La Leyenda vive
La vida del
personaje que
le dio nombre
al estadio
nacional,
transcurre en
el anonimato.
por: francisco mauricio martÍnez
fotos: carlos sebastiÁn

Asus 86 años,
su porte luce
impecable, su
conversación
es fluida y sus
chispazos de humor son
frecuentes. El único ejercicio
que hace en la actualidad
es “estar de arriba
para abajo”, en su casa,
la capital o en la ciudad de
Mixco haciendo sus mandados.
Los destartalados
autobuses urbanos constituyen
su principal forma
de traslado y, más de alguna
vez, ha escuchado en
el interior de ellos una
conversación donde se
hace alusión al estadio nacional
Mateo Flores, sin
que los “paisanos ” se percaten
de que al lado, sentado
o de pie, va el ganador
del Maratón de
Boston de 1952. “Lo único
que le pido a los santos
—tiene varios en su sala—
cuando salgo, es regresar
bien. Aunque algunas veces
me han sacado mis
centavitos ”, dice Doroteo
Guamuch Flores. A continuación,
una conversación
sostenida con el personaje
que le ha prestado
su nombre a, por lo menos,
a una calzada, una
escuela y el estadio nacional.
¿Qué se siente vivir
rodeado de trofeos,
medallas, diplomas...?
Bueno... una gran felicidad
de que Dios le haya
dado a uno la posibilidad
de alcanzar objetivos.
¿El atletismo fue su
única pasión?
Fue el segundo deporte
que practiqué, porque el
primero fue el futbol, el
cual jugué de los 7 a 18
años. Después tuve que
trabajar en el Country
Club y ahí aprendí a jugar golf, gracias que todos los
caddies jugábamos un
campeonato todos los
años.
¿Cómo ingresó allí?
Primero fui albañil y
cuando se terminó el trabajo,
me quedé en el campo
como caddie; cargaba
los palos de los jugadores,
veía el estado de la grama,
para determinar si estaba
para jugar lento o rápido y
otras cosas. En 1946, me
pasé a una empresa de
hilados y tejidos ubicada
en el Guarda Viejo (zona
8) y cuyo propietario era
don Fraterno Vila. Allí había
un equipo de atletismo
al cual me integré; en ese
entonces corría de aquí
(Cotió) donde vivía con
mis viejitos, hasta el Guarda.
La primera carrera que
gané fue la de Max Tott y
en segundo lugar ingresó
Agustín Martínez, quien
era el campeón capitalino
en ese entonces.
Don Fraterno me daba
permiso para entrenar, casi
siempre, de 11 a 2 ó 3 de
la tarde (ganaba como 25
centavos diarios) hasta
1957 que fue cuando corrí
por última vez (Max Tott)
debido a una lesión en la
rodilla. Dejé el camino para
los jóvenes, pero ya van
60 años y no veo que alguno
sobresalga.
¿Qué tal de salud?
Bien, de todas maneras
a esta edad uno ya no deja
de tener sus achaques, pero
gracias a Dios bien. Tuve
una época mala (1995),
mi piel se puso de mal
color y me llevaron al
IGSS, donde solo me dieron
una pastilla para tranquilizarme
y dijeron que
no podían atenderme porque
no estaba afiliado, por
lo que me trasladaron al
Hospital General. Esto lo
supo Teodoro (Palacios
Flores), quien se enojó y
platicó con las autoridades
de la Confede, quienes
me trasladaron al Hospital
Militar. Tenía un trastorno
en un pulmón.
¿Qué hace en la actualidad?
Sigo enrolado al deporte,
gracias a que el Banco
G&T Continental me invitó
a participar en un
proyecto de fomento y
promoción del atletismo
en el país. Inicialmente se
hacía en varias categorías,
pero ahora está enfocado
a la niñez entre 6 y 16 años
y se trabaja durante los
meses del ciclo escolar.
No es un trabajo diario de
oficina, sino que ellos me
llaman o yo pregunto
cuándo hay actividades.
¿Practica algún deporte?
No, ya no. Ahorita mi
vida es solo estar caminando y caminando; en mi
casa de un lado para otro o
si no agarro camino a la
capital. Mi vida es estar
ruleteando, nunca estoy
sentado un rato, siempre
estoy de arriba para abajo.
¿Utiliza automóvil o
autobús?
Muchas veces viajo en
camioneta. Hoy salí y estaba
parado en una acera
cuando de repente un camión
que reparte agua pura
dejó caer un tambo vacío
y me golpeó la rodilla...
imagínese si hubiera estado
lleno.
¿Lo reconocen en la
calle?
Algunas personas me
reconocen y saludan, sobre
todo los amigos. Lo
que sucede de manera frecuente
es que me llaman
Teodoro (Palacios Flores)
y a él le dicen Mateo. A
raíz de eso, cuando platicamos
me expresa “Mirá
vos, cuando me llaman
Mateo me hago el loco”, y
yo le respondo: hago lo
mismo, porque nunca me
detengo a explicarles que
nos están confundiendo.
