Semanario de Prensa Libre • No. 232 • 14 de Diciembre de 2008

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D recomendación

Fotografía
Cuentos de Gloria Hernández


Gloria Hernández habla en este libro de seres que, en algún momento de su vida, lo pierden todo: el amor, el trabajo, las llaves, las ilusiones, la vergüenza, el tiempo, los anteojos... seres constantemente enfrentados a ese sentimiento de irrealidad que se desprende de lo cotidiano y que empuja a ver aquellas cosas apenas perceptibles que se esconden detrás de la banalidad de la vida corriente.
Cada uno de los relatos que forman el libro es un universo en sí mismo, cargado de enigmas y de laberintos que nos conducen a nuestras propias pérdidas y a nuestros desmoronamientos internos. Hay mucha soledad en este libro, pero también mucha apuesta por la vida y por aquellos sentimientos que, al final, redimen a los seres humanos: el amor, la solidaridad, la esperanza.
En cada uno de estos relatos, también Hernández adquiere una madurez como narradora, un oficio que ha venido conquistando, con singular empeño, desde su primer libro publicado, Sin señal de perdón.
Ir perdiendo nos atrapa desde la primera línea, y al final, nos deja ese grato sabor de habernos enfrentado a la buena literatura (texto de solapa).

Ir perdiendo. Gloria
Hernández. Colección
Conseja, Magna Terra
Editores. 134 páginas.


PRESTO NON TROPPO
Es que... es nacional

Por Paulo Alvarado

Julio Hernández ha venido a figurar como el cineasta guatemalteco de la hora actual. Dada la cobertura que ha recibido la producción de su película Gasolina desde hace año y medio, una apología de sus méritos ya es innecesaria. Ciertamente, no es uno más de los que se creen realizadores cinematográficos cuando apenas han editado un par de cortometrajes en una computadora doméstica. Hablamos de un ganador de premios en el Festival de San Sebastián y en el Ícaro, entre otros reconocimientos.
Además, Julio no sólo ha conseguido expresarse con calidad, en un idioma estético contemporáneo, sino que ha sabido reflejar con agudeza algunas de las facetas de una Guatemala que tantos mojigatos se empeñan en esconder y negar, amparados en mitologías y fachadas de conveniencia, pero que es perfectamente real. Bastaría con que sus espantadizos críticos se apercibieran de la manera en que se comunican sus propios hijos con sus compañeros, por ejemplo, para que se dieran cuenta cuán cerca se halla esta cinta de la realidad “nacional”.
Por eso es que resulta inaceptable que ésta (o cualquier otra película) se vea tan mal exhibida en ciertas salas de cine de esta ciudad. Como el otro día, que pagué mi entrada, me acomodé en mi asiento y soporté un par de videos de José José y el Puma, con mal sonido y pésima imagen. Finalmente, la película. Pero el sonido y la imagen seguían igual de malos. Pedí hablar con la gerencia del cine.
“Ya otras personas se han quejado, pero es que... es película nacional”, me responden. No lo puedo creer. Es evidente que se trata de un problema técnico de la sala, no de la película. Es evidente también, que les importa un comino el prestigio de su circuito de cines. Mientras haya espectadores y se vendan poporopos, oirán las quejas como oír llover. No les merecen respeto ni la producción nacional, ni el público, ni su propia conciencia. ¿Dónde están los encargados de “Espectáculos Públicos” para garantizar la calidad de las proyecciones, no sólo para censurar lo que no entienden?
Ánimo, Julio, tu propuesta es de gran nivel.

presto_non_troppo@yahoo.com



   

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