayo El Alzamiento del 13 de Noviembre y el principio de la Guerra, lo recuerda de esta manera: “La mayoría de los oficiales comprometidos en el alzamiento se rindió y posteriormente se reintegró a la vida legal, pero un grupo de ellos se refugió en Honduras y El Salvador, y optó por continuar la lucha. Entre los dirigentes figuraban Luis Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa, Alejandro de León Aragón (…). En febrero de 1962, los oficiales alzados organizaron el Movimiento Rebelde 13 de Noviembre (MR-13)”. La reacción militar consistió en una caldera de fuego y violencia encendida durante tres décadas.

Indígenas, hippies, guerrilleros, soldados y ciudadanos comunes y corrientes vivían el caos político y social. El 13 de julio de 1960 ardió el hospital neurosiquiátrico. Aquella locura fue como una llamarada que reflejó aquel presente y el futuro del país. Los ideales revolucionarios habían sido quemados; estallaban bombas; se oían rumores de guerra por el conflicto de Belice, y surgieron, al servicio de la ultra derecha, los escuadrones de la muerte .

Si aquel 20 de julio de 1969, Neil Armstrong, con la misión Apolo 11, pisaba por primera vez la Luna, el mundo tocaba el extremo siniestro; caminaba en una oscuridad que duró varias décadas. La Guerra Fría estaba en su cénit. Estados Unidos hacía la guerra en Vietnam; en protesta, algunos jóvenes se prendían fuego, por separado, en plena vía pública, ante el Pentágono y ante el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Fue la década en la que asesinaron al Che Guevara, a Martin Luther King y a John F. Kennedy.

En medio de tal caos surgió el movimiento hippie con su rock, la psicodelia, la revolución sexual, el amor libre y la tendencia al nomadismo. Quizás fue un intento por poner los pies en el lado claro de la Luna. La rebeldía era total. En su anecdotario se tiene que un ala de los hippies presentó, en 1968, como “candidato presidencial” a un cerdo.

¿Qué sucedió en nuestro país? ¿Llegó ese movimiento contestatario? Un abuelo del rock , Jorge Godínez, asegura que sí. La influencia hippie entró a finales de la década. El escritor y músico recuerda que a ellos no les importaba la autoridad, por lo que frecuentemente eran encarcelados. Usaban trajes floreados, pantalones campana, peinados estilo afro. Una amplia descripción de esta moda se encuentra en su novela Rockfilia , publicada en el 2007 (editorial Óscar de León Palacios).

Por aquellos años se escuchaban, básicamente, tres tipos de música, no necesariamente conciliadores entre sí: la marimba, el rock y las baladas. El ala romántica, la académica, era promovida por programas radiales tales como El reloj musical , en la TGW, de María del Tránsito Barrios y Alicia Azurdia. La misma emisora, estatal, ofrecía sus Noches de gala, donde presentaba a la Orquesta de Guillermo Rojas, a Roderico Penagos, alternaban orquestas, tríos y algún cómico.

Con un ritmo diametralmente opuesto sonaban en la radio y en conciertos nacionales los Jetz, Ángeles Azules, Chicos de Fuego, SOS, Módulo 5 y Apple Pie.

Del cine nacional de aquellos días se conserva una película de alto voltaje romántico: Los domingos pasarán, con Carlos del Llano como protagonista central. Del extranjero vinieron películas como Un hombre y una mujer, de Claude Lelouch, y aquella otra que dio el Oscar de Mejor Actriz a Elizabeth Taylor: ¿Quién teme a Virginia Woolf?

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La radio

Ya había pasado la llamada época de oro de la radio TGW (que suele fecharse entre la década de 1940 y 1950), pero persistía la vida bohemia de los artistas que se daban cita en ese lugar de la Tipografía Nacional donde ya se escuchan los triunfos de Hugo Leonel Vaccaro. Los artistas frecuentaban, en la esquina de la radio, el Bar de las Estrellas (mientras, desde Italia, Gigliola Cinquetti derramaba el sentimentalismo extremo con su canción No tengo edad para amarte). Las radioemisoras comerciales famosas eran La voz de las Américas, Ciros y Centro Radio. En la TGW —recuerda Carlos Cifuentes, escritor de los textos para los actuales programas Chapinlandia y Pinceladas Morenas—, se transmitieron con rotundo éxito La novela guatemalteca , una franja de novelas cortas costumbristas creada por María Luisa Aragón (quien por entonces creó al personaje Chalío Titipuches) y El Tribunal de la Alegría, de Armando Moreno Morales, donde los personajes protagónicos eran Filomeno y su pareja La Felipa, dos paisanos satíricos.

“Debido a que era un boom de las drogas —dice Cifuentes—, Ernestina Porras Velásquez, soprano coloratura, escribió guiones para su programa La red, en la que se dramatizaban casos de drogadictos”.

En ese mismo lado diáfano de la Luna, en 1967 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura a Miguel Ángel Asturias. El dramaturgo más importante de Guatemala, Carlos Solórzano (actualmente residente en México), organizaba el Teatro Nuevo de Latinoamérica (1968) y publicaba, entre otras, dos de sus más grandes obras, Los falsos demonios (teatro, 1963, convertida en novela en 1966), y Cruce de vías (teatro, 1969). En la capital se continuaban montando operetas, zarzuelas y obras costumbristas. Manolo Gallardo estudiaba en Madrid, en la Real Academia de Bellas artes de San Fernando (1958-1962) y ya pintaba sus famosos retratos y demás obra que le ha valido reconocimientos nacionales e internacionales.

