Semanario de Prensa Libre • No. 216 • 31 de agosto de 2008

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De Psicología

Emo, una moda triste
Los problemas familiares inducen a algunos jóvenes a asociarse a grupos con los que se identifican por su forma de vestir, pensar y actuar


Fotos: Julieta Sandoval
Ilustración: Ástrid Méndez

Visten de negro con un detalle rosa o rojo, a veces con dibujos infantiles; sus cabellos lisos y recortados asimétricamente cubren una parte de su rostro, y en su mayoría son delgados. estas características son las que, a simple vista, se observan. Se cree que es otro gusto más de esta tribu urbana, llamada así a quienes están unidos por rasgos, pensamientos, modas e intereses comunes, y forman una comunidad pequeña, pero con una identidad propia. Sin embargo, hay aspectos que pasan inadvertidos, pero que pueden causar daño a quien se integre a éstos.

Esta moda, tendencia o estilo es llamada emo, término que proviene del inglés emotional (e m o - cional), tiene su origen en los movimientos musicales h a rd co re y punk de los años 1980. A las canciones actuales les han agregado mensajes sentimentales, de tristeza y hasta con tendencia suicida, publica la BBC. “La tristeza parece disting uirlos”, indica Claudia Flores, psicóloga y catedrática de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ro d r i g o , emo de 15 años, dice que no solo es tristeza la característica de este grupo, ellos tienden a ser tranquilos e introvertidos. “Somos más sensibles”, agrega. El cabello, que les cubre una parte de la cara, es como una cortina que los separa del mundo, “desean pasar inadvertidos”, comenta Carlos Ortiz, psicólogo de la Liga de Higiene Mental.

El pesimismo que invade la vida de estos jóvenes, a veces, los lleva a causarse daño físico, como cortarse la piel de los brazos. “Piensan que todo es desilusión; que nadie los quiere”, agrega Ortiz. Según el psicólogo Carlos Figueroa, los cortes se los hacen cuando viven una situación importante, negativa o positiva, ya que es una manera de estimularse. El vestuario —donde predominan las prendas neg ras— es como de niño, además es estrecho, y no hace diferencia de género. “Algunos muchachos pueden inclinarse a cambiar de identidad sexual”, agrega Flores. En las parejas no se diferencia quién es el hombre y quién la mujer, pues visten de manera similar, deben ser del mismo grupo. Hay casos en los que un joven se convierte en emo porque su pareja lo es, y abandonan ese estilo al terminar la relación. Las edades de los integrantes oscilan entre los 12 años y los 19, aunque los psicólogos han tratado casos de niños de 9 años.

Forman grupos pequeños, por no ser muy sociables. Sus símbolos son las calaveras, corazones rotos y estrellas rosadas. Entre sus películas preferidas están las de Tim Burton: Hombres manos de t i j e ra y El cadáver de la n ov i a , por ejemplo. En un blog aparece una cita de Burton: “Si hubiera sabido que mis personajes causarían tal desastre, hubiera preferido ser relojero”. Aunque se cree que es una tendencia de la clase media a la alta, los psicólogos dicen que en sus pacientes no se ha diferenciado el estrato social.
Es más que una forma de vestir, los emo son grupos de adolescentes que se creen abandonados por sus padres y buscan llamar la atención desde su forma de ser callada y apesadumbrada.

Emocionales

A sus 15 años, Ana tiene un año de haber dejado a los emo, a los cuales perteneció por dos años. “Empecé a principios del 2005 hasta el 2007. La mayoría tenía problemas con sus papás, pero hay otros con cosas peores. Yo ingresé porque me gustaba la música de esa tendencia, en ese entonces estaba deprimida”, dice. Sobre la autoagresión, explica que se da porque se desea sentir otro dolor que no sea el emocional, además consideran no merecer nada bueno. “En el grupo conocí a un joven de 13 años, homosexual, que tuvo una relación con un hombre de 20 años que luego lo dejó; se sintió tan mal, que se cortó horriblemente los brazos.

Él usaba chumpa para que no se le nota ra ”. “No es que te digan que tienes que estar triste para estar en el grupo, es que uno se siente deprimido”, comenta. A pesar de su desesperanza, Rodrigo asegura que ellos no consumen drogas. Ana dejó de pertenecer a esa tribu cuando se hizo novia de un muchacho que le criticaba su forma de vestir. “Po co a poco me fui alejando de mis amigos; dejé de pintarme, vestirme y peinarme como lo hacen los emo”, agrega. Sin embargo, los emo no tienen solo problemas personales o familiares, también existen rivalidades con otras bandas, entre ellos los punk, quienes creen que les copian mucho de su estilo, mas no su f ilosofía, pues éstos lastiman para justif icarse, mientras los emo sufren para sentirse vivos. En México se han dado enfrentamientos en las calles entre las bandas. En Guatemala, las reuniones no han sido en gran número, como en el vecino país, pero han ocurrido ataques, asegura Ana.

Causas y ayuda

Al entrar en la etapa de la adolescencia, las personalidades cambian, los padres dejan de ser los ideales y se buscan otras formas de identificación. Los psicólogos coinciden en que pertenecer a un grupo como el emo es una forma de llamar la atención, aunque ésta es silenciosa, no deja de tener sus r i e s go s . El sentirse abandonados por sus progenitores o quien está a cargo de ellos, las rivalidades con los hermanos o un temperamento melancólico puede provocarles soledad. “Se da más en familias disfuncionales”, explica el psicólogo Figueroa.

Empiezan a desarrollar una autoestima baja, con tendencia a la depresión, ésta es una alteración de neurotransmisores en el cerebro. “Quienes la padecen buscan a personas con similares características, así se sienten identificados”, comenta la psiquiatra Carmen Aída Martínez. Según explica, una depresión no puede ser provocada; estos jóvenes ya son propensos a ella, y al estar en un ambiente negativo aumenta. La primera recomendación que dan los especialistas es que los padres deben aceptar que ellos son parte del problema; por lo que deben recibir terapia, y después incorporar a los hijos. Al niño no se le puede obligar a dejar de ser emo, se le haría más daño, pues es su grupo de pertenencia. Él debe comprender lo que le sucede y tomar una decisión.

   

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