Semanario de Prensa Libre • No. 215 • 17 de agosto de 2008

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D frente

La Leyenda vive
La vida del personaje que le dio nombre al estadio nacional, transcurre en el anonimato.

por: francisco mauricio martÍnez
fotos: carlos sebastiÁn

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Asus 86 años, su porte luce impecable, su conversación es fluida y sus chispazos de humor son frecuentes. El único ejercicio que hace en la actualidad es “estar de arriba para abajo”, en su casa, la capital o en la ciudad de Mixco haciendo sus mandados. Los destartalados autobuses urbanos constituyen su principal forma de traslado y, más de alguna vez, ha escuchado en el interior de ellos una conversación donde se hace alusión al estadio nacional Mateo Flores, sin que los “paisanos ” se percaten de que al lado, sentado o de pie, va el ganador del Maratón de Boston de 1952. “Lo único que le pido a los santos —tiene varios en su sala— cuando salgo, es regresar bien. Aunque algunas veces me han sacado mis centavitos ”, dice Doroteo Guamuch Flores. A continuación, una conversación sostenida con el personaje que le ha prestado su nombre a, por lo menos, a una calzada, una escuela y el estadio nacional.

¿Qué se siente vivir rodeado de trofeos, medallas, diplomas...?

Bueno... una gran felicidad de que Dios le haya dado a uno la posibilidad de alcanzar objetivos.

¿El atletismo fue su única pasión?

Fue el segundo deporte que practiqué, porque el primero fue el futbol, el cual jugué de los 7 a 18 años. Después tuve que trabajar en el Country Club y ahí aprendí a jugar golf, gracias que todos los caddies jugábamos un campeonato todos los años.

¿Cómo ingresó allí?

Primero fui albañil y cuando se terminó el trabajo, me quedé en el campo como caddie; cargaba los palos de los jugadores, veía el estado de la grama, para determinar si estaba para jugar lento o rápido y otras cosas. En 1946, me pasé a una empresa de hilados y tejidos ubicada en el Guarda Viejo (zona 8) y cuyo propietario era don Fraterno Vila. Allí había un equipo de atletismo al cual me integré; en ese entonces corría de aquí (Cotió) donde vivía con mis viejitos, hasta el Guarda. La primera carrera que gané fue la de Max Tott y en segundo lugar ingresó Agustín Martínez, quien era el campeón capitalino en ese entonces. Don Fraterno me daba permiso para entrenar, casi siempre, de 11 a 2 ó 3 de la tarde (ganaba como 25 centavos diarios) hasta 1957 que fue cuando corrí por última vez (Max Tott) debido a una lesión en la rodilla. Dejé el camino para los jóvenes, pero ya van 60 años y no veo que alguno sobresalga.

¿Qué tal de salud?

Bien, de todas maneras a esta edad uno ya no deja de tener sus achaques, pero gracias a Dios bien. Tuve una época mala (1995), mi piel se puso de mal color y me llevaron al IGSS, donde solo me dieron una pastilla para tranquilizarme y dijeron que no podían atenderme porque no estaba afiliado, por lo que me trasladaron al Hospital General. Esto lo supo Teodoro (Palacios Flores), quien se enojó y platicó con las autoridades de la Confede, quienes me trasladaron al Hospital Militar. Tenía un trastorno en un pulmón.

¿Qué hace en la actualidad?

Sigo enrolado al deporte, gracias a que el Banco G&T Continental me invitó a participar en un proyecto de fomento y promoción del atletismo en el país. Inicialmente se hacía en varias categorías, pero ahora está enfocado a la niñez entre 6 y 16 años y se trabaja durante los meses del ciclo escolar. No es un trabajo diario de oficina, sino que ellos me llaman o yo pregunto cuándo hay actividades.

¿Practica algún deporte?

No, ya no. Ahorita mi vida es solo estar caminando y caminando; en mi casa de un lado para otro o si no agarro camino a la capital. Mi vida es estar ruleteando, nunca estoy sentado un rato, siempre estoy de arriba para abajo.

¿Utiliza automóvil o autobús?

Muchas veces viajo en camioneta. Hoy salí y estaba parado en una acera cuando de repente un camión que reparte agua pura dejó caer un tambo vacío y me golpeó la rodilla... imagínese si hubiera estado lleno.

¿Lo reconocen en la calle?

Algunas personas me reconocen y saludan, sobre todo los amigos. Lo que sucede de manera frecuente es que me llaman Teodoro (Palacios Flores) y a él le dicen Mateo. A raíz de eso, cuando platicamos me expresa “Mirá vos, cuando me llaman Mateo me hago el loco”, y yo le respondo: hago lo mismo, porque nunca me detengo a explicarles que nos están confundiendo.

