Pueblos de barro
Mucho del legado de este país está modelado en arcilla.

por Julieta Sandoval
Fotos: Carlos Sebastián
Pascuala Tamat Buc tiene 58 años, y cada semana recorre casi cinco kilómetros desde su casa, en el casco urbano de Santa Apolonia, Chimaltenango, hasta Chuaparral II, un terreno municipal en las afueras del pueblo. Se abre paso entre el sembradío de maíz y maleza. Con azadón en mano, empieza a cavar hasta encontrar el objetivo de su andanza, el barro, material con el que fabrica jarras, comales, ollas o incensarios.
Tamat ha trabajado en eso desde que tiene 6 años de edad. “Mi mamá (Valeriana) me enseñó a hacer cosas, empecé con una ollita”, dice. Desde entonces, no ha dejado de hacer sus utensilios y, aunque su hijo desea que abandone el oficio, ella se niega, pues lo considera una herencia. Es un legado que viene de su progenitora, quien aprendió de su abuela, y ésta de sus antepasados.
La alfarería de Santa Apolonia tuvo su origen en el período prehispánico, de lo que conserva muchos patrones tradicionales, cuenta Aracely Esquivel, antropóloga investigadora del Centro de Estudios Folklóricos de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Cefol).
Los pueblos mesoamericanos, al descubrir que cierta tierra combinada con agua era dúctil y a la vez resistente, la usaron para elaborar un sinfín de artículos, en especial domésticos. “En el período preclásico (del 2000 a. C. al 300) su uso se afianzó y permitió un orden cultural y tecnológico, porque la frecuencia de su empleo exigió un mejor tratamiento para su durabilidad, logrando un avance en el desarrollo humano de la región”, explica el historiador Haroldo Rodas. Esa cerámica es un legado de la época prehispánica, la cual ha permitido conocer mucho de la civilización maya, que mayor parte de su historia la dejó en barro. Varias piezas se conservan en museos y en colecciones privadas.
El trabajo que Pascuala hace con el barro aún conserva principios de sus antepasados. Ella golpea el trozo de tierra hasta despedazarlo, le quita las piedras y luego lo amasa. Le da forma con sus manos, ayudada por instrumentos simples como un olote o una piedra para alisar la pieza; para hacer el cuello de las tinajas, emplea un pedazo de cuero o trapo. Seca y quema el artículo al aire libre, con xicay (leña delgada). Asegura que el humo ayuda a que los utensilios sean más resistentes.
Según un estudio elaborado por Esquivel, llamado Ocaso de la alfarería en Santa Apolonia, Chimaltenango, esta tradición está en camino de extinguirse, pues solo dos mujeres la conservan; Pascuala y Basilia Tamat. En la investigación se señala que el barro de este lugar no es de buena calidad, es frágil, por lo que las piezas deben ser de mayor grosor, lo que ocasiona una baja remuneración para el trabajo de estas mujeres. Para fabricar una pieza se utilizan tres clases de arcilla, el de la región, que es café, con la cual se hace el cuerpo. Una roja para la decoración, y otra blanca, aplicado en el interior para cerrar los poros. Estas últimas son compradas en la aldea Chichabac de Santa Apolonia y en el municipio de San Lucas Sacatepéquez, respectivamente.
Tierra fina
Luis Chiquín, coordinador de la carrera de Geología del Centro Universitario del Norte, de la Universidad de San Carlos, refiere que el nombre técnico del que se conoce comúnmente como barro es arcilla. Significa tierra finamente dividida, constituida por agregados de silicatos de aluminio hidratado. Procede de la descomposición de minerales de aluminio; blanca cuando es pura y con coloraciones diversas, según las impurezas que contenga. Son granos menores a 0.0039 milímetros, que al agregarle agua se vuelve plástica y moldeable.
Guatemala tiene una gran variedad de arcillas, menciona el profesional. Sin embargo, se necesita explorar para ubicar los yacimientos y hacer pruebas de laboratorio, para determinar la calidad de las mismas y su mejor uso, cantidad o volumen.
Algunos ejemplos de la localización y el tipo de este material que se encuentran en el país son: arcillas rojas o comunes, que tienen aplicación en la cerámica industrial (pisos, revestimientos y cerámica estructural) y alfarería; se encuentran en San Antonio La Paz, El Progreso; Salamá, Rabinal, Baja Verapaz; Totonicapán; Jalapa; Chimaltenango; Mixco y Guatemala.
Usos
El barro llamado arcilla gris —debido al alto contenido de materia orgánica—, se emplea en la fabricación del soporte o del engobe de los pisos cerámicos, así como en lozas y porcelanas; se localizan en Purulhá, Baja Verapaz. Arcillas especiales como bentonitas son utilizadas en la industria de los absorbentes y el petróleo; se hallan en San José La Arada, Chiquimula; y las caoliníticas, para la elaboración de sanitarios y lavamanos que se consiguen en Moyuta, Jutiapa.
La arcilla, en una mínima parte, es usada para la fabricación de papel, caucho, pinturas, absorbentes, decolorantes y productos farmacéuticos y agrícolas; eso dependerá de los componentes que tenga. En una mayor proporción, sirve para materiales de construcción, como teja, adobe o ladrillo.
