Café bajo un manto verde
La implementación de bosques, por medio del sistema agroforestal,
es un programa que mejora el entorno natural.
por julieta sandoval
Fotos: Carlos Sebastián
Bajo miles de copas de variados árboles se encuentran las plantaciones de café. Éstos forman una zona boscosa de unas 270 mil hectáreas, que representa el 6.4 por ciento del bosque nacional. “Es un cultivo noble que puede coexistir dentro del sistema forestal”, explica Federico José Fahsen, presidente de la Asociación de Reservas Naturales Privadas de Guatemala (Arnpg).
El café cultivado bajo sombra es un sistema característico de los países centroamericanos, a diferencia de la tendencia mundial, que es directa al sol, método que permite mayor productividad pero con menos calidad. En Etiopía, de donde fue traída la planta por los jesuitas a mediados de 1700, el cafetal vivía en bosques, y por eso fue adoptada esa práctica, ya que la sombra protege al grano y a la hoja, al evitar una excesiva radiación solar y mantiene la humedad, refiere Rosa María Aguilar, ingeniera forestal de la Asociación Nacional del Café (Anacafé).
Esos sistemas de cultivo han hecho que, después de dos siglos, los extensos bosques en las fincas cafetaleras se mantengan conservados y los suelos estén nutridos de forma continua. Un ejemplo son los árboles de inga, una de las especies más utilizadas para dar sombra. Cuando botan sus hojas, crean una densa capa que inyecta nitrógeno al suelo. A esta fertilización natural se le atribuye más del 30 por ciento del requerimiento de nitrógeno de las plantas de café, según El Libro Verde, de Anacafé.
Mario Díaz, director de biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), explica que la abundancia de estos árboles evita la erosión del agua, pues no permite que caiga de forma directa al suelo, eso impide deslaves; el agua es retenida al infiltrarse en las raíces. El clima se regula, porque los bosques manejan sombra y viento. Además, los árboles están en constante crecimiento al ser podados, eso hace que atrapen los gases contaminantes y reduzcan el calentamiento global.
Corredor biológico
Cuando se empezó a sembrar café, fueron escogidas tierras cercanas a los ríos para facilitar el proceso. Según el libro Historia del Café en Guatemala, de Regina Wagner, éste es un cultivo de planicies y quebradas, a diferentes alturas, pero el mejor crece en suelo de origen volcánico, entre los mil y mil 500 metros sobre el nivel del mar.
Las zonas formadas por bosques de café —árboles de sombra y cafetal— han creado una extensión con bastante biodiversidad, solo inferior a los bosques inalterados. Anacafé y el MARN firmaron un convenio para resguardar el corredor biológico del café, en la región volcánica. “Se aprovecha lo agroforestal, que es una combinación de plantación con bosque”, explica Díaz.
En el lugar se han constituido variados ecosistemas. El Libro Verde indica que la abundante capa de hojas y maleza alberga a distintos insectos, entre éstos, hasta 30 especies de hormigas. Atrae a mariposas, murciélagos, aves, anfibios y reptiles, estableciendo un importante hábitat. Gusanos, saltamontes de patas largas, escarabajos y babosas son otras especies que viven en las fincas cafetaleras, que en vez de molestar, actúan como depredadores de las pestes del cultivo. Reciclan el material biológico, crean la capa superficial del suelo y sirven de alimento a aves y murciélagos.
Existe diversidad de epifitas, como orquídeas y bromelias, musgos, helechos y líquenes. Muchos árboles ingas, que representan el 47 por ciento de la sombra del café, proporcionan albergue, frutas y flores de temporada. Son más de 15 especies, las más comunes, cushin, caspirol y paterna.
Protector de agua
Los bosques cafetaleros contribuyen de forma significativa a la conservación de los recursos hídricos. Suministran unos tres billones de metros cúbicos de agua cada año al ciclo hidrológico. Limpian el líquido y lo vuelven apto para el consumo en las comunidades cercanas.
Las extensiones de árboles quedaron estratégicamente situadas sobre las sierras montañosas, en las principales áreas de recarga hídrica, así protegen las cuencas. “Muchas vertientes del Pacífico están preservadas por el cultivo del café, al evitar la erosión, lo que no sucede con el maíz”, comenta Díaz. En esta zona hay ríos cortos con bastante fuerza que hacen funcionar pequeñas hidroeléctricas, usadas en los beneficios de café. La capacidad hidroeléctrica de la región cafetalera podría contribuir con más de 550 megavatios al sistema nacional de energía.
La conservación en tierras privadas, a las que se les está uniendo las comunitarias, es voluntaria. “Muchas fincas, por las particularidades del terreno, aún tienen bosques originales protegidos por lo agroforestal”, expresa Fahsen. Conciencia y educación han hecho que un mayor número de agricultores designen parte de sus propiedades como reservas naturales privadas.
En estas zonas se asegura la supervivencia de diversas especies, lo que las convierte en refugios importantes para la vida de muchas criaturas. José
Fahsen expone que los hábitats formados en los bosques de café, más que ofrecer una forma de vida, la crean, por lo que los beneficios de los cultivos van más allá de granos para hacer una taza de esta bebida.
- El 98 por ciento del café guatemalteco es cultivado bajo sombra.
- Los árboles de sombra trabajan en la moderación de la intensidad y calidad de la luz solar. La filtración de ésta regula la respiración de la planta y la fotosíntesis (absorción de dióxido de carborno y expulsión de oxígeno).
- Permiten la maduración lenta de los granos de café, que contribuye en los atributos de cuerpo y acidez.
- En época lluviosa, los árboles estancan la lluvia y liberan el agua lentamente.
- Las especies más comunes de sombra son inga (47%), gravilea (22%), guachipilín (3%), madrecacao (3%),
cuernavaca (2%), pito o poró (2%), otros (21%).
Fuente: El Libro Verde, de Anacafé.
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