El ombligo de la tierra y el cielo
Rabinal resurge de sus cenizas, después de haber sido una de las zonas más golpeadas durante el conflicto armado.

texto y fotos: ana martínez de zárate
Todo viaje implica elecciones. Escoger entre lo que se verá y visitará, y lo que se relegará para futuras oportunidades. Por eso, a veces, es recomendable pedir consejo, sobre todo si se quiere disfrutar de la arqueología, pues existen más de 64 hallazgos, como en el caso de Rabinal. De ser esa la causa, conviene acercarse a la municipalidad y hablar con expertos, como Santos Calo, inspector de mantenimientos prehispánicos y coloniales, quien recomienda los cerros Kaj’yup y El Tablón. Dos impresionantes restos de una cultura ancestral, desde donde se puede observar el pueblo de Rabinal, un valle, rodeado de montañas, que con las nubes y desde las alturas da la impresión de ser un lago. Cuentan sus habitantes que los españoles, en tiempos de la Conquista, y el Ejército, durante el conflicto interno, tuvieron esa percepción.
Pakaqjaa
Sin embargo, en el camino hacia El Tablón, nos encontramos con una señal de otro terreno arqueológico: Pakaqjaa. Decidimos improvisar, parquear el vehículo en la Escuela de La Ceiba, y recorrer la aldea en busca de esos cuatro montículos, usados como altares, alrededor de la que alguna vez fue plaza central, por el Período Preclásico, que comprende del 2000 a.C. al 250 d.C. En el paseo, que dura unos 40 minutos, observamos la riqueza de esa tierra y sus coloridos contrastes. Una vez en los restos, sorprende que todavía haya pedazos de utensilios de cocina.
El Tablón
Continuamos nuestra ruta original y marchamos en dirección hacia El Tablón. Para llegar allí es necesario atravesar algunas propiedades privadas, por lo que se debe pedir permiso a sus dueños, y esquivar varios perros que impiden el paso. Tras superar todos los obstáculos, más 30 minutos de subida, se llega adonde está lo que queda de la edificación del Período Posclásico (900—1525 d.C.).
Kaj’yup
Sin duda, las más bonitas e impresionantes ruinas posclásicas están en este cerro, que significa, traducido del achí, “la casa cerca del cielo”, explica Wilfredo Ivoy, concejal de la municipalidad. Allí “vivían nuestros antepasados”, pues fueron los españoles los que los obligaron a vivir en el valle, donde hoy está ubicado el pueblo. Según Ivoy, esta zona es considerada “el ombligo de la tierra y el cielo”, por esa razón es que llega allí mucha gente de otros departamentos, pues es un “epicentro de energía”, añade. Según una leyenda, este cerro está comunicado con la iglesia colonial del pueblo, mediante un misterioso túnel que se abre solo a mediodía.
Cultivos
Rabinal es famosa por su tierra fértil, donde crece casi todo tipo de cultivos. Muy conocidas son sus naranjas y frutas tropicales. Sin embargo, como señala Abelardo Cojom Morales, supervisor agrícola de la municipalidad, “está desapareciendo su producción, debido a que la gente no cuida los cultivos de forma adecuada y, por ejemplo, no hay cultura de podar los árboles”.
Historia
Para finalizar, hay que recordar su triste pasado, ya que fue una de las zonas más castigadas por el conflicto interno. Por lo que es conveniente visitar su museo comunitario, con sus dos salas: una cultural, en la que se recogen sus costumbres y hallazgos arqueológicos, y la otra histórica, en la que se rememoran las masacres que se cometieron, con fotografías de sus víctimas. Pese al tiempo transcurrido, “la gente que vivió esa época, todavía padece consecuencias psicológicas”, reconoce Cojom. Es ahora cuando el pueblo ha empezado a resurgir, y a recuperarse de la pobreza en la que lo hundió el conflicto.

En breve
- Fue fundada en 1537 por Fray Bartolomé de las Casas y Fray Pedro Angulo.
- Su extensión territorial es de 504 kilómetros cuadrados.
- Su población total asciende a 31 mil 168 personas, según el último censo del 2002.
- Tiene un clima cálido. La temperatura media es de 20 grados centígrados, y la humedad relativa media, del 60 por ciento.
- Sus idiomas son el achí y el español.
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