Semanario de Prensa Libre • No. 233 • 21 de Diciembre de 2008

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D ayuda

Un poco de amor voluntario
Ellas pretenden beneficiar al necesitado por medio de un trabajo constante y desinteresado; su única remuneración es mejorar la situación del otro.

por Julieta Sandoval
Fotos: carlos SebastiÁn

Una sonrisa, un abrazo, una palabra amable y, sobre todo, tiempo para compartir con aquellos que se encuentran en un nosocomio. Ellas se han alistado de forma voluntaria para combatir la soledad y necesidad de los pacientes de los dos principales hospitales públicos, Roosevelt y San Juan de Dios.

De lunes a viernes, de 8 a 12 horas, se observan por los pasillos y salas, a grupos de mujeres con gabachas amarillas, que identifica a las voluntarias, ofrecer un refresco, una galleta o algún accesorio que le haga falta a quienes están en tratamiento médico, en su mayoría de bajos recursos económicos. Dividen sus labores para poder atender a los ocupantes de las unidades de pediatría, maternidad y adultos.
Su misión es mejorar la situación del otro, por eso hacen malabares para conseguir ropa, frazadas o artículos que venderán en el bazar anual. Tocan puertas con el fin de conseguir donaciones y así agenciarse de fondos. Un caso, de los miles que atienden, es el de un joven de 22 años, quien necesita oxígeno para vivir. “Le encontramos padrinos para que costeen el tratamiento, y un precio especial del oxígeno en la fábrica, pero sólo hasta febrero del próximo año, después volveremos a buscar ayuda”, cuentan Karin de Feucht y Claudia de Arriaza, quienes son parte de la directiva de Damas Voluntarias del Hospital General San Juan de Dios.

“Siempre tratamos de captar donativos para los pacientes”, asegura Alice de Vargas, presidenta de la Asociación de Damas Voluntarias Pro Asistencia Hospitalaria (Advah). Cuando reciben una ayuda considerable la reparten entre los dos centros asistenciales. Su trabajo se duplica en los últimos meses del año, preparan festejos y regalos de Navidad para los enfermos, hacen que Santa Claus no se olvide de visitarlos. “Les damos un momento de alegría, en su congoja”, agrega. Además, son las encargadas de proporcionar la decoración de la época, pues los centros asistenciales no tienen recursos para eso.

Pero ¿qué hace a estas damas donar parte de su tiempo a desconocidos? Sin dudar, contestan que tratan de entregar un poco de las muchas bendiciones recibidas de Dios. “A pocos les agrada venir, ya que es un sitio deprimente, pero aquí se aprende que otros tienen más necesidades que uno”, aseguran.
Tienen miles de historias por contar, como las de aquellos internos procedentes de lugares lejanos que no reciben visitas. “Aquí estamos para saludarlos y platicarles”, comenta De Vargas. Hay episodios, observados con frecuencia, con los que están familiarizadas, pero no por eso les dejan de afectar emocionalmente, como los ancianos olvidados por sus familias y la sociedad. Mucha ayuda material y personal se dirige hacia los infantes, relegando a los de la tercera edad. “Nosotras les damos un poquito de atención y cariño, con un buenos días o un cómo se siente”, refiere Claudia de Arriaza.

Tres décadas de ayuda

El voluntariado de estas damas empezó hace 32 años, cuando Hellen de Castellanos, enfermera graduada, atendió el llamado para colaborar en el Hospital Roosevelt por la tragedia que se vivía a consecuencia del terremoto de 1976. “El personal no se daba a basto para tanta emergencia”, recuerda De Castellanos, iniciadora de Advah.

Ella habló con sus amigas para que se involucraran, y así comenzó el trabajo. Al pasar la urgencia, las autoridades del nosocomio les permitieron quedarse, donde aún permanecen. En 1984 llegaron al Hospital General San Juan de Dios.
Durante estos años han surgido proyectos para beneficiar al necesitado. Un ejemplo es Ayúdame a vivir, para niños de escasos recursos con cáncer. “Empezamos con ocho pequeños, pero creció tanto esa obra que la entregamos a otra directiva hace, aproximadamente, siete años”, explica Hellen de Castellanos.
Las voluntarias cada día llegan con una sonrisa para animar a los dolientes; sin esperar nada a cambio, dan mucho a los demás.

  • En la actualidad, son 80 voluntarias. Dicen que esperan que se les unan jóvenes para “inyectar nueva sangre en el trabajo”.
  • Para ser parte de la Asociación de Damas Voluntarias Pro Asistencia Hospitalaria (Advah) se debe tener recomendación de alguna de las socias, además, llenar un formulario y poseer muchos deseos de ayudar.
  • Algunos de los servicios que brindan: refrigerios diarios a los pacientes de los dos hospitales nacionales más grandes de la ciudad. Cuentan con un programa nutricional para proporcionar leche y alimentos a niños desnutridos y a aquellos con madres infectadas con VIH.
  • Instalaron una lavandería para pediatría en los dos nosocomios.
  • Cada día, por las oficinas de Advah desfilan decenas de personas en busca de ayuda monetaria para comprar medicina o efectuarse algún examen médico, quienes son referidos por las trabajadoras sociales.
  • Teléfonos de Advah en: Hospital Roosevelt, 2475-3555; Hospital General San Juan de Dios, 2230-1662.



   

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