Salto al protestantismo

El Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965, provocó reformas en la Iglesia Católica tales como la abolición del Índex Librorum Prohibitorum (“Índice de libros prohibidos”) y en las misas dejó de utilizarse el latín como única lengua autorizada. Pero el Concilio fue mucho más que la aprobación de nuevos decretos, fue un estímulo a la opción de acompañamiento social de la Iglesia en los sectores marginados. En consecuencia, curas, monjas y estudiantes fueron acusados de comunistas. Alcira Goicolea Villacorta en su ensayo La Iglesia Católica, 1956-1990 , escribe: “Algunos sacerdotes se apartaron de la disciplina jerárquica que había caracterizado al catolicismo tradicional, y se declararon en abierta rebeldía contra sus superiores eclesiásticos”.

Los grupos evangélicos aprovecharon esas discordias. Virginia Garrard Burnett, en su investigación El protestantismo, 1954-1990, escribe: “El protestantismo tiene en Guatemala una historia larga y en ocasiones difícil, cuyo origen se remonta al gobierno liberal de Justo Rufino Barrios. Al principio, sus creencias y valores fueron vistos por la mayoría de la población como algo extraño y herético. Sin embargo, este estereotipo cambió radicalmente en la segunda mitad del presente siglo (XX), cuando miles de guatemaltecos de todos los grupos étnicos y sociales se hicieron protestantes. En fecha tan reciente como 1960, menos del 5% de los habitantes de Guatemala pertenecía a denominaciones cristianas no católicas; en 1990, en cambio, tal proporción equivalía a un tercio de la población”. En su mismo ensayo, Garrard Burnett añade que los protestantes desarrollaron una nueva y atrevida estrategia para la evangelización de América latina, la cual se basaba en un principio “tan sencillo como cont u n d e n te : promover la fe evangélica como alternativa ideológica del comunismo”. La misma autora, en su estudio El nuevo crecimiento misionero , anota: “Solamente en 1962 se convirtieron 15,000 guatemaltecos como producto de la campaña”.

“La campaña” a la que se refiere es la que llevaron a cabo los protestantes de convencer de puerta en puerta; utilizar los medios de comunicación y otras técnicas que usualmente eran aplicadas en la mercadología estadounidense.

Las geografía también contribuyó a que el protestantismo se esparciera en el territorio. Así lo explica Bruce J. Calder en su estudio Influencia extranjera en la Iglesia Católica: “Los habitantes de los pueblos más pequeños y de las aldeas únicamente disponían de las visitas que, una o dos veces al año, hacía algún sacerdote.

“Los gachos se conformaban con flex"

Entrevista con Jorge Godínez, escritor y músico, “abuelo del rock" Guatemala .

¿Cómo recuerda aquellos añ 1960 en Guatemala?

Con mucha nostalgia, las cos bres eran de lo más tranquilas y moda venía de la onda de James Elvis y Marlon Brando.

¿Se consumían muchas drogas?

La mota entró en Guate a finales de 1960 (aunque yo la probé a mediados). Hasta antes del moi, el licor guaro o cerveza, era el estimulante preferido de la juventud.

¿Cómo fue la psicodelia?

Tuvo su época de oro con las discotecas tipo Tijuana Discoteque, Old Tequila, La Caja y La Rana Sabia, donde la luz negra (ultra violeta), las estroboscópicas y las intermitentes d la sensación escenográfica psic así como los murales de dichos

¿Cuál era el punto de encuentro?

En la década de 1960, el rollo estar en la Sexta taloneando a lo macizos (pushers vendedores de malanga) o simplemente vacilando con hippies criollos. Uno de los pun principales fue la cafetería Peña ubicada al final de la sexta y 11, en la esquina de la 12.

¿Cuáles eran los grupos de rock ?

Entre otros, recuerdo a Picapiedra, Beatnicks, Traviesos, Jetz, Ángeles Azules, Chicos de Fuego, Reyes del ritmo, Unidad Cinco, SOS, Módulo 5, Apple Pie, Hechmens, Marauders, Tau nis, Seis, Hollydays, etcétera.

¿Cómo llegó la onda hippie a Guate?

Con el rock tipo Grateful Dead, Velvet Underground, Stepenwolf, The Cream, con los discos Revolver y Sargento Pimienta de los Beatles, todo esto desde 1967, y con ello la marihuana, los alcaloides tipo mandrax, cuaalude, fenobarbital, lagartil, y los speed, tipo vesparac y las anfetaminas y bifetaminas. También se pusieron de moda los hongos tipo pajaritos, y los San Isidro, recolectados en los potreros de Pinula. Para los más sofisticados estaba el LSD. Algunos también le entraban al peyote. Los más gachos se conformaban con flex ( pegamento de zapatero), tip top y tíner. Toda esta parafernalia era parte de la onda paz y amor de los gitanos sintéticos o niños flor, como se hacían llamar los hippies gringos.

Era una época de aguda represión militar, ¿cómo era ese clima?

Acerca de la represión te cuento que los músicos rockeros fuimos perseguidos por la Policía y el Ejército, por usar el pelo largo y por vestirnos chileros, algunos perdieron su cabellera y otros fuimos encarcelados (solo por ser jóvenes chingones ), la persecución derivó en una suerte de represión cultural, fue así como resultamos siendo “subversivos” y reprimidos por ser diferentes a las demás “gentes ”. También las chavas tuvieron lo propio, porque se prohibieron las minifaldas y el exceso de maquillaje.


   

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