Semanario de Prensa Libre • No. 233 • 21 de Diciembre de 2008

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En tercera persona

“En cada retrato pongo toda mi vida”
Este pintor sigue las huellas del maestro Pitas.

Imagen

En el antigüedad, solo los reyes y sus allegados podían darse el lujo de ser retratados por los artistas. Tal privilegio llegó a las calles desde hace muchos siglos. Hoy, cualquier persona puede llevarse a casa un recuerdo memorable.
En el Portal del Comercio, en el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, Julio Lohengrin
Flores Suárez (1965) hace retratos a lápiz.
Se demora unos 25 minutos en hacer cada uno. Para él, no es solamente asunto de tener la técnica, sino de “meter su vida” en cada retrato.
Los sábados y domingos se instala en ese lugar, a partir de las 14 horas. Entre semana, este profesor de artes plásticas imparte clases en el Instituto Roberto Villeda Santis.
Hay jornadas en las que no le piden ni un solo retrato, pero, hay tardes en las que le solicitan tres o cuatro; sin embargo, no se desespera, porque asegura que siente verdadero amor por lo que hace. “La vez que más retratos he hecho fue un domingo en el que hice seis, ese día no sé qué pasó”, ríe.
Lohengrin se llama así porque su padre era músico de la Banda Marcial y tenía preferencia por la interpretación de Richard Wagner. Es el nombre de un héroe alemán al que el compositor hizo famoso en una de sus óperas, además, hay una marcha nupcial famosa que se titula así, y que, dice el pintor: “espero que algún día me la canten”.
Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Fue alumno de uno de los más grandes retratistas de Guatemala, el maestro Ernesto Boesche. Aunque asegura que “el aprendizaje más duro es en la calle”.
Además de retratos, dibuja paisajes, animales o dibujos animados. Tiene buena base académica, pero, además, durante muchos años fue admirador de uno de los más famosos retratistas que ha tenido el Centro Histórico, el maestro Francisco Cifuentes (1932-2000), conocido entre los pintores del país por su sobrenombre Pitas, quien retrató a paseantes, presidentes, lustradores y a miles de personas durante más de 50 años, hasta su muerte.
Lohengrin, rodeado de los más famosos monumentos del Centro Histórico, el Palacio Nacional de la Cultura, la Catedral Metropolitana y la Concha Acústica, toma sus lápices y da vida a las imágenes de quienes solicitan sus servicios. También lo hace a domicilio. Él sabe que esta es una manera de inmortalizar a las personas, pues pueden tener un retrato de por vida, por Q50. Es más, quién sabe, todo parece indicar que el Centro Histórico asiste al nacimiento de quien sucederá en el trono, por los próximos 50 años, al maestro Pitas.

Julio Lohengrin Flores Suárez
lohengrin1965@hotmail.com

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