¿Por qué Mateo y no
Doroteo?
Es una pregunta que
siempre se hace. Me parece
que nació de la imprecisión
de un cronista
deportivo, a quien, posiblemente,
por la emoción
del triunfo se le hizo más
fácil escribir Mateo Flores
en lugar de Doroteo Guamuch
Flores, que es más
largo en su estructura. Eso
sucedió desde el 19 de
abril de 1952 (fecha en que
ganó el maratón de Boston)
y hasta la fecha pocos
conocen mi verdadero
nombre, solo me dicen...
Mateo, Mateo y Mateo.
Y en su familia, ¿cómo
lo llaman?
Mateo. Únicamente
veo Doroteo Guamuch
Flores cuando tengo que
firmar un documento de
valor.
¿Qué siente que el estadio nacional y una
calzada lleven su nombre?
Satisfacción de saber
que hice algo por el deporte
del país y que me
recuerdan. Mi triunfo fue
algo soñado, porque nunca
se imaginaron que tres pelones
que fuimos a Boston
hiciéramos historia (Humberto
Velásquez (quien ingresó
en 3er. lugar) y Guillermo
Rojas, en el puesto
27).
¿Cuál fue su entrenamiento
previo al maratón
de Boston.
En esa época se podía
correr en la capital porque
no había mucho tráfico y
por aquí (Cotió) con mayor
razón, porque había
más espacio y se podía hacer
a cualquier hora, porque
no había zozobra de
que alguien saliera por ahí
y le quitara los zapatos.
Después de trabajar salía a
correr una hora y 15 minutos
o más y regresaba a
las seis o siete de la noche,
y si lo hacía durante la
mañana me levantaba a las
4 de la madrugada. Mi ruta
para entrenar, entre semana,
era de aquí a San Lucas,
en ese tiempo no estaba la
calzada Roosevelt. Cuando
disponía de tiempo para entrenar
corría de ida y vuelta
y tardaba como tres horas.
¿Cuántos kilómetros
recorría en su entreno?
Nunca medí por kilómetros,
solo por tiempo.
Los domingos me iba a San
Pedro Sacatepéquez, Villa
Nueva o Boca del Monte.
Ahora mucha gente sale
a correr, porque sabe que
es bueno para la salud, pero
no hay nada competitivo,
falta preparación.
Por el trabajo corren dos o
tres kilómetros a la semana
y los fines de semana
deben competir; no hay
tiempo para prepararse, es
solo para distraerse.
¿Creyó que iba a ser
célebre ?
Hubo una época en que
mi madre preguntaba por
mí y decía “¿dónde está tu
tata ? ” y mi padre respondía:
Entrenando, y ella
agregaba: ¡Siempre sacrificándose,
por no ver que
no le cumplen con lo que le
ofrecen”. A mi abuela yo le
decía: “El árbol no se cae
del primer hachazo”. El
que siempre me acompañaba
en las competencias
donde fueran era mi viejo.
Él se paraba a la orilla del
campo, los parques o detrás
de la malla para verme
entrenar o competir.
¿Qué tan seguido va
al estadio?
No tan seguido, voy de
vez en cuando. Peor ahora
que llueve tanto, debido a
que tengo recomendado
no mojarme y, además, no
tengo vehículo para trasladarme
durante las noches.
¿A qué equipo le va?
Veo a cualquiera, aunque
me fascina Municipal,
pero tampoco soy fanático
de remate. Lo que me gusta
es ver cómo juega mi favorito
y el adversario; no
soy de aquellos que pelea
por no ganar. Más veo los
partidos por la televisión.
¿Cuántas veces se ha
emocionado en el estadio?
Pocas veces, porque el
estadio casi no se llena.
Hace poco estuvieron
diciendo que lo iban a remodelar
para que tuviera
mayor capacidad de recibir
aficionados, pero creo que
no es necesario, en otros
países sí, porque se llenan.
¿Qué opina de la remodelación?
Pensándolo bien, nosotros
nunca tenemos llenos
completos en el futbol; se
llena pero cuando lo utilizan
los evangélicos o vienen
artistas, pero por el
futbol es difícil, quizá solo
cuando juega la Selección.
Alguna vez ha tenido
problemas para ingresar?
Antes tenía derecho a
entrar a general en compañía
de dos amigos o familiares,
pero siempre íbamos
preparados para pagar.
Una vez le dijeron a un
mi amigo que no podía
ingresar y los aficionados
empezaron a hacer bulla;
en la fila venía el hijo de un
cronista deportivo quetzalteco,
quien al llegar se
lo comentó a su papá, encendió
la chispa (inicio de
la polémica). A raíz de esto,
me cambiaron el ingreso
a palco.
¿Qué es lo que más le
agradece a la vida?
Que Dios me tiene con
salud todavía —aunque mi
esposa ya falleció—, y le
pido que me la siga dando
para continuar ayudando a
cualquier persona que me
necesite .

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