¿Por qué Mateo y no Doroteo?

Es una pregunta que siempre se hace. Me parece que nació de la imprecisión de un cronista deportivo, a quien, posiblemente, por la emoción del triunfo se le hizo más fácil escribir Mateo Flores en lugar de Doroteo Guamuch Flores, que es más largo en su estructura. Eso sucedió desde el 19 de abril de 1952 (fecha en que ganó el maratón de Boston) y hasta la fecha pocos conocen mi verdadero nombre, solo me dicen... Mateo, Mateo y Mateo.

Y en su familia, ¿cómo lo llaman?

Mateo. Únicamente veo Doroteo Guamuch Flores cuando tengo que firmar un documento de valor.

¿Qué siente que el estadio nacional y una calzada lleven su nombre?

Satisfacción de saber que hice algo por el deporte del país y que me recuerdan. Mi triunfo fue algo soñado, porque nunca se imaginaron que tres pelones que fuimos a Boston hiciéramos historia (Humberto Velásquez (quien ingresó en 3er. lugar) y Guillermo Rojas, en el puesto 27).

¿Cuál fue su entrenamiento previo al maratón de Boston.

En esa época se podía correr en la capital porque no había mucho tráfico y por aquí (Cotió) con mayor razón, porque había más espacio y se podía hacer a cualquier hora, porque no había zozobra de que alguien saliera por ahí y le quitara los zapatos. Después de trabajar salía a correr una hora y 15 minutos o más y regresaba a las seis o siete de la noche, y si lo hacía durante la mañana me levantaba a las 4 de la madrugada. Mi ruta para entrenar, entre semana, era de aquí a San Lucas, en ese tiempo no estaba la calzada Roosevelt. Cuando disponía de tiempo para entrenar corría de ida y vuelta y tardaba como tres horas.

¿Cuántos kilómetros recorría en su entreno?

Nunca medí por kilómetros, solo por tiempo. Los domingos me iba a San Pedro Sacatepéquez, Villa Nueva o Boca del Monte. Ahora mucha gente sale a correr, porque sabe que es bueno para la salud, pero no hay nada competitivo, falta preparación. Por el trabajo corren dos o tres kilómetros a la semana y los fines de semana deben competir; no hay tiempo para prepararse, es solo para distraerse.

¿Creyó que iba a ser célebre ?

Hubo una época en que mi madre preguntaba por mí y decía “¿dónde está tu tata ? ” y mi padre respondía: Entrenando, y ella agregaba: ¡Siempre sacrificándose, por no ver que no le cumplen con lo que le ofrecen”. A mi abuela yo le decía: “El árbol no se cae del primer hachazo”. El que siempre me acompañaba en las competencias donde fueran era mi viejo. Él se paraba a la orilla del campo, los parques o detrás de la malla para verme entrenar o competir.

¿Qué tan seguido va al estadio?

No tan seguido, voy de vez en cuando. Peor ahora que llueve tanto, debido a que tengo recomendado no mojarme y, además, no tengo vehículo para trasladarme durante las noches.

¿A qué equipo le va?

Veo a cualquiera, aunque me fascina Municipal, pero tampoco soy fanático de remate. Lo que me gusta es ver cómo juega mi favorito y el adversario; no soy de aquellos que pelea por no ganar. Más veo los partidos por la televisión.

¿Cuántas veces se ha emocionado en el estadio?

Pocas veces, porque el estadio casi no se llena. Hace poco estuvieron diciendo que lo iban a remodelar para que tuviera mayor capacidad de recibir aficionados, pero creo que no es necesario, en otros países sí, porque se llenan.

¿Qué opina de la remodelación?

Pensándolo bien, nosotros nunca tenemos llenos completos en el futbol; se llena pero cuando lo utilizan los evangélicos o vienen artistas, pero por el futbol es difícil, quizá solo cuando juega la Selección.

Alguna vez ha tenido problemas para ingresar?

Antes tenía derecho a entrar a general en compañía de dos amigos o familiares, pero siempre íbamos preparados para pagar. Una vez le dijeron a un mi amigo que no podía ingresar y los aficionados empezaron a hacer bulla; en la fila venía el hijo de un cronista deportivo quetzalteco, quien al llegar se lo comentó a su papá, encendió la chispa (inicio de la polémica). A raíz de esto, me cambiaron el ingreso a palco.

¿Qué es lo que más le agradece a la vida?

Que Dios me tiene con salud todavía —aunque mi esposa ya falleció—, y le pido que me la siga dando para continuar ayudando a cualquier persona que me necesite .

 
   

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