Para construcción
A pocos kilómetros de Santa Apolonia está El Tejar, lugar característico en la elaboración y venta de ladrillo y teja; de este último deriva su nombre, debido a que es toda una industria en donde se involucran muchos hombres, a diferencia de la artesanía, que es casi exclusiva de las mujeres.
En una de las fábricas, cercana a la carretera Interamericana, labora Margarito Patzán, de 54 años de edad, de los cuales, 42 ha pasado fabricando tejas. Saca 200 piezas al día, por cada una le pagan cinco centavos. Su jornada es de 5 a 18 horas. Con gran destreza, coloca en el mostrador un poco de barro, que ha sido amasado por los pies de niños, y le da forma; acomoda la mezcla en un molde y deposita en el suelo solo el barro, para que seque.
A unos metros está Carlos Enrique, un muchacho de 12 años, quien es el encargado en ese momento de producir los ladrillos, ayudado por un molde con cuatro orificios que tiene que rellenar. Según Margarito, la diferencia que existe entre el ladrillo y el adobe es que en este último el barro es más ordinario, por lo que se debe mezclar con pino o paja. “Éstos casi no se hacen, son pocos los que construyen con él”, explica.
Esquivel comenta que algunos lugares en donde antes abundaba el barro, hoy ha desaparecido; un ejemplo es Mixco. El profesional Luis Chiquín expone que la arcilla puede llegar a terminarse con el pasar de los años pues es un material de condiciones geológicas. Al preguntarle a Julio César Equité, quien extrae el barro en El Tejar para la construcción, comenta: “Aquí, aún hay suficiente”. Por un camión pagan Q155, ya que es un terreno privado; allí, hay barro y loza, ésta la sacan cuando tienen pedidos de Antigua Guatemala, sirve para ciertas artesanías, como mariposas.
Otro sitio típico en la producción de objetos de barro es San Cristóbal Totonicapán, Totonicapán. Encarnación Alvarado, síndico primero de este municipio, cuenta que quienes se dedican a hacer artículos de arcilla son en su mayoría personas de 40 ó 50 años. “Los jóvenes ya no gustan de este arte, por lo que podría perderse con el tiempo”, agrega. Una tradición del lugar es que los utensilios de cocina de una recién casada sean de barro, fabricados en el lugar.
Aquí, la diferencia es que se utiliza horno para quemar las piezas y, en muchos casos, el torno y el plomo. Éste se echa para que tenga durabilidad y resistencia, además le da mayor brillo, prácticas que fueron introducidas por los españoles. Rodas explica que los conquistadores trajeron técnicas del recubrimiento con óxido, heredadas de los árabes. Con el torno, obtenían mejores formas cilíndricas. Legado de esto son las cerámicas de Antigua Guatemala, Totonicapán o Rabinal.
Al hablar sobre el trabajo con barro, no se puede pasar por alto Chinautla, en donde se producen muchos de los objetos que se venden en la capital, por su cercanía, a 15 kilómetros de distancia. En la Vieja Chinautla, en la mayoría de viviendas hay una artesana, pues también son mujeres, en su mayoría, quienes se dedican a este oficio. Ellas combinan las labores hogareñas con la alfarería. María Ofelia Cajero tiene piezas de barro en el patio de su casa, las moldea con sus manos. Hace jarrones que son parte de un pedido. El barro lo consigue cerca del río, en propiedades privadas, el cual revuelve con arena blanca para que al hornearlo no se quiebre. “Es una forma que hemos aprendido de generación en generación”, afirma.
Aunque en el país el mayor uso que se le da al barro es para fabricar objetos, también tiene componentes curativos. Alejandra Elías, terapeuta, comenta que se utiliza como procedimiento térmico, por el calor o frío que guarda; el primero actúa en la circulación, mientras que de la segunda forma es para contraer el músculo, y así aliviar problemas musculares o articulares.
Además, se emplea en tratamientos estéticos, por ejemplo, para la reducción de medidas; elimina la grasa por su acción linfática. También para el mejoramiento de la piel, ya que elimina las células muertas y deja una nueva generación; da juventud. Según Elías, una de las mejores arcillas para estos tratamientos es la de Chinautla, pero para lo estético es común usar materia procesada, compuesta con otros ingredientes.
Guatemala, por tradición, ha tenido hombres de barro, por su trabajo con la tierra, quizá lo que ellos hacen hoy será historia mañana.
- La Biblia, en el Génesis, dice que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. Tomó un poco de barro y lo hizo. Dio en su nariz soplo de vida; y fue el hombre alma viviente. Dios le puso Adán, que significa: hecho de la tierra”.
- Las primeras noticias de la aparición de la cerámica datan del período neolítico, del 8000 al 5000 años antes de Cristo. Era algo muy rudimentario. Su decoración consistía en las huellas de los dedos impresas durante su fabricación.
- La cerámica de los mayas tiene variedad de dibujos, como sus vasos policromados y pintados con escenas. El arte escultórico de esta civilización comenzó con figuritas modeladas de forma manual que representaban cuerpos de hombres y mujeres desnudos o con taparrabos. Después del barro, es probable que se dedicaran a la escultura en madera.
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